Mostrando entradas con la etiqueta Mil Hijos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mil Hijos. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de octubre de 2014

Guerra en color: Aniquiladores de los Mil Hijos



La semana pasada publiqué el Codex: Mil Hijos para 40K Revolution. Hace ya unos meses que había preparado esta escuadra a partir de mi caja de restos y de unas cabezas de marines-rúbrica clonadas, y ya sólo quedaba pintarla. Tengo un poco de prisa hoy, así que os dejo la foto. ¿Qué os parecen?


lunes, 22 de septiembre de 2014

40K Revolution: Codex Mil Hijos



¡Lo prometido es deuda! Ragnor y yo hemos retomado el proyecto de 40K Revolution tras un verano muy ajetreado. Y ha llegado la hora del Caos.

Ahzek Ahriman, el Hijo Pródigo, Bibliotecario Jefe de los
Mil Hijos y Magister Templi Corvidae


Cuando nos pusimos con las fuerzas del Caos, pensamos que realmente hay mucha diferencia en el modo de luchar de unas Legiones u otras. Aunque hay algunos elementos comunes, no nos gustaba la idea de los Marines del Caos como un ejército-pastiche en el que los Devoradores de Mundos, los Amos de la Noche y los Corsarios Rojos se juntaban para ir de fiesta (fiesta del Caos, claro, con sangre y sacrificios y demonios por todos lados, todos sacando la lengua y con cuernos). Y, aunque iba a llevar mucho trabajo, decidimos que cada una de las Legiones Traidoras merecía un Codex que reflejase la particular idiosincrasia de esa Legión. Por supuesto, los Renegados tendrían su propio Codex, ya que su armamento y opciones difieren muchísimo del de las Legiones Traidoras de 10.000 años antes. Y los Demonios, por supuesto. Los Demonios, y el Culto al Caos tendrían su propio Codex.

Hathor Maat, Magister Templi Pavoni


Y este va a ser el primero, el Codex dedicado a los Mil Hijos. ¿Que por qué este es el primero? Bueno, en primer lugar, porque tengo un ejército de Mil Hijos que nos viene muy bien para el playtesting, y en segundo lugar, porque lo terminé antes xD Probablemente en una semana os presente un nuevo Codex, dedicado a los Hijos del Emperador.

¿Y qué hemos hecho con los Mil Hijos? En primer lugar, hemos planteado que lo que queda de la Legión hace uso de los servicios de Fabius Bilis para crear nuevos marines (la semilla genética de los Mil Hijos se conserva en los hechiceros). Estos marines (neófitos) tienen, por supuesto, el clásico problema de los Mil Hijos de las mutaciones descontroladas, lo que nos permitió abrir la puerta a un tipo de tropa que los Mil Hijos utilizarán extensamente: los poseídos.

Indra Malkhor, Oráculo del Cambio


Hemos creado algunas unidades nuevas, como los Cazadores Disformes (marines sobre aulladores), que recuerdan a una versión demoníaca de los discos gravíticos que utilizaban los Mil Hijos en la Herejía, o los Manípulos de catafractos de combate controlados psíquicamente (como los que maneja Khalophis en la novela de los Mil Hijos). También hemos creado el Dreadnought Liche: un hechicero internado en un sarcófago repleto de crisales de resonancia psíquica que le permiten seguir usando sus poderes psíquicos desde el interior de su cuerpo mecánico.

Hermano-Capitán Karslen, el Condenado


Y también hemos incluido cinco nuevos personajes especiales (aparte de Ahriman), cuatro de ellos sacados de la historia de la Legión, y uno de ellos completamente nuevo (idea de Ragnor). Tres de ellos estaban en la foto de la entrada de ayer. Los tenéis con sus nombres en las fotos que acompañan a esta entrada.

Sin más, os dejo con el Codex de los Mil Hijos para que lo descarguéis de Mediafire. ¡Disfrutadlo!

DESCARGAR CODEX MIL HIJOS


lunes, 8 de septiembre de 2014

Avance 40K Revolution: Karslen de los Mil Hijos



Hace meses que no publico nada de 40K Revolution, y es que mi periodo laboral veraniego y las diversas obligaciones de mi amigo Ragnor no nos han permitido seguir al ritmo que hubiésemos deseado.  Sin embargo, no hemos estado parados, y hemos trabajado algo en los Codex de dos legiones del Caos y en el de los Eldar. Como aún no tenemos ninguno de los tres listos, quería ofreceros algo de "carnaza", y he decidido traeros un personaje especial: el Hermano-Capitán Karslen de los Mil Hijos, personaje creado por Bill King, y viejo conocido de los relatos e informes de batalla de la primera y segunda edición de 40K (¡y de Epic!). Aquí podéis ver una muestra de esos relatos: Batalla en Kadavah y Comunión de Odio. Las imágenes de la miniatura que acompañan a la entrada son mi propia versión de Karslen, a partir de las descripciones de los relatos. En cuanto a la historia, la única forma de conciliar el trasfondo de Karslen (todo muy viejo) con la novela de la Herejía de los Mil Hijos es asumir que Karslen ascendió a Capitán tras la batalla de Prospero, y ya llegó con ese rango a la Batalla de Terra.



Y aquí os dejo con las reglas de este hereje, blasfemo y traidor, de este alma descarriada, condenada por los Poderes Ruinosos a existir mientras dure la Guerra Eterna.


HERMANO-CAPITÁN KARSLEN DE LOS MIL HIJOS




M
HA
HP
F
R
H
I
A
L
Karslen
4
7
7
5
5
3
6
4
10

Coste: 205 puntos

Tipo de tropa: Infantería.

Armas y equipo: Marca de Tzeentch, Armadura del Caos, Combi bólter-bólter con Proyectiles Infernales, Granadas de fragmentación, Granadas perforantes, Bombas de fusión, Reliquia de Tzeentch.

Recompensas: Distorsión del Caos, Tentáculos de metal

Estrategia: Karslen posee un factor de Estrategia de 5 y un Factor de Agresión de 5.

Psíquico: Karslen es un psíquico de nivel de maestría 4. Conoce los poderes Fuego Rosa de Tzeentch, Fuego azul de Tzeentch, Bendición de Tzeentch, Rayo de Transformación, Alterar el Destino, Asesino Incandescente y Escudo de Fuego.



Reglas especiales: Odio (Todos los enemigos), Fuego rápido, Miedo,

Comunión de odio: Antes de cada batalla, Karslen realiza un antiguo ritual psíquico con sus hombres para prepararse llamado Comunión de Odio. Este ritual los vincula y ayuda a recordar quienes son y por qué luchan, fijando sus recuerdos tras diez milenios de guerra interminable. Al inicio de cada batalla, antes de desplegar ninguna miniatura, selecciona una escuadra de Infantería con la marca de Tzeentch que realizará con Karslen la comunión de odio. Esa escuadra obtendrá los beneficios de la recompensa Distorsión del Caos, y la regla especial Odio (todos los enemigos).

Condenación eterna: Karslen está condenado a una eternidad de masacres y guerra, a una interminable lucha contra los siervos del Falso Emperador. Ha sobrevivido a heridas que acabarían con cualquier mortal, y se ha abandonado a siglos de locura aullante con la esperanza de encontrar el olvido para hallar que la guerra vuelve a reclamarle. El propio Tzeentch guía los pasos del Hermano-capitán, sin otorgarle nunca la demonicidad ni permitiéndole morir, negándole incluso el olvido en forma de engendro del Caos. Cada vez que Karslen sea herido, antes de efectuar su tirada de salvación por armadura, tira 1D6 y resta el resultado al FP del arma. Si el FP baja por debajo de cero, la herida se habrá evitado completamente. Si el FP final es de 0 o más, efectúa la tirada de salvación correspondiente. Esto representa el destino deformándose para evitar la muerte de Karslen, tan ansiada por este.
.
Tentáculos de Metal: La mano derecha de Karslen comenzó a cambiar hace siglos. Su guantelete se fundió con su carne, y sus dedos comenzaron a alargarse, transformándose lentamente en tentáculos de metal. Con el paso de los milenios, Karslen ha aprendido a combatir con sus tentáculos con una pericia increíble. Los tentáculos se consideran un arma de combate cuerpo a cuerpo con el siguiente perfil:



F
FP
Daño
Reglas especiales
Tentáculos de Metal
Usuario+1
3
1D3
Enredar, Bloquear



Sumario de equipo y recompensas:

Marca de Tzeentch: La Marca de Tzeentch proporciona a su portador una tirada de salvación no modificable de 4+ contra todos los ataques psíquicos, lo que incluye armas de disformidad (granada de vórtice, cañón D, cañón espectral, armas psíquicas) y las heridas causadas por poderes psíquicos. Cualquier poder psíquico de tipo maldición que afecte al portador durante tu fase de control resultará automáticamente dispersado si se obtiene un resultado de 4+ en 1D6.


Armadura del Caos: Con el paso del tiempo, las servoarmaduras de muchos paladines del Caos se fusionan con sus cuerpos y se llenan de excrecencias óseas, pinchos e iconos del Caos. La propia energía de la disformidad fluye por las placas de ceramita, y disipa la energía de los impactos. Permite a su portador efectuar una tirada de salvación por armadura de 1+ en 1D6.

Combi-armas: las combi-armas o armas combinadas son básicamente dos armas acopladas entre si una miniatura armada con una combi-arma puede disparar tanto uno como ambos cañones de su arma cada vez que dispare. Si solo se dispara uno el disparo se resuelve siguiendo la reglas de disparo habituales del arma. Si ambas son disparadas simultáneamente, deberán dispararse contra el mismo objetivo, y tan solo se efectuará una tirada para impactar por ambas armas aplicando un penalizador adicional de -1 a la tirada para impactar, si el objetivo es impactado tira para herir de manera separara por cada arma.

Proyectiles Infernales: sólo psíquicos. Se trata de munición especial para bolter, pistolas bolter o combi-bolter. Tienen F9, tiran para herir contra el Liderazgo y no permiten tiradas de salvación. Si se usan contra vehículos, causarán un impacto de FP 1D6 en la localización afectada, con F9 y Daño 1D6.

Reliquia de Tzeentch: todos los demonios de Tzeentch que se manifiesten a 12” o menos de la reliquia podrán repetir la tirada del dado de dispersión.

Distorsión del Caos (Recompensa): Todos los disparos efectuados contra el portador tendrán un penalizador de -1 en su tirada para impactar.



Poderes psíquicos:


Fuego Azul de Tzeentch
Magnitud: 1
Tipo: Descarga psíquica
Dificultad: 6+
Duración: Inmediato
Alcance: 18”
Ardientes llamas se materializan sobre los enemigos del Arquitecto del destino. Este poder toma como objetivo a una escuadra enemiga dentro del alcance, causándole 1D6 impactos automáticos (distribuidos como fuego sostenido) de Fuerza 1D6 (tira una sola vez para la fuerza por todos los impactos), FP 2 y la regla especial Incendiar (4+).


Fuego Rosa de Tzeentch
Magnitud: 1
Tipo: Descarga psíquica
Dificultad: 7+
Duración: Inmediato
Alcance: 8”
Este poder toma como objetivo a una única miniatura enemiga (puede ser seleccionada como si el lanzador dispusiese de la regla especial Francotirador) o un vehículo dentro del alcance, causándole un impacto automático de Fuerza 1D6+4 , FP 6 y la regla especial Incendiar (4+).


Bendición de Tzeentch
Magnitud: 2
Tipo: Potenciación
Dificultad: 8+
Duración: Permanece en efecto
Alcance: 12”
El refinamiento del arte del templo Pavoni, este poder aumenta las capacidades físicas y mentales. Este poder toma como objetivo a una escuadra o vehículo dentro del alcance. Mientras la Bendición permanezca en efecto, todos los miembros de la escuadra contarán con un bonificador de +1 en todas sus tiradas para impactar, tanto con proyectiles como en combate. Los atributos de M e I de la escuadra aumentan en +1. Coste de Mantenimiento: 1 Magnitud


Escudo de Fuego
Magnitud: 1
Tipo: Potenciación
Dificultad: 7+
Duración: Permanece en efecto
Alcance: Personal (ver)
Este poder toma como objetivo al lanzador y a la escuadra a la que este se encuentre unido. Cada vez que sufran un impacto, antes de efectuar la tirada para herir, tira 1D6. Con un resultado de 5+, el impacto quedará anulado. Si se trata de un arma ígnea (lanzallamas, armas de fusión, ver Manual de equipo), el impacto quedará cancelado con un 3+ en lugar del habitual 5+. Mientras el poder permanezca activo, el lanzador y la escuadra no podrán Ocultarse ni resultar Incendiados por armas ígneas. Coste de Mantenimiento: 1 Magnitud


Rayo de Transformación
Magnitud: 2
Tipo: Descarga psíquica
Dificultad: 9+
Duración: Inmediato
Alcance: 12”
El poder de Tzeentch muta la materia infectándola con la salvaje energía del Caos. Este poder toma como objetivo a una única miniatura dentro del alcance (pudiendo seleccionarse como si el lanzador dispusiese de la regla especial Francotirador). Si se trata de un vehículo, sufrirá un único impacto de FP 2D6. Si este impacto penetra el blindaje, tira 3D6 en la tabla de daños del vehículo. Si no se trata de un vehículo, el objetivo debe realizar inmediatamente un chequeo de Resistencia en 2D6 (obtener un resultado igual o inferior a su R en 2D6). Si falla, mutará hasta lo irreconocible, transformándose en un Engendro del Caos (retira la miniatura como baja y sustitúyelo por un engendro bajo tu control). No se permite ningún tipo de tirada de salvación por armadura, aunque una Pantalla de energía o la regla especial Esquivar podrán utilizarse contra este poder.


Asesino Incandescente
Magnitud: 1+
Tipo: Descarga psíquica
Dificultad: 8+
Duración: Inmediato
Alcance: 18”
El psíquico convoca una criatura flamígera de la disformidad que se materializa sobre sus enemigos. Este poder toma como objetivo a una única miniatura enemiga dentro del alcance, más una miniatura adicional por cada magnitud adicional invertida (pudiendo seleccionarse como si el lanzador dispusiese de la regla especial Francotirador). Sólo se podrá utilizar contra vehículos en caso de que sean vehículos descubiertos, y tan sólo sobre los tripulantes o pasajeros. Cada enemigo afectado deberá tirar 1D6 y sumar su HA; el psíquico tirará 2D6 y sumará su nivel de maestría. Si el total del psíquico es superior, causará una herida automática (no es necesario efectuar una tirada para herir) por cada punto de diferencia con ese enemigo. Estas heridas tienen un FP de 3 y la regla especial Incendiar (4+). Si los totales están empatados o si el enemigo vence, habrá ahuyentado al Asesino y no sufrirá efectos adversos.


Alterar el destino
Magnitud: 3
Tipo: Potenciación
Dificultad: 9+
Duración: Permanece en efecto
Alcance: 18”
Mediante una sutil manipulación de los hilos del destino, el psíquico puede cambiar el signo de la batalla. Este poder toma como objetivo a una escuadra o vehículo amigo dentro del alcance. Mientras el poder permanezca activo, la escuadra o vehículo podrá repetir todas sus tiradas para impactar y herir (tanto en disparo como en asalto), todas las tiradas de salvación que deban realizar y todas las tiradas que realicen para huir, perseguir y asaltar Coste de Mantenimiento: 2 Magnitudes







martes, 8 de abril de 2014

Guerra en color: Exterminadores de los Mil Hijos



Parece que he cogido racha de pintar, y esta semana os voy a enseñar mis exterminadores de los Mil Hijos. En su día los había pintado, pero gracias a unas "copias de seguridad" de unas cabezas de marines de los Mil Hijos, los he hecho más gratos a los ojos de Tzeentch. Se trata de las miniaturas de exterminador del Caos de segunda edición, de metal, y al ponerlos junto a uno de los nuevos exterminadores de plástico, se nota su tamaño más reducido.



La escuadra consta de 8 exterminadores (incluyendo un paladín de Tzeentch con arma psíquica), una escolta ideal para un Gran Hechicero en armadura de exterminador, totalizando 9, aunque en la segunda edición, con un coste de unos 70 puntos o más por cada exterminador, pocas veces voy a incluirlos todos.



Continuo pintando: tengo unos cuantos proyectos a medias sobre mi mesa de pintura. Y un último consejo: si hace calor, no os comáis un sandwich que lleva un día entero fuera de la nevera xD

miércoles, 26 de marzo de 2014

Guerra en color: Poseídos de los Mil Hijos



Sigo pintando, un poco todos los días (o casi todos), a ver si consigo terminar de pintar alguno de mis ejércitos. Hasta el momento voy avanzando, pero como al terminar una escuadra o unidad suelo cambiar (para no aburrirme de pintar cincuenta gantes, cuarenta goblins o veinte bárbaros), así que el proyecto de tener algún ejército completamente pintado tendrá que esperar. Esta semana he terminado de pintar una escuadra de 9 poseídos de los Mil Hijos (neófitos con la semilla genética implantada en tiempos recientes que han sucumbido al Cambio de Carne). Aquí tenéis los resultados.


La escuadra entera, que ha salido un poco borrosa.

El campeón (en el centro) y dos poseídos

Garras, pinchos y mal genio xD

¡Poseídos bailongos!

Tengo a punto también una escuadra de exterminadores-rúbrica, de la que pronto pondré fotos, y también una "copia de seguridad" de un rhino (¡gracias, Elric!), aunque no garantizo que vaya a terminarlo pronto. Igual me pongo a pintar guerreros del Caos de Slaanesh, que tengo pendientes de hace tiempo...

¡Que no paren esos pinceles!

lunes, 17 de marzo de 2014

Guerra en color: Dreadnought de los Mil Hijos



Continuo pintando, siguiendo con la Iniciativa Guerra en Color de Bairrin. ¡Que los pinceles no se queden ociosos! xD

Esta semana he cogido un dreadnought de los marines espaciales y lo he "caotizado" para añadir un segundo dreadnought a mi ejército de Mil Hijos. Y este es el resultado:





Detrás del dreadnought podéis ver la escuadra de poseídos que estoy pintando ahora mismo (y espero tener terminada pronto). Me he puesto a pintar mis Mil Hijos en previsión de echar unas batallas con ellos de 40K Revolution. Al abrir el maletín me di cuenta de que tenía mucho trabajo por hacer, incluyendo el repintar a todos mis exterminadores (¡les cambié las cabezas por cabezas clonadas de Mil Hijos!). Pero vayamos poco a poco...

Os dejo una foto con mis dos dreadnoughts, el que acabo de pintar (al que he llamado "Mutatis Mutandis") y el que ya tenía pintado, también conversionado a partir de un dreadnought de los marines, este de Forgeworld, al que llamo "Inclitus Fatuum".




¡Que no paren esos pinceles! ¡A pintar, a pintar!

viernes, 31 de agosto de 2012

Hermano-Capitán Karslen de los Mil Hijos

Condenado. Maldito. Hereje. Traidor. Monstruo. Ningún alma sobrevive intacta a una guerra fratricida y a diez mil años de odio, resentimiento y amargura. Ningún alma es capaz de permanecer inalterada ante la voluntad de El Que Transforma Las Cosas.

Durante la primera edición de Warhammer 40.000, de la mano de Bill King, (podéis ver dos de estos relatos en este mismo blog: Batalla en Kadavah y Comunión de Odio) aparecieron algunos relatos que tenían como protagonista a este personaje. Desde siempre me fascinó su siniestro destino, condenado a no morir nunca ni alcanzar nunca la demonicidad. ¿Cómo se mantiene una mente intacta durante diez milenios? ¿Y si esa mente está maldita por los Poderes Ruinosos?



Llevo casi un año buscando las piezas exactas, montando la conversión. Me tomé este proyecto con calma (tanto que a día de hoy aún tengo que acabar de pintar algunos detalles), pero por fin me encuentro lo suficientemente contento con el proceso como para mostrarlo aquí.+



He procurado reproducir todos los detalles de su apariencia que se mencionan en los relatos de Bill King, desde su mano izquierda con los dedos convertidos en largos tentáculos de metal, su bólter (lo he puesto combi, decisión personal) fusionado con su brazo derecho y una amalgama retorcida de pinchos, los cráneos de su cinturón, el demonio mirando de soslayo desde su hombrera...



Os dejo las fotos a ver qué os parece cómo marcha el proyecto.

Nota: por algún extraño motivo, sólo han salido 3 de las fotos (y tres casi desde el mismo ángulo). ¡Tzeentch, compadécete de mí y de mis dispositivos digitales!

Editado: Incluyo las fotos que faltaban





sábado, 27 de agosto de 2011

Comunión de Odio (Parte 2; relato clásico)

Segunda parte del relato. Para ver la primera parte, pinchar AQUÍ.


Recordaba ahora el pasado año, entresacando de la memoria los hechos que deseaba preservar. ¿Había algo que valiese la pena conservar, algo que debiera protegerse de la lenta erosión del tiempo? ¿Aquella batalla en Kadavah, quizás, donde había ayudado a aquellos patéticos rebeldes contra sus señores Imperiales, y donde mató a aquel Ángel Sangriento entre los profanados escombros del templo de la Ascensión del Emperador? Si, pensó, recordando el momento con satisfacción. Valía la pena preservar ese momento en su memoria.

Visualizaba la escena con claridad. El Ángel Sangriento se arrastraba entre las ruinas, con su armadura rota y resquebrajada. Cerca yacía el gigantesco cráneo de un titán clase Warhound destruido. En la distancia podía ver los restos esqueléticos de las altas torres que acariciaban el cielo de Kadavah. Preservaba el momento a la perfección. Podía saborear el seco olor a quemado de la corrupción en el aire, sentir el retroceso de su bolter, oír los gemidos de los heridos, oler el hedor del metal derretido, y sentir la llegada del alma del Ángel Sangriento. Concentró la sustancia del recuerdo, reduciéndola a algo fuerte, brillante y puro, y entonces la dejó en su lugar asignado. No había nada más que quisiera preservar.

Ahora venía la siguiente etapa. Examinó sus recuerdos. Ahora se regocijaba en quien era, y en cómo llegó a serlo. Llamó a las gemas de memoria, y estas llegaron a él, una por una.

Se encontraba en Próspero, el mundo natal de su Orden. Desde los balcones de su torre podía ver la cúspide de un kilómetro y medio de alto donde habitaba Magnus, el Primarca de su Orden. El aire de la ciudad crepitaba con cientos de potentes hechizos. Su libro de conjuros flotaba enfrente de él. Él sabía que Magnus estaba en lo cierto al desobedecer la prohibición del Emperador hacia el estudio de la magia. Era tan fascinante; había aprendido tanto. Pronto emplearía sus hechizos para aplastar a los enemigos del Emperador y de esta forma el Señor de la Humanidad se vería obligado a reconocer su error.

Era un estúpido, pensó Karslen. Todos éramos unos estúpidos. Llamó a otro recuerdo.

La furia que le provocó la traición llenaba su mente. El Emperador les había declarado herejes, proscritos. Sus conocimientos se consideraban prohibidos. Debían ser purgados. Los Lobos Espaciales fueron asignados a la limpieza de Próspero. Se vieron obligados a huir. En ese momento, Karslen se dio cuenta de que el Emperador era un loco, y de que todos sus seguidores eran simples marionetas. Estaba celoso de cualquier poder que él no entendiera. Quizá temía un rival potencial. Fueran cuales fueran sus razones, no importaban. Los Mil Hijos tuvieron que embarcar en sus astronaves y aceptar la oferta de santuario del Señor de la Guerra Horus. Era su única oportunidad de sobrevivir en el turbulento periodo de guerra civil, la única forma de proteger lo que habían conseguido.

Otra escena llenó su mente.

Apuntó su bolter hacia el leal y apretó el gatillo. El hombre gritó y cayó. El fuego de láser chamuscaba el pavimento a su alrededor, pero el tenue resplandor de su hechizo de protección defendía su cuerpo. En la distancia pudo ver los muros de plata altos como montañas que defendían el palacio del Emperador. Sobre su cabeza, el cielo azul de Terra estaba repleto de naves. Era la batalla final. En aquel día se decidiría el destino de la galaxia.

La escena se fundió en otro recuerdo de esa horrible batalla.

Permaneció de pie ante las brillantes válvulas negras del Último Portal, el elevado portal que guardaba la entrada al Palacio Interior. A su alrededor sentía la presión y la vibración de los cuerpos. Sobre su cabeza vio un ángel alado con una armadura de color rojo sangre luchar con un gran demonio con alas de murciélago. Con un mortífero golpe final, el demonio derribó al hombre. Karslen oyó crujir el granito, y su rugido de triunfo se mezcló con otras diez mil voces.

Vio como Terra retrocedía ante él a través de los ventanales de cristal blindado de su nave. EL sabor de la derrota amargaba su aliento. El Emperador había derrotado al Señor de la Guerra Horus. Los refuerzos leales se aproximaban a Terra; los malditos Lobos Espaciales y los Ángeles Oscuros se acercaban. Habían sido derrotados. La rebelión había terminado. Ahora debían huir al límite de la galaxia, al lugar donde sus enemigos no se atreverían a perseguirles; al Ojo del Terror.

Permaneció en pie entre los escombros de Próspero y observó el cambio de color en el cielo. Su voz se mezcló con el canto de sus hermanos. Cadenas de relámpagos restallaban de extremo a extremo del horizonte. EL dolor le llenaba mientras obligaba a su mente a cumplir con su parte del esfuerzo. La presencia dominante de Magnus estaba allí, calmándole, asegurándole que lo que intentaban hacer era posible, que podían realmente desplazar un planeta entero a través del espacio disforme al Ojo del Terror, que su ancestral mundo podía ser suyo de nuevo.

Corría a lo largo de una ancha avenida, entre edificios bajos. A su espalda podía oír el silbido del aire desplazándose, y girando lanzó un disparo con su bolter. La larga y aerodinámica motocicleta a reacción Eldar se echó a un lado, y el proyectil rebotó contra los muros.

Miró con horror sus manos. Estaban empezando a cambiar. Los dedos estaban alargándose. Ya se habían fundido con su guantelete, y no podía quitárselo. ¿Era este el resultado de una larga exposición a la influencia deformante del Caos en el Ojo, o era algo más? Su armadura estaba cambiando, fluyendo hacia una nueva forma. Pequeños cráneos de metal cubrían su cinturón. Una cabeza de demonio miraba de soslayo desde su hombrera. El miedo al cambio le invadió.

Permaneció en pie en la antecámara del derribado edificio. El tejado se había desplomado hace tiempo, y las frías estrellas parpadeaban en el cielo. El demonio se inclinó delante de él, encerrado por el pentagrama y el poder de su voluntad. Enseñó sus dientes con una feroz mueca a Karslen, y lenguas de fuego de disformidad surgieron de su boca. No quería compartir su sabiduría con él, pero sabía que pronto sucedería.

Rodeó con sus tentáculos el cuello del Ultramarine de azul armadura. El hombre forcejeó y se retorció en su desesperación, intentando soltarse y apuntar a su enemigo con su bolter a su vez. Era una lucha desigual. Lenta, pero inexorablemente Karslen lo levantó y, con un potente empujón lo lanzó desde lo alto de la torre.Vio con satisfacción como el hombre caía precipitándose hacia el suelo que estaba un kilómetro más abajo. La lucha había terminado. El último Ultramarine del planeta estaba muerto. El palacio del Gobernador era suyo.

Una y otra vez se repitió. Los recuerdos parpadearon a través de su mente, recordándole antiguos triunfos y antiguas derrotas, todas las cosas que deseaba recordar y algunas de las cosas que quería olvidar pero no podía.

La presencia de su sargento lo apartó de su ensueño. Contempló la deforme cara de cabra de Caine, "¿De qué se trata?", preguntó.

"Despegue de naves en la superficie del planeta, Hermano Capitán. Los defensores vienen a nuestro encuentro."

Bien, pensó Karslen. Quizás este planeta nos proporcione algo de distracción después de todo.

Comunión de Odio (Parte 1; relato clásico)

Y aquí va el segundo relato prometido para celebrar las 40.000 visitas del blog: Comunión de Odio, también de Bill King.


"He vivido más de diez mil años", dijo el guerrero del Caos. "He luchado en la Larga Guerra por más de cien siglos. Sin embargo, ochenta y ocho millones de horas de lucha no pueden enfriar mi odio".

Ya hacía más de un día que el pecio espacial Segador de Almas mantenía su órbita sobre el planeta condenado. El Hermano Capitán Karslen estudió el planeta, visible a través del gigantesco ventanal de cristal decorado. Brillaba como una joya en la oscuridad del espacio. Su verde esfera parecía burlarse de él. Ahí abajo había gente que iba a sus trabajos diarios. Sus plácidas vidas transcurrían en la confianza de que el Emperador y sus formidables legiones les protegerían.

Karslen lanzó una carcajada de su hueca risa, que burbujeó horriblemente en su arruinada garganta. Hoy todo eso acabaría. Sus estúpidas y ordenadas vidas acabarían. Eran insectos, que vivían en un nido de insectos. Vivían vidas de insectos y nunca habían comprendido la verdadera naturaleza del universo, un lugar en el que los depredadores se alimentaban de carne y almas por igual.

Los habitantes que había en el planeta eran como un rebaño de ovejas. Dejemos que las ovejas miren hacia el cielo, pensó Karslen. Dejémosles saber que los depredadores van a caer sobre el rebaño. Dejémosles rezar a su senil dios y que sepan que no podrá salvarles.

Este mundo arderá, juró Karslen. Rezarán por que les llegue la muerte. Sus armas no les salvarán. Sus ejércitos no les protegerán. Su patética fe no no les defenderá. Morirán, y sus almas serán arrastradas mientras gritan al espacio disforme. Esto lo juro por el honor de mi Legión y por los Poderes del Caos. Pero, por ahora, dejémosles esperar; ahora debo celebrar la Comunión de Odio.

Contempló el trono en el que descansaba. El antiguo bronce había sido moldeado con la forma de una criatura mitológica de la vieja Terra. Los tubos del sistema de soporte vital estaban conectados a los recicladores de aire de su antigua armadura. Las ancestrales runas grabadas hace diez mil años parpadeaban y brillaban en la fría oscuridad, enviando mensajes que sólo un puñado de seres vivientes podían leer y entender por completo.

Karslen estudió las paredes de la ancestral cámara con la impasible mirada de sus ojos rojos, percibiendo como por primera vez las gárgolas que guardaban cada puerta y el enorme símbolo del Ojo de Horus que se encontraba reproducido por miles de fragmentos de cristal en el gran ventanal. Contempló las losas agrietadas e incompletas que cubrían el suelo de metal cerámico, y recordó que en el pasado habían contenido un mosaico que mostraba el Ataque al Palacio del Emperador en la distante batalla por Terra. La imagen había desaparecido hacía ya mucho tiempo, desgastada por un millón de pisadas a lo largo de los siglos.

Karslen extendió los tentáculo de metal que reemplazaban su mano izquierda e instintivamente liberó el seguro del bolter que estaba incrustado en el muñón de su brazo derecho. Había veces que se sentía como su pecio espacial, como una extraña aglomeración de fragmentos acoplados de una forma cruda y aleatoria a un núcleo central antiguo.

Sabía que el pecio espacial era una masa deforme de restos y desperdicios del espacio interestelar que habían sido absorbidos a través del espacio disforme a los mundos Infernales; el pecio había vagado a la deriva durante siglos, hasta convertirse en aquella gigantesca nave espacial. Fuera cual fuera la forma original que el pecio hubiera tenido, esta había desaparecido hacia mucho tiempo. Karslen sabía que ese también era su caso: un milenio de mutaciones y regalos de su poder del caos patrón le había costado su anatomía original. Ya no era aquel alto y formidable marine espacial revestido por una armadura de metal cerámico. Ahora era una cosa inhumana, un conglomerado de muchas partes extrañas. Sólo la forma del cuerpo original y la mente parecían ser todavía las de Karslen, y algunas veces no estaba seguro ni de eso.

¿Podía una mente permanecer intacta durante diez mil años? ¿No se rompería en pedazos bajo el peso de la experiencia acumulada? ¿No le habrían traído los años la locura? Karslen sabía que se había vuelto loco muchas veces. Había habido siglos en los que simplemente había balbuceado enloquecido, años en los que había reiterado una y otra vez un único aullido demencial. Sabía que había olvidado muchas cosas. No había ninguna mente que pudiera conservar tal cantidad de recuerdos. Estos se desbordaban como el vino de una copa que rebosa. Eso era parte del regalo y la maldición que suponía ser inmortal.

Esa era la razón por la que, siempre que tenían una oportunidad para ello, él y sus hombres celebraban la Comunión de Odio. Lo hacían para conservar lo que era importante. Lo hacían para asegurarse de seguir siendo ellos mismos y no convertirse en enloquecidos engendros del Caos. En realidad, en el fondo, ellos seguían siendo Marines Espaciales, y aún tenían el orgullo de los Marines Espaciales.

Karslen vació su mente como había aprendido a hacerlo hacía tanto tiempo. Dirigió la mirada hacia su interior. No necesitaba drogas, ni rituales, ni ninguna de las ayudas ni accesorios que empleaban los psíquicos menos experimentados. Tenía diez milenios de práctica, y su poder era grande. Visionó una gran caverna, cuyos muros estaban repletos de nidos de paloma. En cada nido de paloma había una resplandeciente gema. Cada resplandeciente gema era un recuerdo. Uno de los que había elegido conservar. El recuerdo permanecería en este nicho protegido de su mente por tanto tiempo como viviera. Karslen había alcanzado el primer nivel del ritual.

viernes, 26 de agosto de 2011

Batalla en Kadavah (Parte 2; relato clásico)


 Segunda parte del relato (Ir a la Primera parte)


"¡Morid, escoria leal!"-gruñó Karslen mientras disparaba impotentemente con su bolter al lejano destacamento de devastadores. Avanzó sin vacilar mientras los proyectiles de bolter y cohetes pesados silbaban a su alrededor. A su izquierda, el hermano Steiner había caído, cubriendo con su mano con garras una gran herida en su pecho. A la derecha, el hermano Torvarl cayó cuando un solitario proyectil de bolter acertó en su único y brillante ojo. Cadenas de rayos relampaguearon alrededor de la cabeza de Torvarl mientras caía. El olor a carne quemada y a ozono llenaba el aire. Conociendo los poderes protectores del Caos, Karslen dudaba de que la herida fuese mortal. No era tan sencillo escapar de la condenación eterna.

La caída de Torvarl era un mal presagio, decidió Karslen. El viejo tuerto había sido favorecido intensamente por el Primarca. Murmuró el encantamiento contra el fuego enemigo que Magnus le había enseñado diez milenios atrás, antes de que los tres veces malditos Lobos Espaciales arrasasen su mundo natal, Próspero.

Una explosión abrió una grieta en el suelo a los pies de Karslen. Trozos de tierra salpicaron la placa facial de su servoarmadura. Se tambaleó, pero se negó a caer. En el lejano puente, los familiares destello de bolters pesados se hicieron evidentes. Karslen decidió que los mataría a todos. Confiando en la protección brindada por su Primarca, el marine espacial del Caos se puso en marcha.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El hermano-capitán Karslen sobrevivió a la masacre con un gran cansancio. Le dolían las heridas. Su armadura también le provocaba dolor allí donde había sido alcanzada, como una segunda piel. El peso de sus diez mil años cayó sobre él. Envidió a los que habían muerto. Pasó sus tentáculos metálicos sobre los restos fundidos del Señor de la Batalla. permanecía tibio por la fusión del reactor que había mandado al demonio que lo poseía aullando de vuelta a la disformidad. Cerca de allí, el cráneo de un titán clase Warhound yacía medio enterrado en un montón de cenizas y escoria. Sus ojos ciegos miraban burlonamente al marine espacial del Caos. Karslen disparó una ráfaga con su bólter, que rebotó en la cabeza metálica del titán. El sonido atronó a gran volumen sobre el silencioso campo de batalla.

Karslen observó a los triunfantes rebeldes beber vino avinagrado de sucias botellas y escuchó sus balbuceantes chistes y su charla de simios. Los pocos cultistas supervivientes que danzaban y cantaban entre los escombros quizá no lo sabían, pero eran hombres muertos. Sus patrones demoníacos los estaban trayendo de regreso a la disformidad. La rebelión en este mundo había fracasado. No importaba. Había muchos otros mundos.

Escuchó un gruñido en las devastadas ruinas del templo. Una forma se irguió momentáneamente entre los escombros fundidos para volver a caer al suelo. Karslen lo observó cínicamente, sorprendido de que un Ángel Sangriento continuase aún con vida. El leal estaba teriblemente quemado. El rojo de su armadura había burbujeado y se había desprendido por al calor de la ráfaga. La roca alrededor del marine se había ennegrecido por el fuego nuclear. Lo único que había alrededor eran esqueletos chamuscados y armaduras fundidas. El Ángel Sangriento miró a Karslen con ojos llenos de odio. Frenéticamente trató de incorporarse y ponerse en pie para disparar con su bólter medio fundido.

"Traidor. Hereje. Abominación."-murmuró el marine espacial. Karslen se encontró a sí mismo mirando por el cañón del arma hacia la oscuridad final. Una parte de él deseó que el Ángel Sangriento apretara el gatillo.

Una amarga carcajada brotó de la mutada y arruinada garganta de Karslen. EL discurso era difícil en ese momento. Trató de hallar una palabra que mostrase su aversión. Buscó en su corrupta alma la única palabra que podía expresar sus diez mil años de odio.

"Hermano."-dijo.

La sombra del miedo paralizó un instante al Ángel Sangriento. Trató de apretar el gatillo de su arma. Se le empañó el visor del yelmo. Karslen alzó su bólter. Un solo disparo atravesó al Ángel Sangriento. El leal cayó sin emitir ningún sonido. Karslen continuó disparando; vació un cargador entero sobre el destrozado cuerpo del leal, deseando oírle gritar.

En ese momento deseó tener en su punto de mira a todos los marines espaciales de la galaxia. Tan ilimitado era su odio, tan grande era su rabia, que los habría matado a todos sin piedad ni compasión. En ese momento, supo que lucharía para siempre, hasta que todo fuesen ruinas y la galaxia entera se convirtiese en polvo. Para él, nunca más podría haber descanso ni paz.

La Larga Guerra continuaría.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...