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jueves, 22 de junio de 2017

Internet destruye infancias: Un cocodrilo muy dandi

Ha sido gracias a un comentario del Facebook que en mi mente se encendió una luz. No una luz cualquiera, no, sino esa luz que debe de emanar del retrete del todopoderoso Dios, nuestro señor, después de luchar durante horas para expulsar una barra entera de pan con manteca de chocolate que se comiera el día anterior. Y es que este "IDI" procede desde el culo del mundo. Desde mi perspectiva, claro. ¡Ah!, antes de empezar os aseguro que lo he buscado en la Wikipedia y Paul Hogan -todavía- no está muerto. Hoy os hablaré de las dos películas que interpretó bajo el nombre de "Cocodrilo Dundee"... y digo dos, porque todos y todas estaremos de acuerdo en que esa basura que realizó en 2001 jamás existió. ¡Jamás! Y como voy a hablar de dos películas y como la mayor parte son un coñazo, voy a ir variando de estilos según me venga en gana. Para no aburriros ni aburrirme yo.

¡Uy! Esta no era la foto...

¡Ésta era!

Os pondré en situación. Mick "Cocodrilo" Dundee (Paul Hogan) es un aborigen al que le atacó un cocodrilo en Australia, pero cuando la historia llegó a Estados Unidos había adoptado proporciones épicas. No sé si esto fue por la teoría de la radio escacharrada o porque por aquel entonces los estadounidenses pensaban que de Australia no podía salir nada fuera de lo común, pero la periodista neoyorquina Sue Charlton (Linda Kozlowski) fue para allá en busca de una historia llena de aventuras. Sue y Mick deciden irse a pasar unos días a la selva, que es el equivalente australiano de irte a una casa rural solo que con animales que te comen y todo eso.

Dundee es un héroe procedente de otra época, de los que fuman cigarrillos, estrangula serpientes con sus manos y se pelea en la tasca cuando le acusan de ser un cazador furtivo. También hace una cosa muy chula como de magia negra; resulta que si a un animal cualquiera le haces el saludo ese de los canis pero al revés, lo puedes hipnotizar y hacer que sea tu amigo o que se calme. ¡Vamos, niños! ¡Probadlo la próxima vez que vayáis a Cabárceno!

R.J. Dio ya hacía algo muy parecido en sus conciertos.

Pero Sue también los tiene bien puestos, por lo que a la primera discusión en la que Dundee le dice que no duraría en ese país de hombres ni una semana, p'allá que fue. Dundee, que en el fondo tiene su corazoncito la sigue desde lejos cual acosador protector. E hizo bien; Sue fue atacada por un cocodrilo que le mordió la cantimplora que llevaba colgada al cuello. Podía haber agachado la cabeza para librarse de la presa, pero se ve que Sue tenía mucho cariño a la cantimplora o algo pues de nuevo hizo alarde de huevos toreros y retuvo al reptil durante doce segundos. Ojo al dato, ¿eh? Que ya cuesta que un perro labrador se esté quieto durante cinco. Y lo buena que es esa marca de cinturones para cantimploras. Total, que Dundee la salva y la relación entre ellos pasa a un mejor grado. Por cierto, este me parece un momento tan bueno como cualquier otro para mencionar que el guión de la película pertenece al propio Sr Hogan, y que tras conocerse en esta película Hogan se divorció de su mujer y se acabó casando con Kozlowski en el '90.


Durante el viaje, Mick presenta a Sue a su amigo Ned. Un tipo un tanto peculiar, hombre de ciudad cuyo padre es el líder de la tribu de los Tinpilharras. No me lo estoy inventando, y si no me creéis observad sus pantalones vaqueros y su peluco de oro. También son caníbales, pero por lo menos Ned consiguió civilizar a su pueblo hasta el punto de hacerles llevar también pantalones vaqueros. De este modo por lo menos no tienen quejas por tener un especto desaliñado cuando van a cenar.



El lío llega cuando sue convence a Mick de viajar a Nueva York porque comienza a alucinar con cada detalle. También se lleva un pequeño chasco al conocer que Sue tenía novio esperándola en casa. Ains, el amor... o algo. Richard, el novio de Sue, comienza a tomarle el pelo a Dundee con las típicas bromas que le hacen los primos de ciudad cuando les venían a visitar los de pueblo a mediados del siglo pasado. Pero Dundee es un tipo elegante y con recursos, como aquel gitano que escribió un tweet diciendo algo así como "mucho estudiar pero te pego una mojada y el título universitario no te sirve de nada". ¿Que el novio de Sue se pone a hacerse el chulo? Pues le deja inconsciente de una leche cuando Sue no está mirando y luego le acusa de no saber beber. ¿Que no sabe situarse en la ciudad? Pues se sube a una farola para orientarse. ¿Que le "sopla" un colega que la "churri" que le hace ojitos es un "travelo"? Pues le mete mano a la "huevera" para comprobar qué hay de cierto en sus palabras. ¿Que un chulo se pasa de modales con unas inocentes señoritas que están tomando el aire tranquilamente en una esquina cualquiera a las tres de la mañana? Pues a hostias otra vez, que la inteligencia se demuestra zurrando primero. 40% Fred Astaire, 40% John Wayne (el 40% que se veía en las pantallas), 40% Alfredo Landa.


Pese a que se sigue adaptando a la vida en la gran ciudad, ésta no deja de sorprenderle. Y no me extraña. Sue le lleva a una fiesta en la que la más normal era como Cindy Lauper. Mirad, qué tendencias, qué bailoteos y qué despiporre de drogas pululando por doquier.



 ¡Sí! ¡Es el Amo del Calabozo saliendo de fiesta!

Aquí no se aprecia, pero el Amo del Calabozo tiene esa cara porque la chica con la que intentaba ligar está dándole la chapa fuera de plano con lo mucho que echa de menos a su exnovio.

Además, Dundee no deja de impresionar a Sue a cada paso que dan por la ciudad. A fin de cuentas, Nueva York es una selva de asfalto, y a fin de cuentas Sue no puede evitar sentirse como la Jane de un Tarzán cualquiera. Pese a todos estos inesperados devenires de la vida, ella piensa sacar adelante el artículo de una forma objetiva y profesional.


De tanto hacer el bien es normal que te salgan enemigos, y en este caso el tipejo que se propasó con aquellas doncellas esquineras nocturnas volvió a aparecer junto con dos amigos dispuestos a pegarle una pequeña paliza a Mick. Por otra parte, Dundee no pierde la ocasión de presumir delante de Sue lo que haga falta con tal de llamar su atención.


Pero todo héroe tiene un compañero que le ayude cuando se encuentra en apuros, y en este caso se trata no más ni menos que de... ¡Carl Winslow! El mal padre y peor policía de "Cosas de casa" aparece haciendo horas extras como chófer de limusina para demostrarnos lo que todos y todas pensábamos cuando éramos jóvenes: que los adornos aquellos de los maleteros podían desengancharse y utilizarse como bumerang.


Final almibarado. El novio pide a Sue en matrimonio. Mick se enfada y se larga -normal por otro lado, no ha hecho más que ponérsela como una morcilla en estos meses a la vez que estaba con el otro-, pero en el último momento se da cuenta de que quiere a Mick y lo persigue hasta el metro. Como a estas alturas ya todo Nueva York conoce a Mick, a nadie le importa que les pise la cabeza con tal de que pueda llegar hacia su amada treinta segundos antes que si esperara quieto a que llegase el metro y se fueran todos. Que la vida es corta.

Foto de prueba para D. Azofra.

Ahora hagamos un paréntesis para ir al baño.


Hola otra vez. Ahora que he vuelto, hablaré de ciertos personajes. Es que no sabía como encajarlos antes, porque en la primera película tenían tan poca relevancia que me parecía triste gastar unas líneas en ellos.

Wally: Es el socio de Mick Dundee, su contacto con el mundo civilizado y un mentiroso compulsivo. Da bastante asquete.

Doris, la tabernera: Tiene la enfermedad esa rara que te hace envejecer muy deprisa. Y ya no engaña a nadie con las botellas que tiene tras la barra; todas tienen Foster.

Donk: El equivalente al Barney de la Taberna de Moe, pero más duro. Con los beneficios de la primera película se pagó una dentadura nueva, pero la empeñó antes de terminar la segunda para poder seguir bebiendo Foster.



Nugget: No necesita armas porque es amigo de Donk.


Vayamos ahora con la segunda película, que podría haber pasado perfectamente como el guión de un episodio del "Equipo A" cambiando cuatro cosas. Como era de esperar, Mick lleva ya tiempo con Sue pero pocas cosas han cambiado para nuestro ya entrañable explorador con niveles de guerrero.



El tema es que ahora Sue tiene no ya un novio sino un exmarido que anda todo el día por Colombia haciendo reportajes y buscando aventuras. Tanto es así que consigue el reportaje del siglo: fotografía a un capo de la droga (este no es el mérito, que en los 80's había muchísimos) asesinando a uno de sus trabajadores por estar en desacuerdo con el convenio. Ya se sabe, si le hubieran fotografiado en un yate de relax con el presidente de algún país cuasi-tercermundista no le hubiera pasado nada ni a él ni al susodicho presidente. Pero en el vicio de matar se sabe cuándo se empieza aunque no cuándo se acaba. Consigue enviarle a Sue el carrete (jejej carrete... ¿Os acordábais? Para los milennials, antes de los años '90 la información no viajaba a millones de "chupibytes" por segundo. Por eso Leia tuvo que facturar a R2-D2 para enviarlo a Tatooine con el mensaje para Kenobi), pero los narcos le dan caza y tras esto viajan a Nueva York para secuestrar a Sue y hacerse con las pruebas.

Mientras tanto, Mick continúa sumergiéndose en la cultura de la ciudad, pero le es imposible dejar atrás ciertos hábitos por lo que hace cosas como enseñar a los niños que le caen bien cómo seguir las huellas de otros niños para darles caza en el caso de que necesiten comida. Tras la típica llamada de secuestro exprés, Mick comienza a esquivar a la policía al mismo tiempo que amedrenta a los más incompetentes de todos ellos (narcos y policía) para sacar información sobre el paradero de Sue. Mención especial al topicazo de la escena del metro en la que Dundee se esconde de un esbirro del narco y es salvado por dos japoneses, uno que sabía artes marciales y otro que sabía hacer fotos.

En cuanto Dundee averigua la dirección de la casa del narco no duda en ir a por él, pero le guste o no sabe que en esta ocasión necesitará ayuda. Es cuando consigue contactar Rata, el líder de quienes son supuestamente la banda de punkis con más pelotas de todo Nueva York. Por supuesto esto no significa para nada que tengan tantas pelotas como Dundee, pero tendrá que apañarse con lo que hay. Como son perros ladradores y poco mordedores, les pone a hacer eso mismo; ladrar con el fin de distraer a los esbirros del narco y dejar a Dundee vía libre para entrar y rescatar a Sue. Al entrar en el caserón del narco se queda un poco desorientado porque como todo narco que se precie debe tener todo aquello cuanto posea pintado de blanco. Las paredes, los coches, los trajes, las estatuas... es como otro tipo de camuflaje a la vez que fardas de vender cocaína. Mick consigue dejar inconsciente a todo aquel que se encuentra, y por poco no noquea a Sue al abrazarla.

Dado que la justicia es igual de rápida y efectiva para todo el mundo en todas partes, Mick y Sue se ven encerrados en su domicilio mientras Rico reune a sus legiones de abogados por un lado (para denunciar a Mick por allanamiento de morada) y a sus matones por el otro (con el fin de limpiarles el forro). Es entonces cuando Mick decide llevarse a Sue de vuelta a Australia; en su entorno natural, Dundee es como un ninja pero en australiano. Además su renombre hace que ningún rastreador que aprecie su vida está dispuesto a perseguirle. Es por esto que Rico decide secuestrar a Wally, porque él sí que aprecia su vida y mucho. Por desgracia para Rico, sus secuaces van cayendo uno por uno hasta que solo quedan él y Miguel, su lugarteniente. Es entonces cuando Wally escapa, se reune con Sue y ésta decide ir en su ayuda. Mick captura a Rico e intercambian sus ropas para despistar al que queda. Pero entonces Sue dispara a Mick, Miguel dispara a Rico, Sue vuelve a disparar a Miguel y por último Sue se pega un tiro al darse cuenta de lo que ha hecho. Bueno, esto último me lo he inventado, pero hubiese estado bien.


Y como lo hice al final de la primera parte, describiré un poco más a ciertos personajes de la segunda parte.

Leroy Brown: Un tipo muy honrado y trabajador, pero le gusta la "mala fama" que genera un nombre como el suyo en Nueva York. Vamos, que haces correr el rumor de que pega palizas por encargo y le encanta, pero vas a agradecerle que dedique su tiempo libre a alimentar a los huerfanitos en un comedor social y se enfada.

Miguel: Mano derecha del capo de la droga. Entre sus aficiones se encuentran los secuestros, las mujeres de alquiler, crear incendios para cazar serpientes y hacer que su melena parezca un perro mojado incluso estando seca. ¡Y sin aniño de compromiso, chicas! ¡Wow! ;)

Luis Rico: El malo maloso, el rufián de la película, aquel que aspira a retirarse comprando una islita como Hawái. No está mal... es megalómano, muy presumido y todo eso, pero ya sabéis cuál es el narcotraficante de ficción favorito del Niño Borracho.

viernes, 24 de marzo de 2017

Internet Destruye Infancias: LAPD, digooo LADP

Acaban de pasar veintidós años desde que concluyera una de las sagas más absurdas, disparatadas y sin sentido que haya parido guionista alguno. O treinta y dos desde que comenzaran. Es un motivo tan bueno como cualquier otro para hacer un Internet Destruye Infancias de los que den que hablar. Tras haber revisionado las tres primeras partes de esta abominación al séptimo arte (lo siento pero no me quedan fuerzas para más, haré acopio de memoria para las siguientes) me siento preparado para recordaros lo graciosos y desternillantes que pueden ser los miembros de las fuerzas de seguridad del estado, y para hacer un repaso de las conclusiones que una persona pueda sacar de estas películas y del maldito y condenado Steve Guttenberg.


Acabada esta presentación sobre las películas de Loca Academia de Policía (por si no había quedado claro ya), veo conveniente haceros un breve repaso de las primeras entregas para recordaros cómo empezó todo. En el año 1984, el mismo narrador de la intro de “el Equipo A” contaba cómo la alcaldesa de la ciudad había reducido prácticamente a cero los requisitos para ingresar en el cuerpo de policía, así como los fondos destinados a sufragar el entrenamiento de los reclutas. Ya no importaban cosas como la edad, la altura, el peso, que tu otra opción fuese ir a la cárcel o que te faltaran cuatro puntitos de nada como a Forrest Gump. Por supuesto, no a todos los dirigentes de la academia de formación les hacía gracia eso de tener que empezar a enseñar a indeseables que no iban a dar la talla, gente que podía tener colores distintos, o mujeres.

Acabildados ya en la academia del comandante Eric Lassar, los dirigentes de ésta comienzan pronto a darse cuenta de qué pasta está hecha cada recluta. Y los hay de todos los tipos, como en la vida: están el gafe y torpe, el loco de las armas, el regordete humillado por la vida que luego abusa de su autoridad, la bajita con voz de pito de la centralita, el afroamericano de dos metros que ni siente ni padece, el que se comunica a través del beatbox, los trepas que no les importa chafar al resto con tal de que el superior les de una galletita de premio, la chica bonita y el cretino de Steve Guttenberg. Los reclutas conseguían salir del paso y pese a las múltiples trabas y pruebas excesivas impuestas por los encargados del entrenamiento, unido a los constantes intentos de sabotaje de aquellos miembros que terminaban bailando el tango en el pub para caballeros “La Ostra Azul”. Sin embargo, tuvieron que recurrir a insultos racistas y otra serie de comportamientos que si bien no son ilegales son moralmente reprochables para expulsar a cuantos cadetes les fuera posible. Amparados por supuesto bajo el ala protectora de uno de los altos cargos, todos ellos seguidores de la América confederada. Como colofón deciden enviar a los reclutas a una zona de disturbios, sin apoyos y sin haber terminado la instrucción. Pero es precisamente su estilo poco ortodoxo lo que les lleva a salir con vida de la revuelta


Acabaron pues los cadetes graduándose con honor en la academia, pero el conflicto social continuaba en aumento. Los disturbios y saqueos originados por la pobreza y el paro hace que surjan grupos de gente que se organizan para socializar los excedentes de producción, además de realizar escraches a los lacayos de las eléctricas. Por supuesto, en la película lo maquillan todo para que parezcan bandas callejeras de punkis perturbados mentales dedicadas al robo y a la extorsión al pequeño comerciante. Pero los recortes en inversión y servicios sociales también afectan a la policía, y para rematar todo el tinglado el capitán de la comisaría también es víctima del miedo al despido y de las guerras internas, por lo que si no bajan las cifras de delincuencia en un mes perderá su puesto de trabajo. Esto hace que presione a los agentes que tienen a su servicio y realicen decenas de detenciones irregulares, y enfurece mucho más a la clase baja que toma represalias contra la feria en la que la alcaldesa ha destinado gran parte de los fondos anuales del estado. Es en este momento cuando deciden utilizar sofisticados métodos de infiltración para ganarse la confianza de los líderes revolucionarios y atacar la organización desde el interior. Así descubren el lugar en el que el pueblo estaba comenzando un nuevo modelo de sociedad, alejado del consumismo y el liberalismo económico, por lo que finalmente pueden aplicar el protocolo de ley antiterrorista estadounidense y meterlos a todos entre rejas.

Acabábase cada vez más el presupuesto para la formación de nuevos cadetes a medida que pasaba el tiempo. Era el motivo por el cual una de las dos academias dedicadas a este propósito cerraría sus puertas. Y esta información privilegiada no le era desconocida al supervisor de la susodicha comisaría que -casualmente- también es el propietario de una de las academias formativas y guarda cierta relación con el gobernador del estado. Sin embargo, la política de aceptación de nuevos reclutas sigue siendo bastante laxa. Tanto que incluso admiten al perturbado cabecilla de la banda que les causó tantos problemas en el pasado. Como era de esperar, la academia del supervisor va a la cabeza en la competición. Sin embargo, todos estaban tan ocupados intentando menospreciar al resto que ningún agente se ocupó de vigilar una de las fiestas del gobernador, y el servicio de comidas realizó un secuestro con robo, seguramente animados tras ver “el Club de la Lucha”. Por fortuna, los cadetes de Lassard se percatan de la trama y realizan una persecución innecesariamente larga por las marismas hasta que logran rescatar al gobernador.

Acabado ya el resumen de las primeras entregas, hablaré sobre lo poco que puede ser digno de mención del resto de esta... de esta mierda de películas. La cuarta es como la segunda pero cambiando la técnica del poli malo por la del poli bueno (se dedicaron a labores sociales todo el tiempo hasta que los jóvenes del barrio cambiaron las navajas por el uniforme, aunque el resultado no difiere mucho). En la quinta van a Florida, a California o a alguno de esos estados en los que siempre hace sol y aparece el sobrino de Lassard para reemplazar a Mahoney (¡bien!) pero resulta ser el típico sosainas sin personalidad alguna. De la séptima prefiero no acordarme. Pero la sexta tenía algo de miga. No solamente los protagonistas habituales se enfrentaban a sus antagonistas, sino que por una vez hay trama. Una trama relacionada además con la especulación inmobiliaria, la gentrificación y en la que por una sola vez detienen al por aquel entonces alcalde de la ciudad, el cerebro de toda la trama. Si hay algo salvable de todas estas películas llenas de porrazos y estupideces que solo hacen reír a los niños pequeños es lo reprochable de los comportamientos homófobos y racistas así como el detalle de señalar a los políticos corruptos, aunque sea de forma solapada.

Acabo de darme cuenta de que todavía no he hablado de los verdaderos responsables de estas atrocidades, y vuelvo a referirme a las películas en sí mismas. Por ello me dispongo a describiros un poco por encima los actores y actrices que fueron los miembros más notables de la academia de policía, así como de algunos de los personajes recurrentes de esta saga de películas.

- Oficial Carey Mahoney: Quienes me conocen sabrán a estas alturas que ver la imagen de Steve Guttenberg hace que mi cerebro reaccione como su hubiese sido víctima de algún experimento de la “MK Ultra” y sintiera la necesidad de borrarle de un guantazo esa sonrisilla prepotente que le sale, así que me le quitaré de en medio el primero. Chulillo y rebelde como pocos, ingresa en la academia de manera forzada con tal de evitar la cárcel, pero es al sentir el poder del uniforme que cambia de actitud y se vuelve dócil con sus superiores con tal de seguir acosando sexualmente a todo lo que se mueve.

En serio, ¿no os dan ganas de borrarle esa sonrisa de un guantazo?

- Oficial Doctor Monseñor Larvel Jones: Se trata de un personaje peculiar, pues era capaz de reproducir con su boca cualquier sonido como si fuera un Ave Lira. Conoce a Mahoney en la comisaría (y no por ir a renovar el DNI) y éste le lía para sufrir su mismo destino. Los guionistas vieron pronto que había pocas situaciones en las cuales pudiera sacarle partido a esa habilidad más allá de gastar bromas, por lo que decidieron otorgarle habilidades marciales a partir de la segunda entrega.


"新當選的市長瑪麗·蘇比爾宣布招募候選人警察培訓的急劇變化,這是由於缺乏官方適合因各種原因服務(退休,死亡等服務),因此,年齡,種族,身高,性別,身體和精神健康不會構成對於那些誰想獲得警方的任何問題。他們將有自己的機會,因為它是沒有必要的,以滿足任何的這些要求。數以千計的興趣報名參加奧斯卡。決定強制市長都接受新兵不只是為了取悅所有人,特別是首席赫斯特中哈里斯。雖然指揮官埃里克起初困擾他的想法,我終於接受一半", que traducido quiere decir "¿queréis pelea?"

- Oficial Moses Hightower: El coloso del grupo, un titan con corazón de florista que ni siente ni padece y que derriba los muros en lugar de escalarlos. Es divertido ver como hace salir volando por los aires todo aquello y aquellos que toca, por lo que le permiten ingresar en la policía a pesar de que dice “sá” en lugar de “sí”.



- Agentes Chad Copeland y Kyle Blanks: Me resulta difícil hablar sobre esta pareja, porque no encuentro palabras agradables para describirlos. Ya la matrícula confederada del coche de Copeland (acabo de darme cuenta que su apellido viene a significar “Tierra de Policías”, ¡uf!) dice bastante de su personalidad. Por el contrario Blanks aparenta tener algo más de cerebro y maneras para marcar el contraste, y sabe elegir mejor sus objetivos. En las entregas que aparecen, lo hacen para tratar de sabotear desde dentro las operaciones del equipo de Lassard.


- Oficinista Laverne Hooks: entró en el cuerpo con la esperanza de fojar su carácter y convertirse en oficial de policía, pero su papel se vio reducido a contestar al teléfono con su vocecilla chillona y a pegar un vozarrón al final de las películas. Víctima de los machismos, los aplica en cuanto le es posible.


- Agentes Sweetchuck y Zed. La extraña pareja, mantienen una relación de amor-odio a lo largo de la segunda y tercera parte. Si bien Zed siempre fue mi personaje favorito de la saga por aquello de ser claramente bipolar y haber sido líder de una banda de punki, Sweetchuck es el típico caso de persona pisoteada que busca un modo de darle su merecido a los gamberros a los que les acusaron de destrozarle su negocio de lámparas, al mismo tiempo que le pagan por sus servicios aquellos que realmente le destrozaron su negocio de lámparas.


- Agente Lesllie Barbara: Tan solo apareció en la primera entrega, pero el caso de este hombre me tocó de verdad. Humillado y lanzado a un río junto a su puesto de trabajo por los matones de su barrio, ingresa en la policía para poder ajustarles las cuentas. Y lo hace mientras estos realizaban una mudanza ¡En serio, esto no me lo estoy inventando! Pues como decía Gila, “si no te gustan las bromas vete del pueblo”. Creo que fue el motivo por el cual solo apareció en una de las siete entregas.


- Agente Eugene Tuckleberry: Pasó de ser un "segurata" de tres al cuarto a ingresar en la academia porque en su antiguo trabajo les sentaba mal que le pegara un tiro al bidón de agua de la oficina cada vez que éste hacía un ruidito con las burbujas. Es el agente de gatillo fácil, que no duda en dispararle a un niño una botella de gas lacrimógeno con tal de que se cumpla la ley y vaya a la escuela.

Mírenle. Al igual que Johnny Unitas, lleva un corte de pelo que inspira confianza.

- Teniente Debbie Callahan: Profesional, estricta, y de mentalidad casi militar, tiene contratado un saxofonista para que toque algo en los momentos en que se quita la chaqueta. Nada más que añadir, que luego me llaman de todo.



- Capitán Harris y Capitán Mauser: La maldad, ambición e incompetencia de estos personajes no tiene límites, y es el motivo por el cual nunca aparecieron juntos en ninguna de las películas. La gente no sabría a quién odiar más y por eso se van turnando. Además, me los imagino entrando a la vez por una misma puerta, quedarse atascados, volver a intentarlo otra vez con el mismo resultado y entrar en un bucle en el que siete películas no hubieran sido suficientes para desarrollarlo del todo. Ambos aspiran al puesto de los hermanos Lassard en sus respectivos campos, así como el control de la academia. Sin embargo, ambos tienen un denominador común, que es el siguiente...





Teniente Proctor: Realicé un informe de cuatro volúmenes de mil páginas cada uno en el que analicé todos los aspectos de su personalidad, pero en lugar de obligaros a leerlo os lo voy a resumir en una palabra; Smithers. La acusación se toma un descanso.



- Jefe Henry Hurst: Este personaje es también de los que peor me caen. Solamente aparece para fastidiar y para dar las malas noticias. Luego se larga durante toooda la película y solo se le vuelve a ver cuando aparece algún cargo importante. Es el típico que le endilga a los demás que le solucionen la papeleta para luego apropiarse del mérito. Según se rumorea, esto es así porque el resto del tiempo está ocupado con la alcaldesa (guiño-guiño, codo-codo).


- Comandante Eric Lassard: Aquí abandonamos el odio momentáneamente para pasar a la pena. Y es que este personaje da pena. Se trata de un anciano que es evidente necesita una medicación que no toma (al contrario que Yosi, el de “Los Suaves”), yendo de un lado a otro con su pececito de colores. Fue en la quinta película cuando confesó que ya en la tercera se tenía que haber jubilado, y son sus cadetes quienes vigilan sus pasos para que no se mate por cualquier esquina (como a Yosi, el de “Los Suaves”). Donde otros verían bondad en mantenerlo al frente de la academia, yo veo una barra libre para quienes quieren hacer barbaridades protegidos por el uniforme y con un superior que passe absolutamente de todo. Además, me gusta pensar que cuando le obligaron a jubilarse por algún tipo de escándalo, se montó una tienda de revelado fotográfico para cuidar por fin de la pequeña Punky Brewster bajo el nombre de Henry Warnimont.


Acabar quiero con una reflexión; si bien se nos presentó a los espectadores el largo brazo de la ley como un festival del humor en el que valía cualquier cosa salvo consumir drogas y reírte de la gente de otro color por ser de otro color, me gustaría señalar desde aquí a los verdaderos responsables de todos los accidentes, revueltas civiles, vejaciones a reclutas, peleas callejeras, saqueo, vandalismo y abusos de autoridad generalizados: la alcaldesa de la ciudad y el gobernador del estado, que desvían los fondos de los servicios sociales para organizar ferias y festines para sus amigos de la alta sociedad. Y para que veáis que de verdad os aprecio (y que no quiero que me acusen de señalar la brutalidad policial) no he querido extenderme más hablando de la serie de dibujos animados en la que incluyeron a un científico chiflado. Pero soy tan malvado que os recuerdo que existe, y que a Hoocks la dibujaron excesivamente gorda.


Acabóse.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Entrevista a Skiggit y Grombrindal

Tras este mensaje de nuestros patrocinadores (¡Rayos de la muerte Thompson! ¡El doble de muerte y el doble de rayos por la mitad de precio!), regresamos.  ¡Conectamos con la redacción de NigromanteNews!

Yibrael: Hoy os traigo un material de rabiosa actualidad: en la Biblioteca del Gran Nigromante hemos enviado un reportero a entrevistar a Grombrindal, el enano blanco, y a Skiggit, el goblin negro. Por supuesto, se trata de una entrevista a estos dos personajes no como personajes en sí, si no como representaciones de dos visiones del juego. Y como no es sencillo realizar una entrevista metafórica a dos conceptos abstractos, hemos atiborrado de piedra de disformidad y raíz bruja a nuestro reportero con la intención de que pueda delirar hasta tal punto que esta entrevista sea posible. ¿Cómo te encuentras, Niño Borracho?

Niño Borracho: ¡Bien-bien! Muy animado por tener la oportunidad de entrevistar a estos dos representantes del mundo de Warhammer, y mi cerebro agitado con el frenesí de imágenes de destrucción producidas por la piedra de disformidad. ¡Esperemos que alguien pueda sacar algo en claro de todo esto!

Yibrael: Mientras nuestro intrépido reportero (¿intrépido? perdón, quise decir rátido) se va preparando, explicaré la biografía de las dos metáforas encarnadas a las que entrevistaremos. En primer lugar tenemos a Grombrindal, el Enano Blanco. El Enano Blanco tenía una revista, y una gran empresa multinacional respaldándolo. Durante muchos años fue el ídolo de muchos jóvenes, con sus brillantes barbas blancas y su armadura de Glimril cubierta de runas (en realidad las runas eran un catálogo comercial, pero en khazalid). Grombrindal encarna el juego oficial, y representa la empresa. Durante muchos años, Grombrindal ha guardado en su caja fuerte de gromril la idea de Warhammer,  y la ha compartido con los jugadores, a cambio de unas monedas de oro (los enanos, ya se sabe cómo son). Pero la empresa que respaldaba a Grombrindal decidió alterar sustancialmente la idea de Warhammer, cambiándola hasta hacerla prácticamente irreconocible. Incluso hicieron vestir a Grombrindal como un simple matador para promocionar su nueva idea de Warhammer. ¡Como si hubiese alguna similitud entre esos rompe-juramentos en busca de redención y la intachable trayectoria de honor del Enano Blanco!

Pero Grombrindal no guardó la idea al completo: en algún momento del pasado, Skiiggit llegó a introducirse en la guarida del Enano Blanco y robó parte de la idea (¡estaba en su naturaleza de goblin!). Pero como era chapucero, fue dejando desperdigados los pedazos en su camino. Todos los jugadores que recogieron esos pedazos quedaron muy agradecidos a Skiggit, pues a partir de esos pequeños pedazos de idea ellos también crearon su pequeño espacio en el mundo de Warhammer. Decidieron que el artero goblin fuese el símbolo del hecho de que la idea ya no pertenecía sólo a Grombrindal y a la empresa que lo respaldaba: también era, en parte, de todos aquellos jugadores que durante tanto tiempo habían creado sus historias en ese mundo, y lo habían dotado de auténtica vida. Desde que Grombrindal se cambió de traje, Skiggit ha estado muy ocupado: podía decirse que no ha parado quieto, y que incluso se ha multiplicado. Numerosos Skiggits en todo el mundo han tomado la idea original, casi fuera del alcance de Grombrindal, y la han hecho suya; hasta el punto de que, pese a la defunción "oficial" de la idea (firmada por el mismo Enano Blanco) y su transfiguración en algo completamente diferente, la idea original está más viva que nunca, gracias a los esfuerzos de todos esos cientos de Skiggits (aunque ya se sabe, los goblins son muy propensos a la animosidad; es decir, a pelearse con otros goblins). ¿Estás listo, Niño Borracho?

Niño Borracho: ¡Sí-sí! He esperado mucho tiempo a que llegara este momento. ¡Campana-campana!

Yibrael: ¡Adelante!

**Dos figuras aparecen ante el Niño Borracho: un enano con una gran barba blanca, y un goblin con capucha negra**



Niño Borracho: ¡Saludos-bienvenidos, sí-sí! ¿Son ustedes la cosa-enana Grombrindal y la cosa-pielverde Skiggit?

Grombrindal: Así es, nosotros somos aquellos a los que buscas. Aunque no me esperaba un sucio skaven como reportero.

Niño Borracho: Oh, no debe temer-temer. Si he sido elegido para este trabajo es porque soy inmensamente humilde, sí-sí. Pero debemos empezar-empezar la entrevista. Dígame, ¿qué resultados han obtenido en su empresa patrocinadora con este cambio de escenario que es Age of Sigmar?

Grombrindal: La verdad es que las cosas no van demasiado bien. Esta idea nueva que hemos tenido no se vende nada bien: la mayoría de los jugadores han decidido pintarse de verde y ponerse una capucha negra. ¡¡Una tragedia!!

Niño Borracho: Oh, un agravio-tragedia, sí-sí... (¬¬) Entiendo que para promocionar su nuevo sistema y la nueva gama de miniaturas necesitaban una pizarra en blanco pero, ¿crée que era necesario para ello el intentar condenar al olvido el mundo que le vio a usted nacer?

Grombrindal: ¡Yo que pensaba que tragarían con lo que fuese! ¡Ay, pobre de mi! Me creí todo lo que me contaba la empresa. Y he acabado así, disfrazado de matador. Luego me mandan ponerme una temporada en peana redonda, y luego de vuelta a la cuadrada... ¡Una vergüenza! Si me viesen mis ancestros...

Niño Borracho: Sin duda hablas como si la empresa de verdad creía tener "la sartén por el mango" en todo momento sobre los jugadores. ¿Cómo se vivieron aquellos momentos?

Grombrindal: ¡Nunca pensaron que algo así pudiera pasarles! En la empresa veían que daba igual lo que le hicieran a los jugadores, estos siempre chillaban pidiendo más con la cartera en mano. Pero pretender acabar con todo Warhammer... eso fue la gota que colmó el vaso. Muchos jugadores incluso se fueron a otros mundos para no volver jamás, pero lo peor es sin duda quienes se quedaron...

Skiggit: ¡Eh, eh! ¡Bazta ya de lloriqueoz! A lo hecho, pecho, como zuele dezirze. Ademáz Niño, ¿qué paza? ¿Vaz a ponerte ahora a zecarle laz lágrimaz a eze vendido? ¡Que ya me eztoy canzando de ezperar!

Niño Borracho: No-no, tranquilo cosa-verde, guarda el puñal. Si ahora iba contigo. A ver, cuéntanos, ¿qué sientes ahora que eres la estrella del mundillo?

Skiggit: Pues está baztante bien. Me ziento mucho máz libre para hacer lo que me apetezca, por zupuezto. Dezde que la empreza noz abandonó a nueztra zuerte hemoz prozperado mucho. Ahora podemoz hacer lo que noz plazca con nueztro mundo, y lo hemoz dejado mucho mejor que antez, zin duda.

Niño Borracho: Perdona... ¿Vosotros?

Skiggit: ¡Ah, zí! Que no te lo había dicho. ¿Ez que no lo zabíaz? Zi noz dejaz zueltoz, loz goblinz noz reproducimoz como laz zetaz ezaz tan ricaz que noz zirven para hablar con Gorko y Morko. Ezpera, que te loz prezento. ¡Pazad, chicoz! (varios goblins encapuchados entran en escena).

Grombrindal: ¡Eh! ¿Pero qué clase de truco sucio es este? Te juro por mi barba...

Skiggit: No jurez tanto, barbitaz, no vaya a zer que loz de la Workzop vayan a decidir que eztáz máz guapo afeitado jijij. Rezulta, por zi no lo zabíaz, que eztoz chicoz reprezentan ahora a loz jugadorez y jugadoraz de Warhammer. Dezde que la empreza cerró el garito, la gente ze ha buzcado laz vueltaz para zeguir jugando del modo que máz le guzta, y eztoz compadrez ziempre eztán dizpueztoz para jugar con elloz zi quieren.

Niño Borracho: Vaya-vaya, pues sí que habéis salido unos cuantos desde que GW concluyera "El Fin de los Tiempos". ¿Por qué no me los vas presentando?

Skiggit: Zí, claro. ¡Y no hablez con la boca llena de quezo! Mira, ezte goblin encapuchado de aquí (agarra de los hombros a uno de ellos, andrajoso pero con estilo, y lo pone al frente) ez el que máz te debe de zonar. A ezte lo que le guzta ez el Warhammer en zu conjunto, y picotea de aquí y de allá para divertirze con zuz amigotez. "Refrito", le decimoz con cariño.

Niño Borracho: (arqueando una ceja  a lo Carlos Sobera) Y, ¿qué es lo que más te gusta y lo que menos de este... "Refrito"?

Skiggit: Puez ya que me preguntaz, tiene un zentido del guzto baztante purizta zobre Warhammer. Ademáz ze ha pateado el mundo entero para recoger materialez con loz que hazerze la caza a zu guzto, y no ze corta ni un pelo a la hora de dejar laz cozaz claraz. Ezto ez bueno y a la vez ez malo, porque muchoz le conzideran un borde. Puede incluzo que tenga loz mejorez juguetez, pero le guzta hacerze el lizto de vez en cuando y loz otroz goblinz ze chinan con él. Pero lo que no ze puede dizcutir ez que ez muy aztuto, y que dezde que ezte tipejillo ha zaltado a la paleztra, han zido... (se pone a contar con sus dedos) no zé, muchoz loz jugadorez que han zacado laz miniaturaz de laz cajaz en laz que eztaban guardadaz.

Niño Borracho: Bueno vale, ya sabemos todos que te cae muy bien pero ya valió de favoritismos, que hay unos cuantos esperando. ¿Qué me puedes decir de ese-ese, el que está a su derecha?

Skiggit: (aparta a "Refrito" y agarra a otro goblin que está curiosamente un poco mejor vestido) Oh, ¿te refierez a ezte? ¡Puez también me cae baztante zimpático! Ezte compadre de aquí también ze lo eztá currando él zolito, y lo cierto ez que zabe robarlez a loz enanoz emprezarialez cozaz muy chulaz. Ezo zí, el traje que vizte eztá algo dado de zí y tiene algunoz parchez en el trazero para que no ze le noten mucho laz cozturaz. Porque claro, para que un traje de enano emprezarial le quede bien a un goblin, hay que ajuztarlo zegún convenga. Todavía tiene que pazar unaz cuantaz vezez por el zaztre para que termine de zurzirlo. Mientraz tanto, va a lo zuyo zin moleztar a nadie (lo cual ez zozpechozo...).

Niño Borracho: (ruido de pelea al fondo) ¡Oye-oye! ¿Quieres decirle a aquellos de la esquina que se comporten un poco?

Skiggit: Oh, ezoz chicoz... ez inevitable que ze peleen de vez en cuando. Pero lez ayuda a liberar tenzionez, no creaz. Y luego, como zi tal coza. Todoz ezoz muchachoz de ahí también le robaron a loz enanoz emprezarialez alguno de zuz trajez, pero eztoz ze loz puzieron tal cual. Todoz creen que zu traje ez mejor que el de loz otroz, y ezo ez los máz graziozo de todo porque conzideran que el rezto zon horteraz.

Niño Borracho: No entiendo lo que me quieres decir...

Skiggit: ¡Zi ez muy zenzillo, rata eztúpida! Mira, primero eztá el goblin eze de loz peloz en laz orejaz. Ez muy viejo y cualquier coza venga dezpuéz de loz tiempoz de la Guerra de la Barba le parece muy moderno. Ademáz, tarda milenioz en hacer cualquier coza. Luego eztán aquelloz doz, que van con unoz brazalez enanoz de fuerza muy chuloz pero luego llevan taparraboz. Máz allá tienez otroz mejor veztidoz, pero mira, a eze de allí cada idea nueva que ze le ocurre ez máz beztia que la anterior; el otro ze le parece mucho, pero tiene airez de jinete y ziempre que puede ze zube a un caballo porque ez lo mejor, zegún él. Luego ya tienez a aquel goblin máz joven, que eligió el traje eze que hace de todo pero funciona a pilaz. Y ya zabemoz lo que paza cuando te quedaz zin oro para pilaz...

Grombrindal: ¡Pero será posible! ¡Esos son mis trajes! ¡Devolvédmelos, malditos excrementos de tro-oh... (grombrindal se detiene en seco cuando todos los goblins le miran amenazantes).

Skiggit: Anda, Grombri, ¿qué máz te da ahora? Zi ni ziquiera tienez un Libro de loz Agravioz para apuntar laz cozaz, azí que lo mejor para todoz ez que lo olvidez. Cualquiera penzaría que te dijeron que loz guardaraz por zi acazo... (;-P)



Niño Borracho: (Grombrindal se sienta cabizbajo mientras el Niño Borracho termina de guardar queso en sus abazones) Calma-calma todos, no hagamos nada de lo que Grombrindal pueda arrepentirse. Bien, vamos a ver si ya vamos terminando, que esto se alarga más de lo que esperaba. ¿Quién más queda?

Skiggit: Oh, puez mira. Tenemoz a eze goblin de allá, el que eztá al fondo de todo. Eze viene dezde la mizma Luztria. A eze también le guztó el traje de montar caballoz, y también tiene parchez en el trazero. Pero como ez joven y viene de tan lejoz todavía no zabemoz mucho de él... Ze llama Aproquifa... no, ezpera, era Afócripa... ¿Acrópifa, Acrípafo,Afrópico...? El primo Paco, zí.

Niño Borracho: Bueno-vale, yo creo que todos los jugadores merecen su representación y es bueno que la tengan. ¿Y qué puedes decirme de ese goblin de ahí, que ha estado tan quieto todo el rato?

Skiggit: Oh zí bueno, eze... zí, tú. Ven, ven aquí. (El goblin encapuchado se acerca) Puez ezte muchacho de aquí, rezulta que ez el tipo máz popular entre nozotroz, zí. Pero algo le ha pazado en todo ezte tiempo, eztá muy... cambiado.

Niño Borracho: ¿A qué te refieres?

Skiggit: A ezto... (Skiggit le quita la capucha al goblin, dejando al descubierto una figura goblinoide de sonrisa descerebrada, con un costurón en la cabeza propio de una lobotomía y cuya piel era de color vainilla)

Niño Borracho: ¡Ah! ¡Aaaahhh! ¡Maldita sea! ¡Por la Gran Cornuda! ¿Qué es esa cosa? (sube sus piernas a la silla mientras suelta alaridos de terror)

Skiggit: Puez lo creaz o no, ezte tipejo de aquí era un goblin muy parecido a nozotroz azí que no chillez como una rata. Fue de loz primeroz en zurgir, el muchacho tenía ganaz de nazer, ya zabez. Pero ze le zubió el ézzito a la cabeza y quería guztarle a todo el mundo. Como al principio eztaba él zolo todoz querían jugar con él, pero como eran muchoz y no ze ponían de acuerdo en todo le fueron quitando cozaz de aquí y allá con tal de guztarlez a todoz, zupueztamente. Le quitaron la animozidad eza tan molona nueztra, porque dicen que nadie lleva en torneoz un ejército que se te pueda rebelar. Y le quitaron hazta el color verde de la piel, porque aquel verde no le guztaba a todoz. Entre nozotroz le llamamoz el "Cegato", porque no-ve-na. Ni ziquiera ze da cuenta de que ya cazi ni ez un goblin...

Cegato: ¡Soy el sucesor espiritual Warhammer! ¡Y soy equilibrado!

Skiggit: El pobre... ya no zabe decir otra coza. (El Niño Borracho ordena a dos alimañas que se lo lleven mientras sigue repitiendo lo equilibrado que es) Hazta habla con la "eze". Le han dado mareado tanto que ya no zabe ni quién ez, no recuerda ni zu nuevo nombre ni el viejo. Dice que eztá equilibrado, pero zuz ejércitoz ze dividen en Tier uno, Tier pachanga y Tier eztantería. Como comprenderáz, por muy popular que zea no dejamoz de mirarlo con recelo. Ez zierto que le robó muchaz cozaz a loz enanoz emprezarialez de GW, pero laz ha perdido cazi todaz y ahora va dejando un tufillo a damizela emprezarial que tampoco me guzta nada...

Niño Borracho: Bueno... esto podías habértelo ahorrado, no me gustan nada estos sustos. En fin, ¿quién más queda?

Skiggit: Nadie, hemoz acabado.

Niño Borracho ¿Y aquel de allí? (dice señalando a un goblin ataviado con un traje hecho exclusivamente de parches y que ha estado todo el rato agazapado tras una estantería de la Biblioteca copiando a base de garabatos los manuscritos del Nigromante).

Skiggit: Ah, eze... con eze no noz hablamoz.

viernes, 14 de octubre de 2016

Internet destruye infancias: El teléfono de Zack Morris

Hoy vuelvo a atiborrarme de piedra bruja para hablaros de otra de esas series que tienen su miga... una miga rancia y absurda, pero al fin y al cabo, una miga de la que nos hemos alimentado muchos y muchas de nosotros: “Saved by the Smell” (ay no, que eso va después) digooo "Saved by the Bell".


Empecemos ligerito, con el clásico análisis de sus protagonistas. En primer lugar tenemos a Zack Morris, claro protagonista que para reafirmar su liderazgo de chulito prepotente rompía la cuarta pared de vez en cuando (una práctica lamentable, ¿eh, amigos?). Una de las cosas que más me chocaba de este personaje era que tuviese un teléfono móvil. ¿Quién demonios tenía un teléfono móvil en aquel entonces? Es más, ¿quién sabía que existían esas cosas en aquellos años? Porque los teléfonos fijos, las cabinas telefónicas, los walkie-talkies y hasta los dos vasos atados con una cuerda los conocía todo el mundo, pero os juro que yo pensaba que aquel ladrillo era el inalámbrico de su casa. Zack actúa no como líder del grupo, sino como alguien que prefiere manejar en las sombras a sus allegados hasta el momento en que todo le estalla en la cara.


Para respetar la cremallera, ahora le toca el turno a una chica. Vayamos pues con Kelly Kapowski, que es la chica por la cual Zack siente un profunda y sincera hinchazón en la entrepierna. A pesar de su papel de líder de animadoras inocente e impresionable, tenía la habilidad de pasar de todo lo que no fuera políticamente correcto y en su interior vivía el espíritu de una viejecita de noventa y ocho años. Zack tuvo que casarse con ella tras la universidad para obtener algo más que un triste beso; la verdad, no se cuál de los dos tuvo más aguante.


En el puesto de macho alfa número dos tenemos a A.C. Slater. Slater es el capitán de lucha del instituto, capitán del equipo de rugby, capitán de halterofilia del instituto... seguro que es capitán hasta del equipo de debate con ese currículum. Porque si no los cruje a todos, básicamente. Un personaje demoledor que sabe meter miedo a todo el mundo salvo a su papá el militar, y... y ya. Tener un cuerpo perfecto y dominar todos los deportes requiere mucho tiempo, no hay sitio para más personalidad.


Como los polos opuestos se atraen, su media naranja era Jessie Spano. La delgadísima jirafa empollona del grupo resultaba en ocasiones más masculina que el bajito y “siempre-en-mallas-enfundado” vigoréxico Slater. Además su firmeza y su carácter responsable hacen de ella el personaje más aburrido del grupo.


No le pasaba esto a Samuel “Screech” Powers. Screech era el super-nerd, la versión blanca de Steve Urkel. Zack lo utilizaba como cobaya y marioneta en sus egocéntricos planes, lo disfrazaba de cosas ridículas y lo enviaba a la perdición mientras él se escapaba por otro lado. Estudia en su habitación-laboratorio que estaba llena de lámparas estroboscópicas, medidores de dios-sabe-qué y hasta el aparato que hace ¡ping! Además, es el vergonzoso poseedor de un poster de Lisa Turtle a tamaño natural.


Hablando de la susodicha, Lisa Turtel era un personaje que rompía algunos moldes. Era pija, boba y egoísta como ella sola. Pero también ostentaba el honor de ser “el negro de la serie” siendo además mujer y eso es algo que da niveles en estos temas.


Por último tenemos al vergonzoso director del colegio Richard Belding. Si el director Seymour Skinner (Armin Tamzarian) de los Simpsons tuviera un equivalente patético y pusilánime en versión de carne y hueso (por si no lo es bastante el dibujo animado), sin duda sería este sujeto así que nos ahorraremos más explicaciones.


Mucha gente ha seguido en uno u otro momento de su vida alguna serie sobre varios treintañeros que hacían de adolescentes de instituto. La generación que precedía a la cual pertenezco ya estaba embobada con el calentón de horcates que tenían los niños pijos de “Melrose Place” o de “Beberly Hills 90210”. La chavalada posterior estaba más dividida; quien tenía clase mañana y tarde solía ser más seguidor de “Compañeros”, mientras que quien solo tenía horario escolar por las mañanas solía tragarse “Al salir de clase”. Si te gustaban las americanadas con risas en lata tenías a los “California Dreams”, y preferías ver pivones y como un grupo de amigos se despellejaban unos a otros a base de malentendidos podías tragarte “Las gemelas de Sweet Valley” o bien “The O. C.”. Tiempo después aparecieron otros productos Marca España como “Física o química”, “Nada es para siempre” y otra sucesión de series a cada cual más ridícula como el remake de “Fama” (UPA Dance). En ellas, todos los escenarios posibles de la existencia de un adolescente resultaban exagerados a la enésima potencia y eran interpretados por unos actores a los que ya se les empezaba a ver el cartón y por unas actrices a las que resultaba bastante vergonzoso escucharlas decir que les acababa de llegar su primera regla.

Pero he ahí la doble moralidad de esta sociedad, que empujó a Ana Chávarri a re-engancharse al Club Megatrix cuando una joven Sandra Blázquez se vio obligada a abandonar la televisión infantil al verse afectada por esa enfermedad que le pone las tetas gordísimas a las chicas. Una doble moral que ha estado muy presente en la serie que hoy me atañe tanto fuera como dentro de la pantalla, y para ello he escogido un episodio que la refleja muy bien: La droga no es la solución.

En el resumen de este episodio obviaré los diálogos sin sentido de relleno para no provocaros escalofríos y así centrarme en los diálogos sin sentido que forman la trama del episodio.

Zack, Slater y Jessie están en el pasillo del instituto dado que casi nunca tienen clase, cuando Lisa aparece emocionada cual adolescente anunciando la llegada de Jhonny Dakota, un famoso actor. El tal Dakota se encontraba buscando un instituto en el que realizar un anuncio en contra del consumo de drogas para la Eeééénebecé y acabó en Bay Side porque fue el primer instituto que vio al salir de la autopista (real). Zack organiza una coreografía de lo más remilgada con unos estudiantes para tratar de convencerlo y que ruede su spot allí, pero no es hasta que Kelly le pone las tetas delante de la cara que no acepta la invitación con firmeza.

La estrella de cine no se corta un pelo a la hora de flirtear con una adolescente de dieciséis años, mientras Zack y Screech se dedican a sacar beneficio de cada pedacito de basura que se le cae a la estrella por el instituto. Zack, Slater y Screech se van a hablar al servicio como hacen todos los jóvenes heterosexuales en el momento en que se marcha un miembro del equipo de Dakota. Se dan cuenta de que huele a azufre cuando se encuentran una chusta de porro (de unos siete centímetros, así que imaginad cómo sería el resto). Dakota los descubre pero cree en sus palabras al decir que no era suyo, por lo que organiza una reunión de toxicómanos conocidos (anónimos no eran, que se conocían entre todos). Se ponen a hablar de las desgracias de los famosos que se han pasado con el mondongo y Jessie comparte su experiencia con las pastillas de cafeína (recuerdo ese episodio, estaba tan loca que salía de los parkings por la chimenea).

Mientras los chicos se dedican a cribar sospechosos sobre el propietario del porro al estilo de los Hardy Boys, Dakota sigue arrimando cebolletas con Kelly, pero la única manera que tiene de separarla de sus colegas y tener un poco de intimidad es montando una fiesta de famosos en su casa para que se distraigan un poco. Screech arrasa entre las chicas con su atuendo de investigador privado/pervertido en un parque a las cinco de la tarde. En sus intentos de impresionar a un pivón -con ropas de la época- sufre un percance y sus amigos deciden acompañarlo al hospital, pero Jhonny convence a Kelly para que se quede. Finalmente Jhonny consigue filetazo con su “crush” (no sé ponerlo en español sin que suene muy mal), momento en el que un amigo le pasa un porro encendido y todos lo miran como si de Miley Cyrus se tratara. En realidad creo que lo miran así por ser la única droga presente en la fiesta.

No conforme con la lista de delitos ya presentes hasta la fecha, decide añadir incitación al consumo de estupefacientes a una menor de edad. Pero Kelly no es de esas mujeres que fuman, y cuando ésta lo rechaza el amigo de Jhonny comienza a hacer presión social, pues es la razón por la que TODAS LOS Y LAS ADOLESCENTES SIN EXCEPCIÓN comienzan a consumir drogas. Jhonny empieza a ponerse nervioso y le ofrece el porro a Zack (otro menor), pero Zack y Kelly se marchan de la fiesta ultrajados por la hipocresía de este mundo. Es entonces cuando la moral, la ética y la abstinencia carnal se hacen presentes en el grupo de actores que solo piensan en el buen nombre del instituto (pfffjjajaja esto no se lo traga nadie) y montan una huelga, por lo cual cancelan la grabación y el actor se ve obligado a renunciar mientras refunfuñaba al estilo victoriano.

Finalmente, el director Belding recuerda que por pura casualidad del destino conoce desde joven a Brandon Tartikoff -presidente de la Eeééénebecé de la época- y le convence para que ruede con ellos un spot en el que se dedican a insultar a la gente que consume drogas, tras lo que él mismo se ríe de lo absurdo que resultaría una serie de televisión sobre varios chicos de instituto y su director.

Por último, hagamos un breve repaso a la vida actual de los actores. Que eso siempre os mola, ¿eh, morbosillos/as? Mark-Paul Gosselaar (Zack), Mario López (Slater), Tiffani Thiessen (Kelly), Elizabeth Berkley (Jessie), Lark Voorhies (Lisa) y Dennis Haskins (Belding) siguen actuando en cine y televisión con mayor o menor regularidad y si veis mucha, mucha televisión bazofia seguro que los reconocéis por algún lado. Si cabe destacar algo es que Lark Voorhies publicó un libro newager repleto de comas que separaban cada palabra (True Light, no os miento) y que parece que Dennis Haskins se haya comido dos o tres bandadas de aves rebozadas con pico y sin desplumar, pero la guinda a este pastel la pone sin duda Dustin Diamond (Screech).


La vida de Dustin quedó profundamente encasillada por su papel en esta serie; un papel que repetiría en las secuelas en Hawai, la universidad, la película de la boda en Las Vegas y la nueva generación (acabando por trabajar en el colegio que lo vio crecer y estamparse contra mil sitios). El destino tras las pantallas le hizo tomar una serie de malas decisiones:

-En 2002 participó junto a Jaleel White en la película “Big Fat Liar” del también encasillado Frankie Muniz (Malcom) en la que se quejaban de dicho destino.

-Entre 2002 y 2006 comenzaría a meterse de todo como si no hubiera un mañana, porque fue entonces cuando produjo, dirigió y protagonizó su famosísima película porno “Saved by the Smell” bajo la creencia de que iba a relanzar así su carrera de actor.

-En 2007 partició en un reality show de famosos de segunda en el que no dejaba de tener broncas hasta con los presentadores.

-En 2009 sacó un libro en el que ponía a parir a sus antiguos compañeros de reparto, con fotografías de las que parecen te han sacado un domingo cuando te levantas a las cuatro de la tarde; posteriormente dijo que había sido escrito por un negro (como el de Ana Rosa Quintana, no negro de Afroamericano) con el que habló apenas hora y media.

-En 2014 entró en prisión por propinar un navajazo a un hombre durante una pelea en un bar (y en nochebuena, haciendo llorar al niño Jesús), y otra vez en 2016 por violar la condicional (y condicional quedó embarazada [¡ba-dúm tsss!]) motivo por el cual no pudo asistir al bochornoso re-encuentro de los actores en el programa de Jimmy Fallon. 



Si algo podemos aprender de la vida de Dustin es que hay ocasiones en la vida en las que es mejor plantarse y decir un sonoro “¡No!”, a pesar de lo que otros puedan pensar o decir de nosotros. Ciertas decisiones pueden sumirnos en una espiral de la que no se puede salir fácilmente, y pueden hundir nuestra vida en un tormento. Os hablo muy en serio esta vez; si lo estáis pasando bien con vuestros amigos y alguien os ofrece participar en una serie de la Eeééénebecé con risas enlatadas, solo decid “¡No!”.

Postdata 1: Quiero dar las gracias al Youtuber “mugabox 80s” por dedicar tiempo de su vida en subir esta y otras series a Youtube para que las nuevas generaciones sepan a lo que atenerse. Vale que este caso en concreto es como para obligarle a hacer un cameo en el programa “¡Ay, mis huevos!” de la película Idiocracia, pero también ha subido la de “Dragones y Mazmorras”, la de “Bola de Dan” y “Masters del Universo”. Ya si sube la de “Dinosaurios” abriré una petición en Change.org para que le perdonemos la vida de manera colectiva.

Postdata 2: Sigo normalizando el poder decir Eeééénebecé como lo hace Howard Stern en “Partes privadas”. Peliculón.

Postdata 3: Si me he tomado la molestia de recordaros todas esas series y enseñaros lo escabroso en la vida de Dustin Diamond ha sido por pura maldad, algo totalmente innecesario para causaros un “facepalm” en toda regla. ¡Muáhahahaha!

Postdata 4: Siento que esta basura me haya quedado tan larga, pero resultó que el tema era como la Gürtel; te pones a tirar y a tirar y al final sale la intemerata...

Postdata 5: Nada. He terminado. ¡Muáhahahaha!

martes, 6 de septiembre de 2016

"Fetikismo", o fetichismo del frikismo.

Hacía mucho tiempo que no escribía un artículo de opinión. Y es que ha pasado algo que me ha revuelto el cerebro como una tortilla de piedra bruja. Aparte de la propia piedra bruja. Mientras revisaba mis blogs habituales me encuentro con que nuestro compañero Luffy Strawhat ha tenido la fortuna de encontrarse un HeroQuest en la basura. Juro que mi primer impulso ha sido el de alegrarme por él y su buena dicha. Pero también me dio que pensar sobre las circunstancias y la persona que lo llevó hasta ese lugar. ¿Quién sería esa persona? ¿De dónde venía? ¿Qué hará en su vida cotidiana? Y lo más importante, ¿en qué cojones estaba pensando la susodicha? La respuesta a estas preguntas es, en apariencia, evidente: se trataba simplemente de alguien que no sabía lo que tenía en las manos. Me imagino a un progenitor de la persona a quien perteneciese el juego, que bien por hacer limpieza en los trastos de su chiquillo/a lo dejó allí para que se lo llevara quien quisiera. "Total, ni lo había usado..." pensaría. Puedo imaginarme otros escenarios mucho más divertidos, pero no me negaréis que éste es uno de los más plausibles. Para una vez que quiero ser bueno...

Una muestra de su hallazgo.

El caso es que me he puesto a reflexionar, a pensar en el valor que le damos a las cosas y sobre todo a aquellas que consideramos especiales por alguna razón. Da pena pensar que un juego tan icónico como ese pudiera acabar entre dos cubos de basura. Ya no por su valor económico directo, sino el sentimental. Yo nunca tuve el HeroQuest cuando era niño, pero sí que he jugado unas partidas siendo ya mayor y comprendo lo que puede significar para alguien el poder disfrutar otra vez de aquel juego con el que vivió tantas aventuras en su infancia. Es por esto que me alegro del destino que ha tenido esa caja, porque sé que ahora está en manos de alguien que la va a disfrutar.

- ¡Ñah! Menudo tontaina el que haya tirado ese juego. Lo único que me da pena es no haber estado yo allí y que lo mismo el anterior dueño nunca llega a enterarse de la tontería que ha hecho.

¡Ah!, hola Citronio, mi gracioso aunque irritante amigo imaginario que se llama igual que el mejor amigo de Naranjito. Pues hombre, yo lo que quiero decir es que da pena cuando algo que nos gustaría tener no ha sido disfrutado nunca por parte de quien lo tiene. Por el aspecto de las fotos diría que alguien compró ese juego para hacer un regalo, y tras un par de partidas quedó aparcado en algún armario por la razón que fuese hasta que acabó en la basura. Teniendo en cuenta que se trata de un juego con tanta historia para tantas personas, me da pena pensar que nadie lo haya disfrutado en todo este tiempo.

- ¡Pero si es eso lo que hace que siga teniendo algo de valor! Tú sabes que yo mismo he llegado a pagar sobre trescientos euros por varios lotes con los que poder formar un juego completo. Eso sí, teniendo en cuenta que le faltan un par de piezas y que la caja se ha raspado yo no ofrecería más de cincue- digo veinte euros por él...

Ehmmm vamos a ver, Citronio. Yo de lo que estoy hablando es precisamente de diferenciar el valor sentimental del valor económico. Y sobre todo hablar del verdadero valor que le damos a cualquier cosa. Pese a que ambos conceptos nacen de la creencia/experiencia de la gente, el valor económico sí puede ser cuantificable y sobre todo tiende a inflarse enormemente en todo lo que rodea al mundo del frikismo. Ponle las siglas "OOP" a cualquier producto de eBay y ya verás cómo aumenta el seguimiento. El ejemplo más claro lo tenemos con MTG. Puede existir una diferencia de decenas de miles de euros de una carta a otra (por supuesto, los torneos influyen a eso) pero a fin de cuentas un Rampant Growth y un Black Lotus no son más que dos trozos de cartón.

- Sí, ya. Y ahora me dirás que Games Workshop no podía ponerle precio de oro a unas miniaturas que no valían la resina en la que estaban inyectadas. Eso sí es alquimia y lo demás es cuento, tú piensas así porque no tienes ni idea de cómo funciona el mundo.

Voy a contarte algo que igual no sabes, Citronio, para que te sirva como ejemplo de lo que hablo. Cuando vivíamos en el país de la piruleta en los años de la burbuja inmobiliaria, tenía como afición coleccionar coches de Scalextric. Pero también jugaba con ellos. Te hablo de que una vez me gasté ochenta eurazos en un Tyrrell P-34 de edición numerada y limitada. Era lo que valía, o más bien lo que costaba. Habrá quien considere ese acto una soberana estupidez y no le quitaré razón, pero jugaba con él como con cualquier otro. Me gustaba todo lo relacionado con ese mundillo: montar pistas, circuitos y maquetas, cronometrar tiempos así como reparar y ver correr mis coches favoritos de F1 y demás. Del mismo modo que ahora imagino a mis Skaven sobre el campo de batalla luchando con -ejém- valentía, antes imaginaba a los antiguos pilotos de rallys arriesgando sus vidas de manera absurda por unas travesías que ríete tú del Rally de los Mil Lagos.

- ¿Sacaste el Tyrrell de la caja? ¡Entonces dejó de ser un objeto de coleccionista!

Es lo único que has escuchado, ¿no es así, Citronio? Además, eso no se lo dije al tipo al que se lo vendí junto con el resto. Lo que quiero recalcar de mi historia es que a pesar de dejarme dinerales en mi hobby de aquel entonces (entre otras cosas, porque los tenía) fue porque sabía que iba a disfrutar de mis coches, no solamente a acapararlos y guardarlos en una caja para que no les cayera polvo encima. Es más, no imaginas la rabia que me daba entonces el imaginar que le estaba vendiendo mi infancia a alguien que, posiblemente, iba a meterla en una estantería o que incluso fuese a especular con ella.

- Bah, tú lo que tenías era un montón de juguetes caros y el dinero siempre hace falta. Además, si lo hiciste fue porque ya no te satisfacía y porque ya lo tenías en cajas. Que esa clase de cosas ocupan una barbaridad de espacio y cuesta desprenderse de ellas... (sorbo victorioso al Fresisuis)

Es cierto que el dinero tendría que hacerme mucha falta como para que me plantease vender mis miniaturas de Warhammer tan a la ligera. Y también es cierto que como hobbies, el Scalextric y Warhammer no son comparables en absoluto (salvo en términos de modelismo). Pero ambos respondían a una necesidad, que era la de encontrar diversión y buenos momentos al mismo tiempo que desarrollaba una afición. Prefiero haber destrozado una pieza de coleccionista que no haberla disfrutado. Todos esos momentos están en mi memoria, del mismo modo que todos y todas tienen sus propios recuerdos de los buenos momentos que les han hecho pasar todo ello: desde unos simples dados y unas miniaturas hasta un videojuego o una casa de muñecas y pasando incluso por una espada láser de plástico y un disfraz cutre de Darth Vader, ¡por qué no! Y eso es algo que no tiene precio para todas aquellas personas que nos hemos volcado hasta la obsesión en nuestras aficiones. A día de hoy, pienso que alguien que juegue "Paperhammer Reforged" puede disfrutar a mayor nivel que el jugador de "Age of Shitmar" que ha pulsado el botón de "añadir toda la web al carro de compra". Eso, teniendo en cuenta que el segundo no notaría la diferencia. Y seguro que a la química cerebral de ambos supuestos tampoco le importaría nada de eso, pese a que sea a todas luces distinto.

- ¡Oh-oh! Te estás metiendo en terreno peligroso, amiguito. Ya veo a dónde quieres ir a parar. ¿Vas a inventarte un "palabro" moderno de esos que mezclan dos palabras y que no signifique nada, como lo de "viejoven" o "fofisano"? Como cuando te trabaste y te salió "contrincario" al mezclar "contrincante" y "adversario". ¡Menudas risas nos pegamos!

Ya lo hice en el título de la entrada, es tarde para echarse atrás. Y ya tengo la patente en trámite de "contrincario"; avisado quedas, Citronio. Además, ¿no eras tú acaso un "fetikista" de esos que no pintan las miniaturas ni les quitan las líneas de molde para que se vea que son las miniaturas originales?

- ¡Y a mucha honra! Tengo justificante médico. Además, te recuerdo que solo soy el fruto de una amalgama de tus recuerdos sobre esos jugadores que has conocido que solo aprecian la imagen de marca y de tu perturbada imaginación. Y espero que la gente me haya puesto en su cabeza con la voz del dependiente de la tienda de cómics de los Simpson.

Te pido disculpas, Citronio, tampoco es que quisiera ofenderte. Es que opino que hay que disfrutar de las cosas, y cuando pienso en toda esa gente que utiliza el frikismo como decoración de interiores me pongo malo y luego me acuerdo de los padres de los guionistas de Big Bang Theory. Por cierto, ¿para qué fechas dices que te va a llegar el HeroQuest 30º Aniversario? ¡A ver si me invitas a echar una partida!

- Si no lo sueltas, revientas, ¿verdad?

Chí. ^-^
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