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lunes, 27 de noviembre de 2017

Los No Muertos del Gran Nigromante

Este fin de semana aproveché pare echar una partida gigantesca de Warhammer Reforged: mis No muertos contra los Skaven del Niño Borracho, 8000 puntos por cabeza. Quise aprovechar el mover tal volumen de miniaturas para hacer unas fotos a mi ejército No muerto. ¡Y aquí está! (abrir las imágenes en una nueva pestaña para ver en tamaño grande)

UNIDADES BÁSICAS

Necrófagos

Caballería esquelética con un Señor Tumulario

Arqueros esqueleto

Lanceros esqueleto

Esqueletos con arma de mano

Más necrófagos

Zombis

Más zombis

Más lanceros esqueleto
UNIDADES ESPECIALES

Carroñeros

Tumularios

Más tumularios

Caballeros tumularios con Señor Tumulario  (hacen muchas veces de los Caballeros del Grial Negro con el Señor Falk)

Hueste espectral

Carruajes no muertos

UNIDADES SINGULARES

Lanzacráneos

Espíritus

Momias

Gigante de hueso

Heraldos de Nagash (Morghast)

Más espíritus

PERSONAJES

Van Damneg, el Rey del Terror

Nagash, el Gran Nigromante

Gunther Laranscheld y Luthor el jorobado

Krell y Heinrich Kemmler

Arkhan el Negro

Annelys, la Doncella Espectral

Lich

Rey necrófago y Espectro

Nigromantes

Arkhan el Negro en su carruaje

Rey tumulario montado en Pesadilla alada

Rey tumulario en Dragón zombi

Señor Falk, el Caballero Oscuro

Nigromante en Carro de cadáveres

Señores tumularios

¡Y eso es todo! Bueno, todo no. Me falta el Híper-Nagash, que debido a su enorme volumen no cargué con él, pero podéis verlo AQUÍ. No muertos por valor de más de 8000 puntos, coleccionados y pintados a lo largo de los años.

jueves, 20 de octubre de 2016

La sombra de la muerte (relato clásico)



Apoyándose en su bastón, Heinrich Kemmler salió con decisión de la caverna, hacia la mortecina luz del ocaso. Su apenas contenida furia hacia los ejércitos del Imperio se había convertido en una suave irritación. Tras años de vagar por las Montañas Grises había llegado a la conclusión de que la ira sólo enturbiaba su mente. Con una mente clara siempre podía evitarse cometer un error. Hoy no habría fallos.

Los ignorantes hombres bestia que plagaban el bosque de Reikland habían obligado al Emperador y elector de Reikland a organizar un ejército en un intento de acabar con esas viles criaturas. Aunque sólo lograban pequeños éxitos, la simple presencia de tropas imperiales en la zona le había obligado a detener su trabajo. El tiempo era irrelevante, Heinrich estaba más allá del concepto de tiempo. Era el posible descubrimiento de su proyecto secreto lo que más le preocupaba y le obligaba a dedicarle una atención especial. Cada vez, el Imperio se acercaba un poco más: todos sus siervos habían tenido que retirarse para no ser descubiertos. No hacía mucho, las fuerzas del Imperio se habían acercado tanto que no había tenido otra opción que renunciar a algunos de sus siervos. Unos cuantos huesos dispersos alrededor del bosque no habían despertado sospechas entre los ineptos soldados humanos. Tendrían que buscar con mucha más determinación.

Para poder completar su trabajo era necesario que las tropas imperiales abandonasen el área. Atacarles sería estúpido,pues tan pronto como sus siervos fueran avistados, el Imperio organizaría un gigantesco ejército para destruirlo. La única solución era la de eliminar la razón de la presencia de las tropas imperiales: Heinrich debía expulsar del bosque a los hombres bestia. Desde hacía ya varias noches, Kemmler enviaba algunos de sus esqueletos a espiar las actividades de los hijos del Caos. Las ignorantes criaturas ni siquiera se habían dado cuenta, ya que la ausencia de carne de sus siervos hacía inútil el agudo sentido del olfato de los hombres bestia. Las criaturas parecían congregarse en torno a una gran estructura megalítica para alimentarse y combatir entre ellos. Heinrich sabía que el mejor momento para atacar sería una vez que estos se hubieran alimentado, cuando estuviesen lentos y pesados. Él y sus siervos atacarían y expulsarían a las viles criaturas del área. Sólo entonces podría completar su obra.

***

Con un entrechocar de huesos y un hedor a muerte, Heinrich Kemmler y su aprendiz, Rilth, dirigieron su legión de no muertos hacia el interior del bosque, hacia los hijos del Caos. Ya no ocultaban su presencia, ramas y vegetación eran destrozadas bajo los pies de los no muertos en su infatigable avance hacia los hombres bestia y su piedra de la manada.

***

Los cuernos de guerra de los hombres bestia resonaron por todo el bosque. Alarmados por la llegada de los no muertos, las hordas de hombres bestia se reunieron alrededor de sus señores de la guerra. Gigantescas hordas de gors y ungors se dispusieron en una tosca línea de batalla. Los bestigors afilaron sus largos cuernos a la espera de la batalla que se avecinaba. Desde sus nidos en las ramas más altas de los árboles llegaron las quejumbrosas arpías, trazando círculos sobre el campo de batalla, listas para arrojarse en picado sobre los intrusos.

De repente, el suelo empezó a temblar debido a las fuertes pisadas, y el aire se llenó con fuertes bramidos de bestias salvajes. Del templete que se erguía junto a la piedra de la manada surgieron los descomunales minotauros, enfurecidos por la presencia de los no muertos en los lugares sagrados del Caos. Babeando sangre y espumarajos por sus enormes fauces repletas de colmillos, las gigantescas bestias blandieron amenazadoramente sus hachas hacia los no muertos. Balbuceando, los deformes engendros del Caos fueron sacados de sus pozos y azuzados hacia el enemigo, y los lerdos trolls del Caos despertaron de su letargo. Los hombres bestia estaban preparados para la guerra.

***

Los carruajes de hueso y la caballería esquelética fueron los primeros en encontrar la piedra de la manada y a sus temidos guardianes. Las musculosas formas de los trolls del Caos y demás horrores demasiado terribles para ser descritos surgieron de la oscuridad. Sin titubear, los guerreros esqueleto espolearon a sus descarnadas monturas hacia el enemigo. También los carruajes de hueso se abalanzaron sobre las criaturas del Caos a gran velocidad. Las sacrílegas lanzas de caballería y las antiguas cuchillas de los carruajes atravesaron las viles criaturas del Caos con facilidad. Sin embargo, gracias al sobrenatural poder del Caos, las heridas de sus monstruosas criaturas fueron sanadas, y mantuvieron su posición. Gritando y aullando, las fuerzas del caos devolvieron el golpe, rompiendo huesos y cráneos con cada impacto.

***

Khorgor, el caudillo de los hombres bestia, miró a su alrededor. El campo de batalla estaba repleto de cadáveres, mientras los dos ejércitos, uno gritando y bramando, el otro en sepulcral silencio, combatían por la victoria. A su alrededor, sus guerreros estaban trabados en feroz combate con las fuerzas del terrible nigromante. El odio se abrió paso en el interior de Khorgor al descubrir al nigromante cerca del combate. ¡Ése era el débil humano que osaba desafiar a los dioses del Caos! Khorgor gruñó una orden, y su hueste de hombres bestia se lanzó hacia adelante. Por fin comenzaba la verdadera batalla.

***

Aullando triunfantes, los victoriosos hombres bestia esparcieron los huesos rotos que yacían en el campo de batalla. Aferrando su enorme hacha con sus retorcidas garras, Khorgor corrió hacia la piedra de la manada y alzó su terrible voz hacia los cielos, ordenando a los ungors que comenzaran la búsqueda de supervivientes por el bosque.

De repente se desencadenó una pelea entre un grupo de gors. Las criaturas mordían y gruñían, luchando por el botín hallado entre los huesos. Athon-gar, el gran chamán, los hizo retroceder y se inclinó para observar el objeto que había desencadenado la pelea. Gritando con una excitación animal, el chamán arrastró el cadáver decapitado y su cabeza cercenada y lo llevó hasta la piedra de la manada. Cuando el chamán llegó al enorme monolito, los hombres bestia a su alrededor comenzaron a cantar y bramaron con placer cuando el cuerpo fue arrojado a los pies de su ídolo. Subiendo a la cima de la piedra de la manada con grandes saltos, el chamán colocó la cabeza con sorprendente cuidado sobre su pináculo. El descomunal bramido procedente de los hombres bestia de abajo vibró por todo el bosque.

Una vez aplacada la conmoción, los gors caminaron hacia el bosque, en busca de leña para el festín del día siguiente.

***

Cuando Rilth se retiró del oscuro campo de batalla, sus servidores esqueleto permanecieron para combatir contra los viles hombres bestia y permitirle escapar. Aullando y gruñendo, los hombres bestia acabaron lentamente con los no muertos hasta que no quedó nada contra lo que combatir. Mientras Rilth huía entre las sombras del bosque, oyó al caudillo de los hombres bestia aullando en la noche. Un coro terrible de llamadas animales se unió a su señor para señalar el fin de la caza.

***

Más tarde esa misma noche, antes de que los hombres bestia se alzaran para devorar el cuerpo de su derrotado enemigo, abrió lentamente sus ojos resplandecientes y miró hacia abajo desde lo alto de la piedra de la manada, hacia su cuerpo destrozado. El montón de huesos que habían hecho los hombres bestia empezó a moverse y un esqueleto solitario se alzó sobre sus pies, de nuevo no muerto. La tambaleante criatura comenzó a moverse torpemente hacia el cuerpo de Kemmler y tiró de sus retorcidos miembros. ¡El Viejo Mundo volvería a oír hablar del Señor de Nigromantes!

viernes, 30 de septiembre de 2016

La batalla de la Maisontaal (y 2)

Segunda parte de este relato clásico. Puedes ver la primera parte AQUÍ.




Horrorizado, Bagrian se giró para mirar en dirección al pequeño cementerio situado en las tierras de la abadía, pues varias manos emergían de la tierra húmeda. Los cuerpos de los monjes muertos se levantaron de sus tumbas ante la voz de mando arcana de Kemmler, girando sus ojos vidriosos sin vida hacia los que una vez fueron sus compañeros. La consternación afligió a Bagrian, ya que aquellas acciones tan obscenas no deberían ser posibles en la tierra consagrada de la Maisontaal. ¡El Señor de Nigromantes era realmente poderoso! Los cuerpos putrefactos de innumerables zombis rugían mientras avanzaban tambaleantes hacia los monjes, y la batalla se recrudeció.

Bagrian ordenó a los monjes que entrasen en la capilla de Taal y sellaron la inmensa puerta tras ellos. Sabía que, si los dos ejércitos se aliaban, vencerían a los defensores de la abadía, pero las alianzas no formaban parte de la forma de ser de aquellas criaturas recelosas, malignas y traicioneras. En efecto, la impía alianza rápidamente se deshizo y los dos enemigos antinaturales se enfrentaron.

Mientras los poderosos hechiceros Kemmler y Gnawdoom se batían, Bagrian se las arregló para superar las defensas mágicas de ambos. Libre de sus ataduras físicas, su espíritu emergió de su cuerpo y se elevó hacia el cielo. Encumbrado en las alturas, Bagrian escudriñó la tierra en busca de ayuda para la abadía asediada. Una hora más tarde, sus ojos espirituales encontraron lo que buscaban: acampado a menos de un día de distancia de la abadía se encontraba un ejército de caballeros bretonianos. Su espíritu descendió a tierra y se adentró en la tienda de mando para encontrarse cara a cara con el altivo Duque Tancred.

Tras escudriñar el corazón del Duque, Bagrian comprobó que poseía un espíritu noble y verdadero, lo que le hizo cobrar nuevas esperanzas. La Dama del Grial que acompañaba al Duque Tancred dio un grito sofocado, pues había percibido el espíritu de Bagrian, aunque nadie más en la tienda lo había visto. Con rapidez, Bagrian la puso al corriente de la situación en la abadía de la Maisontaal, y la damisela explicó el mensaje al Duque. Al oír pronunciar el nombre del odiado Heinrich Kemmler, el Duque se apresuró a salir de la tienda y convocar a sus soldados para que montasen en sus caballos y se dispusiesen para el combate.

***

Bagrian observó los restos de la que una vez fuera su orgullosa abadía. Mientras miraba, los dos ejércitos avanzaron una vez más para acabar definitivamente con la contienda. Sin cavilar un instante, una misma idea asaltó las mentes de Kemmler y Gnawdoom: querían la extraña caja que contenía la piedra bruja.

Las fuerzas de los skaven y los no muertos volvieron a enfrentarse mientras lentamente la oscuridad se cernía sobre ellas y su lucha se acercaba peligrosamente al recinto de la abadía. Desde el interior de la capilla les llegaba el sonido de los cánticos entonados por los monjes de Taal, que se encomendaban a su dios. Bagrian estaba en paz consigo mismo, aunque le dominaba la rabia hacia las abominaciones que pululaban en el exterior. Sabía que, si su Dios decretaba que había llegado su hora, afrontaría su destino sin miedo. Si su Dios decidía que viviera para luchar hasta recobrar el orden natural de la tierra, entonces sobreviviría a este oscuro día.



De repente, un grito resonó en el interior del templo, interrumpiendo los cánticos.

¡Mirad al oeste, padre Bagrian! ¡Por Taal, estamos salvados!”

Corriendo hacia las ventanas del ala oeste, Bagrian vio una enorme nube de polvo flotando en la distancia. Los altivos caballeros de Bretonia cabalgaban al frente de la nube de polvo con sus pendones ondeando al viento, mientras galopaban en dirección a la abadía. Vio que algunos de los guerreros de los ejércitos skaven y no muertos volvían sus rostros hacia esta nueva amenaza, mientras que otros continuaban luchando.

Sintiendo el poder de su Dios fluyendo a través de él, Bagrian se volvió con resolución hacia los monjes que se amontonaban tras él.

¡En el día de hoy me uno a nuestros aliados y maldigo a estas abominaciones en el nombre de Taal! ¡Proteged el Arca Negra en mi ausencia!”

Con estas palabras desapareció a través de las enormes puertas dobles que custodiaban la entrada a la capilla. A una orden suya, las puertas se abrieron y Bagrian las atravesó. En las ruinas quemadas de la abadía podían distinguirse los cadáveres apilados, unos abrasados, otros en estado de descomposición. Las enormes puertas se volvieron a cerrar a su paso y Bagrian miró con odio las figuras de Kemmler y Gnawdoom. Percibieron su poder en el campo de batalla y, de inmediato, dio comienzo su asalto mental.

Con rapidez, el ejército skaven se separó de las tropas no muertas, retrocediendo para reagruparse. Los bretonianos retumbaban a su paso sobre la planicie rocosa y los tres ejércitos se encararon los unos con los otros, con la abadía en el centro de todos ellos. De pie en los escalones que conducían a la capilla, Bagrian alzó sus brazos en el aire. Hubo un repentino destello de luz que se retorció y se dirigió hacia las filas de los skaven y los no muertos. A una señal apenas audible, los tres ejércitos cargaron los unos contra los otros, y dio comienzo la atroz y desesperada batalla de la Maisontaal.

jueves, 29 de septiembre de 2016

La batalla de la Maisontaal (1)

¡Hola a todo el mundo! Hoy os traigo la primera parte de un relato bastante clásico: La batalla de la abadía de la Maisontaal, que enfrentó a los skaven, los bretonianos y los no muertos.


El año 2491 fue un año de oscuridad para los devotos de Taal, el Dios de la Naturaleza, cuyo templo se encontraba en las montañas que separan Bretonia del Imperio. A continuación sigue un relato de aquellos horribles acontecimientos.

Bagrian, sumo sacerdote de Taal, caminaba en dirección a la desvencijada ventana para observar cómo el último rayo de luz desaparecía en el horizonte. Su rostro era una máscara de furia glacial. Afilados cristales de colores crujían bajo sus sandalias. Las preciosas vidrieras eran un espectáculo que derrochaba inspiración y devoción hacia Taal, y su construcción había llevado años de dedicación y esmero. Ahora estaban en ruinas, como la mayor parte de la abadía. Sólo la capilla continuaba en pie, el resto de la abadía de la Maisontaal estaba en ruinas, y el aire de aquella fría noche estaba impregnado del olor a madera quemada y a ceniza.

El sumo sacerdote alzó su mirada hacia los campos que rodeaban la abadía y su expresión se endureció. Oscuras siluetas destacaban contra el cielo rojizo del anochecer: allí fuera podía distinguir los contornos de unas criaturas diabólicas, abominaciones de la naturaleza que no tenían derecho a caminar sobre la tierra. Aquellas criaturas suponían todo lo contrario a sus creencias, y su misma existencia era una afrenta a ojos de su Dios.

***

Rodeado de arcanos hechizos de protección, Bagrian había logrado deslizarse sin ser visto hasta introducirse en las entrañas de la poderosa fortaleza de los hombres rata, una oscura y tambaleante ciudad que existía bajo las marismas, conocida con el nombre de Plagaskaven. Su viaje le había servido para reafirmarse en su creencia de que estas criaturas no eran de este mundo, y había a prendido mucho sobre los skaven durante su breve incursión. Había descubierto una sustancia conocida como piedra bruja, imbuida del poder del Caos que, posiblemente miles de años atrás, había convertido a aquellas criaturas con forma de rata en los horribles seres que eran ahora. Esperaba que sus investigaciones sobre aquella peligrosa sustancia le proporcionaran alguna pista y pudiera erradicar para siempre aquellas criaturas antinaturales de la faz del mundo. Con esa idea bullendo en su mente, Bagrian, gracias a su magia, logró transportar una caja pequeña de color negro que contenía piedra bruja para ser estudiada en la abadía de Taal, en la cumbre de las montañas grises. Las criaturas rata se pusieron como locas al descubrir que la caja había desaparecido. A pesar de la protección mágica con la que contaba, Bagrian a duras penas se las arregló para escapar con vida de la ciudad de los skaven. Pero ¿cómo podía haber sabido que aquella caja negra era un objeto sagrado para los retorcidos skaven? ¿Cómo saber que se trataba del terrible Arca Negra, consagrado a la Rata Cornuda, la insaciable y voraz deidad de los hombres rata?

Fue cuestión de días que las criaturas aparecieran. Sólo Taal sabía cómo lo habían encontrado pero el caso es que, aún alejándose tanto de su maldito agujero subterráneo, lo habían encontrado. Tres noches más tarde, Bagrian se despertó y tuvo una visión en la que Taal se le aparecía para prevenirle del peligro. Se precipitó al pasillo que había fuera de su habitación y allí descubrió que el vigía nocturno yacía en el suelo, degollado.



Vio figuras encorvadas ataviadas de negro que empuñaban armas cuyas afiladas hojas relucían a la luz de la luna. Invocó los poderes que le había otorgado su dios y creó una enorme bola de luz que se cernió sobre la abadía, ardiendo como si se tratase de un dorado sol en miniatura e iluminando con sus rayos los terrenos circundantes. Los skavens ataviados de negro aparecieron ante su vista y Bagrian dio buena cuenta de ellos con extraordinaria rapidez gracias a su potente magia.

A la mañana siguiente, el miedo se hizo patente en toda la abadía. Y el terror y la desesperación podían adivinarse en los rostros de los monjes que continuaban con vida tras el ataque de los inmundos skaven. Con la llegada de un nuevo anochecer, volvió a percibirse movimiento en la distancia y, entonces, apareció la primera oleada de atacantes. Bajo el mando de Meek Gnawdoom (un poderoso Vidente Gris) y de Throt el Inmundo (el terrible señor de las bestias del clan Moulder), los horrendos hombres rata cayeron sobre la abadía y atravesaron sus muros como una horda imparable.

Los monjes de Taal permanecieron impávidos ante ellos y lucharon con sus mazas y martillos. El aire se llenaba de destellos de magia mientras Gnawdoom lanzaba su terrible magia contra la de Bagrian. Throt dirigió a sus creaciones, enormes ratas mutadas, sobre los defensores de la abadía: atravesaron con facilidad las murallas, trepando a gran velocidad y arrojándose sobre los defensores. La batalla duró varias horas, y los muros exteriores de la abadía quedaron reducidos a un montón de ruinas. La superioridad numérica de los skaven y su ferocidad habían obligado a los monjes a retroceder lentamente.

Mientras la luna alcanzaba su cénit un segundo terror descendió sobre la abadía asediada. El alma de Bagrian se vio sobrecogida por un sentimiento de profunda desesperación y, mientras miraba el cielo estrellado, vio cómo quedaba oscurecido por unas siniestras sombras. Con el batir de sus putrefactas alas, los enormes Carroñeros de las montañas del Fin del Mundo se abalanzaron sobre los monjes, mientras sus jinetes espectrales arrancaban sus almas de sus cuerpos con precisos golpes de guadaña, tras lo cual remontaron de nuevo el vuelo. Los monjes, presas del terror, comprobaron que un ejército de no muertos marchaba desde las montañas en dirección al norte. Los skaven avanzaron con una confianza acrecentada ahora que sus aliados habían llegado.

A la cabeza de la legión no muerta marchaba resueltamente el infame Heinrich Kemmler, Señor de Nigromantes. Durante años, este maligno hechicero había sembrado el terror en las fronteras de Bretonia, devastando aldeas y ciudades mientras su ejército de muertos vivientes aumentaba en número con cada asentamiento que arrasaba. A su lado se encontraba la impresionante figura de Krell, el Dos Veces Condenado: había consagrado su alma al servicio del Caos y su cuerpo decadente se aprestaba a caminar sobre la tierra una vez más. No existían dudas sobre los planes del nigromante: su intención era utilizar el poder de la piedra bruja para aumentar peligrosamente sus ya de por sí potentes capacidades mágicas.

(Ir a la segunda parte)

miércoles, 6 de julio de 2016

Estrenando tapete con Warhammer Reforged

Este pasado fin de semana, Ragnor, Yibrael, Trosef Butterflanks y un servidor tuvimos la ocasión de jugar una partida con Warhammer Reforged, y la aprovechamos. Además se presentó la oportunidad de estrenar la nueva adquisición de Ragnor para la Cábala del Nigromante; un tapete impreso de un campo de batalla. Sin que pretenda dar publicidad de una empresa concreta, existen varias compañías que fabrican este tipo de tapetes. Es lo más parecido a una alfombrilla de ratón gigante y podemos elegir diversos dibujos predefinidos (pantanos, campiñas inglesas...), aunque también aceptan diseños propios para imprimir tapetes exclusivos (por supuesto, más caros).



Como podéis comprobar, la batalla ocurrió entre las alianzas de los Skavens y No Muertos frente al Imperio y Ogros. De nuevo, con un total de 10000 puntos sobre la mesa (nos encantan las batallas grandes). Dado que el total de niveles de magia no era muy elevado decidimos utilizar solamente 2D6 para los vientos de la magia. Resultó también que todos nos hicimos unas listas un tanto atípicas, utilizando diversos tipos de unidades y con dos personajes especiales sobre la mesa: Thyrus Gormann y Annelys, la Doncella Espectral..




La batalla comenzó con el avance del bando imperial y ogro. Las bajas que se causaron en los primeros turnos se debieron a las máquinas de guerra. La magia en el primer turno resultó irrisoria, pero le permitió al nigromante de Yibrael guardarse un dado en la Espada de Cristal Oscuro.




Durante el primer turno Skaven-No Muerto, nos dedicamos a tomar posiciones. Mientras que en la fase de magia Yibrael esperaba hacer un buen uso de su Liber Mortis, el matarife de Trosef enguyó su Coraonaverno y eso trastocó un poco los planes; consiguió que sus carroñeros y los carros cargasen contra el Hellblaster y los Yetis respectivamente, pero el lanzamiento de un nuevo hechizo provocó no solamente que fallara al sacar 1 con el  Liber Mortis, sino que el Corazonaverno provocó una disfunción que agotó la reserva de dados y que todos los hechiceros de nuestro bando recibieran un impacto de F6. Por su parte, Annelys se dedicó a chillarle al oido a los caballeros Imperiales.




Por mi parte, mientras que los Jezzail lograron rascar algunas heridas a los Sueltafuegos, la amerratadora se quedó atascada en el dos (cuatro doses que saqué en distintas fases de disparo, con sus respectivas tiradas en la tabla de problemas). Los Lanzadores de viento envenenado se dedicaron a bombardear mis propias filas (tener más del doble de potencia de unidad que tu adversario tiene sus desventajas), mientras que la unidad con el Portaestandarte de batalla (que llevaba el Estandarte de Superioridad de Clan) lograba hacer huir a los Tripasduras (tener más del doble de potencia de unidad que tu adversario tiene sus ventajas). Como buenos generales que se precien, Tiffus Dientepartido y Skitggar Hakflem se quedaron observando las batallas desde lo lejos a la espera del momento oportuno para entrar en combate.








El momento decisivo de la batalla ocurrió durante el segundo turno de Ragnor y Trosef,  cuando Thyrus desató el poder del fuego sobre el malvado Nigromante (aunque no todos los nigromantes sean malvados, este lo era), que quedó consumido por la Deflagración de la Perdición. Algunos de los soldados imperiales también sufrieron las consecuencias por la acción de la disfunción mágica, pero seguro que para Thyrus fue un pequeño precio a pagar. Pese a que los Skavens obtuvieron la superioridad frente a los ogros, el Imperio se impuso sobre los No muertos pues con la pérdida de su general el ejército, aunque todavía firme, comenzó a desintegrarse. poco a poco en los turnos siguientes.


En esto se convierte una miniatura sobre la que lances la Deflagración de la Perdición. Manupilar con cuidado.

En resumidas cuentas, fue una partida la mar de divertida y sobre todo bonita de ser vista gracias a la presencia del nuevo tapete.
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