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jueves, 7 de diciembre de 2017

Reforjando... ¡Enanos!




En esta segunda entrega de "Reforjando..." (tras la primera, en la que hablaba de los Pielesverdes) voy a hablar del libro de ejército de los Enanos: esos pequeños y barbudos guerreros de las montañas, tan significativos en la historia del mundo de Warhammer.

Aunque el mundo de Warhammer es muy amplio y ha tenido numerosos autores a lo largo de sus treinta y dos años de vida (1983-2015), lo cual ha producido numerosos conflictos de canon; los enanos son uno de los ejércitos que ha resistido el paso del tiempo sin demasiados cambios. Podría decirse que siempre han sido uno de los ejércitos más conservadores de Warhammer (¡en TODOS los sentidos!). Por ello, cuando nos pusimos manos a la obra con el libro de ejército de los enanos para Warhammer Reforged teníamos una idea bastante clara de cómo iba a ser el ejército: los enanos tienen una personalidad y una forma de combatir (y de vivir) muy peculiar, y si queríamos reflejar correctamente eso no podíamos salirnos mucho de este esquema.

Los enanos son tradicionales, muy enanos y mucho enanos. Son tipos tozudos y cabezotas, que respetan la edad y las tradiciones, y que nunca perdonan. Tradicionalmente, los ejércitos enanos están compuestos de filas y filas de guerreros con pesadas armaduras apoyados por sus ingeniosas máquinas de guerra, que aguardan al enemigo bombardeándolo y lo rematan bajo los filos de sus hachas. Los enanos no son innovadores, y no tienen muchas opciones tácticas. Pero lo que hacen, lo hacen MUY BIEN.

Como el espíritu del ejército es muy conservador, hemos sido muy conservadores al elaborar el libro de ejército de los enanos: si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Por supuesto que quisimos acabar con el spam de artefactos voladores, y tuvimos claro desde un principio que los enanos de Warhammer Reforged JAMÁS, (y digo bien claro: ¡JAMÁS!) tendrán caballería.

"Siempre ha sido así, y siempre lo será. Siempre ha funcionado, y aquellos que se opongan, lo lamentarán."
                                                                                                      

Las reglas especiales del ejército (Avance imparable y Resistentes a la magia) son, básicamente, las mismas reglas que han tenido siempre los enanos en Warhammer, que les permiten marchar siempre, aunque haya enemigos cerca (que ayuda a paliar su escaso movimiento) y defenderse de la magia enemiga. En Reforged no es necesario que los Enanos tengan una regla que les haga huir menos distancia, ya que el Movimiento está integrado en las huidas y persecuciones (las huidas y persecuciones tan random que tenía Warhammer eran un problema  durante las últimas seis ediciones, y que hemos subsanado).

Las Unidades básicas de los enanos son, más o menos, las de siempre: un núcleo de Guerreros de clan, Atronadores y Ballesteros, con los Barbaslargas como unidad "no-básica" (es decir, básica con restricciones: necesitas incluir una unidad de guerreros de Clan por cada unidad de Barbaslargas que quieras incluir). Hemos dado la opción de equiparse con armaduras pesadas incluso a las tropas de proyectiles, como en algunas de las ediciones de Warhammer, ya que encaja muy bien con el concepto de "ejército revestido de acero y gromril" de los enanos.

Los taponez tienen una buena cantidad de Unidades especiales: los Mineros (que, como todas las tropas con Avance subterráneo, pueden cargar en el mismo turno en el que entran en juego), los Rompehierros (con 1+ de armadura, completamente acorazados), los Matadores (¡que son mejores cuanto más bruta sea la tropa a la que se enfrenten, no sólo por las hachas de matador, si no también porque realizan un ataque de gracia al morir), los Montaraces (aquí hay novedades: no, no es una errata, son enanos con Movimiento 4, hostigadores, y que mueven y disparan con sus ballestas. ¡E incluso pueden llevar pistolas!) y los Martilladores (¡por fin con la opción de equiparse con armadura de Gromril si el general del ejército es un Rey enano!). También se encuentran aquí las más fiables y antiguas de las máquinas de guierra enanas (y a las que se pueden poner runas): Cañón, Lanza-agravios (catapulta) y Lanzavirotes.

En las Unidades singulares podéis encontrar Cañones órgano y Cañones lanzallamas, las máquinas de guerra más modernas y experimentales (según el concepto de "moderno" de los enanos: ya había cañones órgano en tiempos de Sigmar, y de hecho le dispararon con uno a bocajarro al pobre Krell). Tenéis también el Girocóptero, con la opción de modificarse para ser un Girobombardero (el girocóptero normal lleva dos bombas, mientras que el girobombardero puede llevar hasta 8, pero no dispone de cañón de vapor). Al tratarse de la misma unidad, un ejército enano sólo puede incluir un único girocóptero/girobombardero, o hasta 2 en un gran ejército (3000+ puntos). Por último, y tras mucho deliberar, hemos incluido los Dracohierros. En un principio no nos gustaron demasiado, pero tras debatirlo y meditarlo llegamos a la conclusión de que son muy adecuados al temperamento y a la forma de luchar de los enanos: utilizan potentes armas de pólvora y pesadas armaduras para combatir por el destino de su raza frente a un mundo hostil. Y son capaces de volar en pedazos a los enemigos del pueblo enano, claro XD

Con los Personajes enanos sucede más o menos lo mismo: son lo que han sido siempre. Señores de los enanos, Herreros rúnicos, Matadragones, Señores de las runas, Señores de clan, Matademonios e Ingenieros. En estos últimos hemos incluido la opción de equiparse con algunas de las armas experimentales tan famosas de este gremio (y que aparecen ocasionalmente en el trasfondo), como las bombas de mano, el Arcabuz de repetición o el temido Fuego etílico.

La sección de Monturas de los personajes incluye el Escudo real (palanquín) y el Yunque runico, capaz de desatar una tormenta de venganza sobre el enemigo con sus cuatro poderes rúnicos diferentes. Hemos recuperado la antigua opción de equiparlo con ruedas, y también puede unirse a una unidad de enanos, confiriéndole la regla especial Indesmoralizables: un hueso duro de roer, por el que tendréis que pagar una buena cantidad de puntos.



Y vamos con las Runas, el aspecto más peculiar de los Enanos. Hemos vuelto a las clásicas Leyes de las runas de 4ª y 5 edición, eliminando la restricción de puntos para elegir runas: tan sólo es necesario respetar el límite de máximo 3 runas por objeto. Las runas magistrales están reservadas para los Comandantes y el estandarte de batalla, y tan sólo una por objeto. También hemos recuperado muchas runas antiguas, por lo que la variedad a la hora de equipar a tus personajes enanos es mayor que en ninguna edición de Warhammer. Por supuesto que puedes crear súper-personajes "casi" invencibles (en el"casi" está el truco),pero tendrás que ver si estás dispuesto a gastar 600, 700 o incluso más puntos en una sola miniatura. También hemos incluido una pequeña sección de objetos rúnicos legendarios para equipar a tus personajes, como el Cetro Dorado de Norgrim (de la 4ª edición) o el Martillo del Destino (de la novela Matademonios).

Por último, los Personajes especiales: un total de 15 personajes para vuestras partidas, todos ellos icónicos: desde el Alto Rey Thorgrim hasta Gotrek y Félix, pasando por Josef Bugman y sus cerveceros, Malakai Makaisson, el Enano Blanco, Burlok Damminson, el Rey Kazador y muchos más. Hemos excluido deliberadamente a los personajes de otras épocas (como Drong el Duro, Brokk Puño Pétreo o la Reina Helga), que aparecerán más adelante en sus respectivos escenarios.

¡Y esto es todo! Pronto seguiré Reforjando... :)





miércoles, 11 de octubre de 2017

Cómic "Warhammer - La Forja de la Guerra" por descarga directa

Ayer he vuelto atrás en el tiempo varios años. Lo digo porque gracias a un amigo he echado a rodar el eMule otra vez. ¿Os acordáis? Es sorprendente las cosas que allí se encuentran estancadas en el tiempo. Oh, sí, qué recuerdos, ains... ¿Recordáis pasar un día entero esperando a descargar la película de Garfield para verla por la tarde con vuestros amigos y que cuando por fin termina de bajar resulta ser una película porno de ancianos alemanes? ¿O esos pequeños fragmentos rojos que aparecían en la barra de progreso cuando ya lo tenías casi todo y como diciendo "no chaval, por mis muertos que te vas a descargar este concierto de Judas Priest"? Pues eso amigos y amigas es el pasado, y como sentenciaba Usillos en "El milagro de P.Tinto", el pasado es una mierda.

De todos modos sí hay cosas que merece la pena sacar del pasado para que sigan estando presentes. Un ejemplo de ello es este cómic que os traigo y que narra las batallas que libraron un grupo de soldados enanos y humanos de Averland contra el Caos. Todo ello bajo el guión de Ian Edginton y Dan Abnett (responsable de los guiones de Malus Darkblade entre muchos otros trabajos) y con Rahsan Ekedal como dibujante. Afortunadamente para tod@s el cómic está en español, y desde aquí agradezco a los internautas Capdiajo y Redvirux que se tomaran la molestia de subirlo a la red.



P.D. Este comic ya ha sido añadido a la carpeta junto con el resto de cómics y novelas en castellano que he recopilado. ¿Todavía no la conoces? ¡Echa un vistazo a la entrada y entérate! ;-)

viernes, 12 de mayo de 2017

TORBELLINO DE DIENTES (relato no-tan-clásico)

Mini-relato aparecido en el libro de los Orcos y Goblins de la 8ª edición


Los rompehierros formaron un muro viviente a lo largo del corredor, sus espaldas contra el último portón que protegía el interior de la fortaleza. Durante días los goblins nocturnos habían intentado abrir brecha en ese túnel, pero los enanos habían aguantado con firmeza, sus prácticamente impenetrables armaduras de gromril resistiendo los ataques y embates de los pielesverdes, al tiempo que sus hachas y martillos reclamaban las vidas de innumerables goblins. Los enanos estaban cansados, pero se negaban a retroceder ni un paso. Habían luchado contra los goblins nocturnos el tiempo suficiente como para no subestimarlos, pues siempre guardaban algún truco sucio oculto bajo la manga.

Del otro lado de la pila de cadáveres goblinoides que bloqueaban el túnel empezaron a oírse una serie de extraños sonidos, y de pronto asomaron por allí dos inmensos garrapatos de aspecto terriblemente amenazador. Las criaturas rugieron de rabia mientras los goblins nocturnos las pinchaban y azuzaban para que se lanzasen al combate. En cuanto los garrapatos notaron el olor de los enanos no hizo falta más acicate, y se lanzaron contra ellos a gran velocidad.

Las dos bestias, encadenadas entre sí, tropezaban y chocaban constantemente contra las estrechas paredes del corredor, pero no sólo no perdían velocidad si no que cada vez aceleraban más, mientras seguían girando la una sobre la otra hasta que todo lo que los enanos pudieron ver fue una amalgama de dientes, cadenas y restos ensangrentados de algunos de los goblins nocturnos que también estaban encadenados a los garrapatos.

Los enanos tuvieron tiempo de alzar sus escudos contra aquel torbellino viviente de destrucción, pero no sirvió de nada: los garrapatos los segaron como si fueran trigo y atravesaron el portón con un atronador estrépito y una lluvia de roca, madera y metal. Aunque algunos de los brazos y las piernas cercenadas aún se seguían moviendo por reflejo, no había quedado un solo enano vivo. El camino hacia la fortaleza enana estaba despejado, y los goblins nocturnos iniciaron su asalto final.

viernes, 14 de abril de 2017

Guerra en Color: Aeromáquina enana (MOM)

Muy buenas a tod@s en este día tan especial. Hoy vengo a mostraros el pintado de la Aeromáquina voladora de MOM. Y como todo aquello digno de ser contado, esta miniatura tiene su pequeña historia.


Hace ya varias semanas, mientras visitaba el estupendo blog de Casa Dorkaraz, coincidió que me encontré con un concurso que realizaba dicho blog en el que regalaban esta miniatura. Participé porque era muy sencillo hacerlo, y para mi sorpresa la Gran Cornuda se fijó en este humilde servidor para que hiciera algo molón con dicha miniatura. Dado que se trata de una miniatura para el ejército enano, me comprometí en dicho concurso a regalársela a mi amigo Trosef Butterflanks además de hacer un pintado que llamara la atención tanto como la propia miniatura.





He tardado más de lo que imaginaba en acabarla. Personalmente admito que yo no pinto con rapidez, pero también hay que decir que la miniatura requería bastante trabajo. Hizo falta una buena sesión con la cuchilla para hacer que las alas encajasen bien con el tonel que hace las veces de cuerpo de la avioneta. En general, tuve que hacer esto en gran parte de la miniatura para evitar el tener que trabajar con masilla, pero con un poco de paciencia conseguí limar las partes salientes y hacer que todo encajara en su sitio.





También habrá a quien le sorprenda ver un girocóptero montado sobre una peana cuadrada de carro. La peana redonda con la que viene sostiene la miniatura perfectamente. Pese a que se supondría que esta miniatura viene a representar un girocóptero del ejército enano, es evidente a todas luces que no puede tratarse de un girocóptero normal y corriente. Este diseño de girocóptero está más allá de la vanguardia en lo referente al modo enano de hacer las cosas. Además, es grande. Tremendamente grande. Con unos hermosos 14cm de envergadura, 10cm desde las aspas hasta el final de la nube y otros 9cm de altura, está claro que una miniatura como esa llama la atención en todo el campo de batalla. Pero como decía el propio Manfred von Richthofen, yo no quiero sorprender a los oponentes; quiero que me teman. De modo que mi intención es desarrollar sus reglas y trasfondo, y hacerle un personaje que poder utilizar en los campos de batalla de Warhammer Reforged.









Por último, me gustaría recomendaros que os paséis por el blog Casa Dorkaraz; un blog estupendo en el que Álvaro nos enseña una visión muy pintoresca del hobby, nos obsequia con interesantes artículos de opinión sobre la historia de Warhammer (tanto del universo como de las mesas de juego), secciones geniales como "el gimnasio de GW" y de vez en cuando hasta sortea cosas. ¡No me digáis que no es majo!

¡Que tengáis un feliz 14 de abril!

viernes, 19 de agosto de 2016

La Leyenda del Enano Blanco (cómic en español)

Esta última temporada he podido dedicarle unas tardes a mirar y traducir algunos de los cómics cortos que aparecieron en la Warhammer Monthly. Lo cierto es que resulta ameno ir variando entre una historia y otra, aunque tampoco descarto volver a ponerme a la labor con otro tipo de novelas gráficas en el futuro. Sin embargo, hoy me apetece haceros otro tipo de regalo. Porque sí.

Lo que os traigo el cómic de Grombrindal, traducido al castellano por "el menda lerenda" (jopé, qué viejuno soy... bueno, lo prefiero a ser como esos que dicen "¡risa!" en lugar de reirse de las cosas). Este cómic a todo color apareció allá por el año 2002 en la revista White Dwarf UK nº 300. No estoy muy situado en lo que a la revista White Dwarf se refiere, pero tengo entendido que como tantas otras cosas nunca apareció en nuestro idioma. De modo que me decidí a pegarle una pasadita por el Paint y por el Photoshop para que podáis disfrutarlo sin pegas. Si resulta que ya estaba traducido, pues he hecho el tonto. Pinchad en la imagen para descargarlo.




lunes, 19 de octubre de 2015

Guerra en color: pintando para la guerra

Hacía tiempo ya que no dedicaba un rato a los pinceles, y ahora que vuelven esos días en los que miras por la ventana y hace tan asqueroso que no apetece ni salir de casa, es el momento perfecto para ello.


Como siempre, intento pintar en cadena varias miniaturas para tratar de avanzar, pero lo cierto es que se hace muy pesado y siento que no avanzo prácticamente nada. Sin embargo y con la tontería, ayer terminé de pintar dos personajes Skaven y le he pegado un avance a una unidad de Martilladores Enanos de Trosef Butterflanks que espero poder ir terminando a lo largo de la semana.


En primer lugar Tenemos a Tretch Colacobarde, uno de mis personajes Skaven favoritos en los campos de batalla. Este personaje resulta de los más carismático en los campos de batalla, pues su capacidad de "saltar" de una unidad a otra con la posibilidad que incluye de hacer repetir las tiradas para impactar a la unidad que acompañe cuando ataca por los flancos o la retaguardia lo convierte en un peligroso adversario.



Luego esta miniatura; observé en un catálogo de referencia de Warseer que esta miniatura se trata de un monje de plaga. Podría pensarse que los cuernos son un elemento decorativo del casco... pero es evidente que se trata de un Vidente Gris, y aproveché para pintarlo con una heráldica de la cual ya tengo pintada una unidad, y de paso juguetear con los azules, un color con el que no estoy muy acostumbrado a trabajar.



De momento eso es todo, aunque como ya he dicho espero poder avanzar a lo largo de la semana para que esa unidad de enanos luzca un poco más en los campos de batalla.

viernes, 9 de octubre de 2015

Guardián del Honor (Capítulo 8, 2/2)


Capítulo 8
Destino inexorable (segunda parte)

IR A CAPÍTULO 8 (1/2) / Continuará...




"Los elgi son tenaces, eso se lo concedo", pensaba Morek, a regañadientes.

Era el quinto día de reuniones sobre el tratado comercial, y el quinto día que el capitán de la guardia real aguardaba en silencio tras los portones de oropel de la Cámara de los Ancestros mientras que Bagrik deliberaba con los elfos. La Cámara de los Ancestros era el lugar donde todos los reyes de Karak Ungor, Bagrik incluido, celebraban sus consejos. Era un lugar de deliberación y de majestuosidad, con la atmósfera cargada con la pesadez de la historia y la expectación de su legado en su interior.

En comparación a las otras muchas salas y estancias de las bodegas, estaba remarcada con columnas cuadradas sencillas, con runas grabadas pero sin oro ni piedras preciosas. La austeridad se pasó por la mente de todos cuantos se encontraban en su interior, y la severidad con la que los enanos atribuían el peso de las decisiones al rey y a su consejo. Morek lo había visto muchas veces, pero sólo cuando en él se consideraban asuntos de guerra o de defensa. Hoy había una importante asamblea de enanos. Morek los había observado apiñándose en la habitación uno tras otro, con comportamientos que iban desde la brusca indiferencia a las miradas de sospecha.

El grupo que se había adentrado era muy fino y nunca había estado reunido, con charlatanes maestros de gremio como el Jefe Maestro Cervecero Heganbour, cuyas trenzas y hebillas estaban adornadas con barriletes, cañeros y jarras; Agrin Centrorrobusto, Señor de las Runas de Karak Ungor hizo su entrada con sus brazos como el cuero al descubierto, mostrando los tatuajes con runas y sigilos de poder; y Kozdokk,  maestro y jefe del Gremio de Mineros, con sus siempre presentes ojeras cubiertas de hollín y una gran variedad de velas y faroles colocados sobre su casco. Además de ser los maestros de gremio también se trataban de los venerables Barbaslargas del Consejo de Ancianos de Bagrik, aquellos cuya sabiduría valía más que el oro.

El rey había incluido a Nagrim, su hijo, en esta clase de actuaciones. Morek consideró este gesto como prudente, pues sería Nagrim quien gobernara el asentamiento cuando su padre se dirigiese al Salón de los Ancestrales. Rugnir, el capitán de la guardia real no había sido invitado, lo cual estaba bien también. Al igual que Bagrik, cuya asociación de ese "wanaz" con el príncipe también estaba mal vista. Kandor, por supuesto, era el primero en estar sentado en la mesa junto al rey, vestido con su mejor túnica y pavoneando su barba como el ufdi que era. Junto a él estaba su mentor, Thegg el Avaro, que era tan astuto y cascarrabias como cualquier enano.

Los últimos en llegar fueron los elfos, y tarde, como siempre. Morek apretó los labios detrás de su barba mientras el príncipe elfo llegaba a la Cámara de los Ancianos, ignorante de la tremenda importancia de la estancia en la que se había adentrado. El embajador elfo, y el otro lacayo de melena oscura le seguían a remolque. Eran seguidos por una cuadrilla de sirvientes que por sus pintas parecían tesoreros, herreros o comerciantes.

Los sirvientes de los huéspedes fueron despachados antes de que el consejo comenzara la sesión, no sin antes dejar sedas, especias y plateados metales forjados en puntas de flecha y cuchillos romos, águilas y halcones encadenados y hasta pájaros cantores, unas cuantas tentaciones con las que los elfos pretendían impresionar a sus anfitriones. Qué clase de enano necesitaba de aquellos objetos era algo que Morek no lograba discernir. Tal vez hubiera un número mayor de ufdis en Karak Ungor de lo que él había sospechado. Sin embargo, ese tipo de cosas no eran la preocupación del capitán. Morek simplemente realizaba su deber como el rey esperaba que lo hiciera. Una vez los buenos y justos entraron, el capitán de la guardia real cerró los portones de oro, y no permitiría la entrada a nadie hasta que las negociaciones hubieran concluido.

Le irritaba haber sido degradado a ser el guardián de la puerta, mientras que Kandor, que se pavoneaba presumido había sido incluido a las conversaciones. Aunque a regañadientes, le concedió al barón comerciante el hecho de tener mejor tacto para las negociaciones. A pesar de su camaradería y buen carácter con los elfos, Kandor había tomado fuera las conversaciones con los elfos deliberadamente. Se trataba de una táctica enana bien conocida, diseñada para desgastar a la otra parte y así obtener el mayor beneficio para el rey y sus dominios. Para su sorpresa, los elfos habían demostrado bastante resistencia y ahora debía capitular, si es que el curso de las negociaciones podía medirse con algún barómetro.

Fue entonces, mientras Morek continuaba hablando sobre los méritos de una unión con los elfos, aunque sólo sobre el comercio, que Haggar apareció al final del amplio pasillo que conducía a la Cámara de los Ancianos. El joven barón estaba cargado de propósitos mientras marchaba hacia el capitán de la guardia real, con su casco sujeto bajo el brazo y le tendió su mano con runas a Agrin Centrorrobusto mientras con la otra sujetaba el pomo de su martillo sujeto al cinturón.

- Gnollengrom, Noble Martillopétreo, - entonó Haggar, inclinándose tan bajo como pudo hasta que parecía que iba a perder el equilibrio y caer.

Morek notó que usó el saludo formal, generalmente reservado sólo para ancianos.

- Yo no soy tan viejo como para que "tromm" sea suficiente, - gruñó el capitán de la guardia real.

La mirada de Morek se quedó fija por un momento en la mano con runas grabadas, un simulacro de una de carne y sangre que se había forjado para el joven barón el viejo mismo Agrin. Haggar proviene del largo y noble linaje del clan Skengdrang, su actual denominación estaba presente en el objeto que tenía por mano. Era gracias a su elevado estatus que se le había otorgado. Aunque, lamentablemente, había una mancha sobre orgulloso linaje. Morek lo vio ocasionalmente cuando el joven enano creía que nadie lo estaba mirando, una fugaz sombra detrás de sus ojos, un semblante severo en su rostro. El capitán de la guardia real se entristeció al verlo, y esperaba que algún día Haggar pudiera expiar la deshonra de su antecesor. 

- Y llámeme Morek, joven Haggar, - dijo, mientras sentía desgarrarse en el recuerdo. - Es mi nombre después de todo, y servirá muy bien. -

El otro noble se enrojeció por la leve amonestación de los enanos mayores y por el embarazoso silencio que siguió a aquel momento.

- Creía al principio que eras una estatua, - dijo Haggar como un intento de iniciar una conversación. - En tres días que he pasado, tres días que no te has movido ni un ápice, - añadió, intentando relajar al capitán.

- Han sido cinco, - le corrigió Morek, - cinco días y continuando. -

Morek inspiró con despreocupación y entonces aclaró la garganta, mientras comenzó a recitar.

- Un enano debe saber cuándo debe aguantar, muchacho, - le dijo. - Una vez, cuando estaba cazando en los bosques del sur, tres leguas al norte de las Aguas Negras, en la época en la que Brondrik apenas tenía barba, me topé con una manada de hruk salvajes. Las bestias estaban en temporada, rampantes y amorosas como sólo los hruk pueden ser. - Los ojos de Morek se abrieron como platos. - Habían captado mi olor, y sabía que estaba en gran peligro. No podía matar a las bestias; los cuidadores enviarían rastreadores. No podía escapar de ellos. Así que, durante siete días y siete noches me quedé quieto, esperando a que los hruk se marchasen para que yo pudiera regresar a la fortaleza. Aquel día aprendí el valor de la paciencia, - concluyó Morek.

Haggar asintió, aceptando la sabiduría que estaba compartiendo.

- Ahora, dime una cosa, - dijo Morek.

- Cualquier cosa, Noble Martillopétreo, - dijo con su rostro perdido de concentración, con su atención puesta por completo en el capitán de la guardia real.

Morek suspiró antes de hablar. - ¿Qué estás haciendo aquí? -

- Ah, es fácil, - dijo, y su rostro se iluminó tan pronto se dio cuenta de que sabía la respuesta. - El Rey Bagrik me ha ordenado esperarle aquí hasta que las negociaciones concluyan. Voy a acompañar a Kandor hasta el asentamiento de los elfos, tomar posesión de los bienes prometidos y regresar con ellos a la fortaleza. -

Morek no podía ocultar su preocupación ante este hecho. ¿Por qué el rey le había encomendado tal deber a Haggar, y no a él? ¿Acaso no era el jefe de los guerreros del rey, aparte quizás de Grikk que ostentó la misma categoría en Ungrin Ankor? ¿Qué ocurriría si Bagrik descubriera su reunión con Brunvilda en las catacumbas? El rey se sentiría tremendamente disgustado si se enterase de que se lo ha ocultado. Aun así, Bagrik no era de los que dejaban las cosas sin hablar...

- Es una lástima que abandonases la fiesta tan temprano, - dijo Haggar para sacar al capitán de sus pensamientos cuando le notó el ceño fruncido e intentó cambiar de tema. - Te perdiste unos finos entretenimientos. Grikk realizó un gran despliegue y la damas elgi era... - Haggar se distrajo en la nostalgia al recordarla.

- ¿Estaba allí Grikk? - preguntó Morek con disimulado interés, ignorando los comentarios sobre los elfos.

- Su manejo del hacha es digna de las sagas de la antigüedad, - aduló Haggar.

- Ya veo... - dijo Morek en voz baja, y añadió, - bueno, nunca superará mi lanzamiento de martillo, no hay enano que... -

Antes de que Haggar pudiera interrumpirle con una pregunta, los enanos fueron interrumpidos con el clamor de las armaduras emanando desde el fondo del pasillo. Seis guerreros de la guardia real emergieron en la línea de visión de los enanos, avanzando en formación hacia ellos. una séptima figura, un elfo, y no de los del grupo de Ithalred, caminaba entre ellos.

- ¡Guardia Real, explíquese! - bramó Morek al primero de los guerreros que se le aproximó, un veterano guardián de las puertas.

- Capitán, - dijo el enano al frente, golpeando su pecho en señal de saludo, - Este elgi afirma que debe hablar con su príncipe de inmediato. Pensé que lo mejor era conducirlo al salón de salida directamente. - En respuesta al gesto del guarda, el elfo, que llevaba una malla plateada y un manto de helechos de olivo, se adelantó. Se quitó la capucha, y los ojos del elfo brillaron con vehemencia.

- Mi nombre es Ethandril, soy un guardabosques de Tor Eorfith y debo ver príncipe Ithalred sobre un asunto de extrema importancia. -

Morek levantó una ceja, y señaló que el elfo todavía estaba armado. Lanzó una mirada de reproche al soldado veterano, quien mostró sus manos en un gesto de contrición.

- No hubo tiempo para convocarle, señor, - suplicó el veterano.

Morek le ignoró; ya habría tiempo para ello más tarde, y volvió su atención hacia el elfo.

- Deposita tus armas; tal vez entonces puedas ver a tu príncipe, - le dijo.

El elfo parecía reacio pero obviamente estaba agotado y no estaba de humor para regatear, así que le entregó su arco, un carcaj solo medio lleno de flechas y una daga curva larga.

- Por favor, - le imploró una vez había concluido, - dejadme ver al príncipe. -

Morek fingió inspeccionar las armas del elfo por última vez, echó una mirada de reojo sobre el laxo veterano, que evitó la mirada de su capitán, antes de que Morek murmurase en voz baja y se volviera hacia los dorados portones. Haggar se apartó a un lado. Se trataba exclusivamente del "honor" del capitán.

- No le va a gustar esto, - murmuró Morek, antes de respirar profundamente y empujar las puertas.

Las puertas doradas de la Cámara de los Ancianos relumbraron y resonaron cuando Morek las abrió. Todos los ojos se volvieron hacia el capitán de la guardia real, quien contempló a los cinceladores del rey grabando una placa de granito. Él sabía que esto era la escritura de un acuerdo. Se debía llegar a un acuerdo con los elfos y ahora las condiciones estaban grabadas en piedra.

Kandor y Thegg el Avaro estaban situados frente a la obra de los cinceladores, inspeccionando cada golpe, cada corte, cada sutileza de la escritura. Kozdokk levantó una jaula con un jilguero en su interior. Lo que fuese que acabara de decirle al cetrero elfo había conseguido que su semblante se empalideciera. El venerable minero miró al pájaro con interés, mientras él lo levantaba hacia la luz. Morek aprendería más tarde que el jefe del Gremio de Mineros había propuesto el uso de las aves para advertir a los trabajadores de emanaciones de gases peligrosos en las minas. Dada la tasa de mortalidad de esta ocupación, Kozdokk había sugerido al rey Bagrik que negociara varios cientos de aves. Evidentemente, esto había ofendido los sentimientos menos pragmáticos del elfo.

Varios de los barbaslargas, desplomados en sillones de felpa, se habían quedado dormidos. Uno de los ancianos venerables apareció casi en estado de coma y durante un breve instante, Morek temía que estuviera muerto. Sin embargo, un tic nervioso de la ceja lo delató. Agrin Centrorrobusto era uno de los enanos sonámbulas, roncando en una esquina. La pipa curvada del Señor de las Runas soplaba anillos de humo perfectos mientras exhalaba.  Nagrim parecía interminable aburrido, masticando su barba, y limpiando sus dientes con un palillo. Los elfos parecían desgastados de las deliberaciones, añadiendo credibilidad a la estrategia de Kandor de la negociación por desgaste. Malbeth, el embajador elfo, se había remangado, teniendo ahora un aspecto un tanto andrajoso.

Todos estaban apiñados alrededor de una gran mesa de losa, su superficie de piedra inscrita con efigies de Grungni y Valaya ensalzando las virtudes de la sabiduría y la templanza. Sobre la mesa había un enorme par de escamas de bronce, cuyo uso y significado es esotérico para los elfos. Este arcaico dispositivo había existido desde los primeros días de Karak Ungor. Se formó en la figura en cuclillas de un Maestro del Oro enano, con las palmas de sus manos abiertas y planas y sus brazos extendidos. Sólo unos selectos miembros del consejo de ancianos estaban al tanto de su significado.

Toso esto fue lo que Morek vio tras abrir las puertas y contemplar la escena. Su mirada, como era de esperar, se posó sobre Bagrik en último lugar. 

- ¿Qué significa esto? - gritó el rey desde lo alto de su trono sobre un zócalo de piedra con vistas a la Cámara de los Ancianos. Se inclinó hacia adelante mientras ladraba hacia Morek, con la saliva volando de sus labios. No era prudente interrumpir al rey durante sus deliberaciones, pero el capitán de la guardia real tenía la sospecha de que el guardabosques de Tor Eorfith traía malas noticias, y eso significaba la salida de los elfos de Karak Ungor. Morek no veía que eso fuese a pasar tan pronto como quisiera. En su opinión, valía la pena arriesgarse a la ira de Bagrik.

- Disculpe la intromisión, mi Rey, - declaró Morek, inclinándose con cortesía como deferencia. - No podía esperar. -

La severa expresión de Bagrik le dio la impresión de que dudaba.

- Un elfo, procedente de Tor Eorfith, busca audiencia con el príncipe Ithalred. - Morek no pudo mantener el ceño fruncido de su rostro cuando mencionó al noble elfo por su nombre. Se hizo a un lado, lo que permitió la entrada al guardabosques. El elfo se inclinó rígidamente.

- Traed cerveza, - ordenó Bagrik. - Por su mirada, nuestro visitante ha tenido un duro viaje, y necesita fortalecerse. - Uno de los guardias reales que estaba pululando por la cámara junto a Haggar se apresuró a encontrar un sirviente.

- Eres bienvenido, elgi, - le dijo al guardabosques.

Morek se irritó por la amabilidad de su rey, pero su ánimo se agrió aún más cuando el Rey continuó.

- Tú, Morek, no lo eres, Grumkaz, marca el nombre del capitán de la guardia real en el kron. -

El Maestro de Agravios, su siempre presente sombra, comenzó a moverse desde el fóndo de la cámara, tan quieto y gris hasta entonces que parecía parte de la roca, pero animado por la licitación de Bagrik. El rasgueo de la pluma contra el pergamino recorrió la espalda de Morek, haciéndole sacar una mueca de dolor.

- Ethandril
, - continuó el príncipe elfo. El elfo de cabellos negros comenzó a avanzar, despreocupado de cualquier etiqueta real que debiera mostrar al adentrarse en la estancia. Ethandril así lo hizo, con suavidad, hablando en voz baja y en su lengua materna. El rostro de Morek enrojeció en lo que era un subterfugio deliberado en sus ojos, desesperado por hablar en contra de él y de la demanda que los elfos habían abierto en presencia del rey. Pero ya se había enfrentado a Bagrik una vez, e incluso a pesar de que la expresión del rey le decía que no estaba impresionado, Morek contuvo su lengua.

Lethralmir entonces se dirigió al Príncipe Ithalred, relatando las noticias de una manera similar a la anterior. Al mismo tiempo, los enanos observaban en silencio sepulcral, el roncar de Agrin era la única contribución al susurro de conversación entre los elfos.

El rostro de Ithalred había oscurecido al tiempo que Lethralmir terminaba. Se volvió abruptamente hacia el rey y dijo; - Con pesar, y nuestra majestad, tenemos que irnos. En seguida. -

La frente de Bagrik se arrugó.

- ¿Todo está bien, no es así? - dijo, probando su tono.

- Sí, - respondió Ithalred, - pero ha surgido un asunto de urgencia en Tor Eorfith que requiere de mi personal atención. Supongo que lo entiende. -

- Por supuesto, - dijo el rey, pese a que sus ojos indicaban todo lo contrario. Luego posó su mirada sobre Kandor, quien observaba a los cinceladores terminar su trabajo.

-La escritura está hecha. Todo está en orden - le dijo el noble mercader a Bagrik, mientras levantaba la vista.

El rey asintió, satisfecho de los negocios realizados, a pesar del cierre tan poco convencional y la agitación subsiguiente.

- Os doy permiso para regresar a vuestro asentamiento, Príncipe Ithalred, - dijo Bagrik tras volver a depositar su atención en el elfo, aunque Ithalred dio la impresión de que no necesitaba ni ni la apreciación ni la sanción del rey enano. - Según nuestro acuerdo, - continuó el rey, - Kandor Barbadeplata y Haggar Puñoyunque os acompañarán como mis representantes. - Haggar entraba en la estancia en ese momento, y se inclinó ante al oír mencionar su nombre. - Tomarán de mis bóvedas las mercancías acordadas y se harán cargo de lo ofrecido a cambio por ustedes a su regreso. -

- De acuerdo, - espetó Ithalred, obviamente distraído mientras giraba sobre sus talones y salía de la Cámara de los Ancianos. Lethralmir lo siguió, enfrascado en una conversación clandestina con Ethandril.

Morek les observó marcharse. No podía comprender sus palabras, pero estuvo bastante seguro de captar la tensión de las mismas. La expresión del guardabosques en el momento de ser llevado ante el capitán de la guardia real hablaba por si sola. Los elfos estaban ocultando algo. Morek no podía imaginarse de qué se trataba.

Al salir, un jadeante sirviente enano se precipitó en el interior de la cámara, con una jarra espumosa en equilibrio sobre un plato de madera.

- ¡La cerveza, mi señor! - dijo con humildad, lanzando su mirada en busca de aquel que la necesitaba.

- Tráela aquí, zagal, - dijo Bagrik, quien bebió la cerveza prodigiosamente, con su acerada mirada posada sobre los elfos que marchaban mientras se limpiaba la boca con desdén.

- ¡Haggar! - bramó el rey, intentando reservar su ira para sus anteriores invitados. El portaestandarte se golpeó la coraza de su armadura a modo de saludo. - Tened preparada para partir una cohorte de la guardia real, marcharéis con los elfos.  ¡Tú también, Kandor, así que date prisa! - 

El mercader asintió y comenzó a recoger sus pertrechos mientras murmuraba sus respetos a los maestros y salió corriendo detrás de los elfos. Haggar se giró y estaba a punto de unirse a la marcha cuando Morek le agarró del brazo.

- Abre bien los ojos, muchacho, - le dijo guiñándole un ojo. - Ojos bien abiertos. -

Haggar asintió solemne, y volvió a ponerse en marcha de inmediato. Él también había visto lo que quiera que fuese que molestaba a los elfos.

Bagrik observaba desde la rendija escarpada del Diente del Dragón, la más alta torre de vigilancia de Karak Ungor, la aguja rocosa por la que todos los antiguos puentes de los cielos estaban conectados. Su expresión era severa mientras contemplaba la pista de carros enanos y mulas, adentrándose en los puertos de montaña. Vio las largas filas de la expedición de los elfos que habían llegado a su hogar, y la cohorte de veinte guerreros de guardia real liderados por Haggar y acompañados de Kandor. Los enanos lideraban la expedición mientras abrían el camino de la ruta de comercio hacia Tor Eorfith, pues su conocimiento de las rutas secretas del Fin del Mundo hacía la travesía más segura y más conveniente.

Un fuerte viento soplaba desde el norte, perturbando los picos colmados de nieve y enviando su espesor a través de los árboles y caminos de las tierras bajas. Bramaba a través del punto de visión de la torre de vigilancia, insinuando su camino a través de las pieles y la túnica de Bagrik, el cual lo hacía escalofriarse. Reprimió un estremecimiento y su mirada se endureció. Había olor de metal y humo en la brisa. No es un buen augurio.

- No hay mejor punto de vista sobre el extremo norte del Fin del Mundo que el Colmillo, mi señor. -

Bagrik no se volvió para comprobar quién hablaba. Él se limitó a suspirar, pues su ira anterior hace tiempo que huyó para ser sustituido por la preocupación y la duda.

- En efecto, Morek, y también es un lugar en el que un rey puede encontrar algo de soledad. - Había pasado mucho tiempo desde que Bagrik dejó a un lado las riñas patrullando el Colmillo de Dragón junto a la guardia real que lo había conducido a la torre de vigilancia.

- Disculpadme, mi Rey, pero la Reina Brunvilda os está buscando, - dijo Morek, moviéndose a un lado de Bagrik, con lo que también tuvo la vista de las alturas del asentamiento.

- Una razón más para mí de permanecer aquí, - murmuró Bagrik, con una nota de tensión crepitando en su voz.

- El viento procedente del norte es áspero, - dijo el rey tras un momento de silencio, tan solo interrumpido por el rumor de la brisa. - Siento la llegada del invierno, Morek, - confesó, pero ya no hablaba del clima. Ni siquiera puedo alcanzar la cúspide de mis torres sin ayuda, y todas mis grandes hazañas están eclipsadas en el recuerdo, desgastadas en el polvo de los tiempos, pronto olvidadas. -

Morek mantuvo silencio por un tiempo, lo cual permitió que la atmósfera sentimental se diluyera un poco antes de hablar.

- Es el amanecer de Nagrim, - respondió Morek, atrayendo la mirada del rey. - Él es su legado, mi señor. Con él el futuro de Karak Ungor está grabado en piedra. -

Bagrik sonrió, pese a que sus ojos aún estaban tristes. Se sintió más viejo en ese momento.

- Sí, tienes razón, - dijo, volviendo su vista a los puertos de montaña. - Nagrim es el futuro. -

- Una cosa de la que no estoy tan seguro, - gruñó Morek, mientras observaba desde la torre a las mulas desaparecer de su vista en la lejanía, - son esos elgi. Para ser una raza que ha vivido más que los enanos, tienen un peculiar concepto de la paciencia. -

- Ciertamente, - dijo Bagrik, estrechando sus párpados. La vieja herida que le propinó un jabalí le dolía. Era una señal segura de que iba a haber problemas. - Lo tienen, - concluyó.

lunes, 31 de agosto de 2015

Guerra en color: Miniaturas de enanos (3)

Con el calor que hemos pasado los últimos días, es una locura ponerse a pintar entre gotas de sudor y mientras ves cómo la pintura se seca a velocidades insospechadas. Pero... ¿quién dice que yo esté cuerdo?


Sigo dando caña a los enanos de Trosef Butterflanks. En esta ocasión vengo a mostraros un Matatrolls, un Barbalarga de los viejos, y otras tres miniaturas de personajes enanos que tenía por los maletines.









martes, 11 de agosto de 2015

Los Señores Enanos de Leyenda

Hace poco que me he puesto a pintar enanos, y como bien me hizo notar The Dark Painter resulta que Josef Butterflanks tiene unas cuantas joyas en sus maletines. En concreto he tenido el placer de pintar a Lastro Lupintal y al Barón, quienes han resultado ser dos de los enanos de la caja Dwarf Lords of Legend que GW regalaba a los clientes que reunieran los suficientes puntos Skulz (uno por cada diez libras que salieran de tu bolsillo). Uno de los premios que sacaron hace exactamente treinta años consistía en una caja con ocho personajes enanos, los cuales paso a presentaros con su respectivo aunque escaso trasfondo.


El Rey Gorrin, acabó con la vida del pielverde Gorbald "el Ezpantozo" en la batalla de Drakkaz-Snor.



Rey Uther, que se comprometió a dar caza a cien Skavens cada siete días.



El Barón, que peleó contra el despreciable Conde Horlichs de Averland.



Angus, caído en el Paso de Klumti, aplastado bajo los cuerpos de sus enemigos abatidos.



Kimril Matagigantes, el primer matador que logró superar a los gigantes gemelos Tripatrueno y Panzatormenta.



Throbin Ojo-Muerto, que tenía un hacha pulida en sangre y una mirada que se decía, podía matar.



Lastro Lupintal, a quien una maldición de una bruja norscana le impelía a aullar cada luna llena.



Borax Hachasangrienta, que amasó una fortuna tal que hacían falta cinco bóvedas para guardarla.



Además de esto he encontrado también el trasfondo y un relato del Rey Ulther y su unidad, la Compañía del Dragón, de modo que os dejo con el relato sobre este "héroe".

Grito de Batalla: ¡Un dragón! ¡Un dragón!

Hazañas: el Rey Ulther, hijo de Ulfar de Karak-Ungor, fue puesto con rapidez a asumir responsabilidades de mando, a pesar de las dudas expresadas abiertamente por algunos de los criados de su padre. El éxito más notable de la Compañía del Dragón fue su alzamiento en el asedio a Karak-Gromni, cuando la mitad de los goblins que lo atacaban se pusieron en fuga al oír el grito de batalla de la Compañía. Los historiadores están divididos sobre si esto sucedió debido a la terrible reputación de la Compañía del Dragón, o a que los goblins pensaran que un dragón de verdad iba a venir.


El Rey Ulfar Martillopiedra de Karak-Ungor yacía moribundo. Parientes y criados se amontonaban alrededor de su cama cuatro adornos en forma de dragón, uno a cada esquina, mientras el rey masticaba sus barbas del dolor.

-¿Dónde está mi hijo? - graznó el rey. - Dejad que entre - . Un sirviente salió de la alcoba real y se apresuró en dirección a los aposentos del príncipe. Tras unos minutos, el Príncipe Uther hijo de Ulfar hizo su entrada en la cámara, silbando alegremente.

- Hola, padre, -  dijo. - De modo que... ¿todavía por aquí? -

- Vaya, qué bonito, -  jadeó el rey. "¿Qué tal si mostraras un poco de lástima? - El príncipe se rascó la barba. "Por supuesto que voy a echarte de menos y todo eso, - dijo, - pero es que voy a ser rey cuando dejes caer el martillo. ¿Serán esto sentimientos encontrados? - El rey levantó sus ojos hacia el techo. - Acércate, - resolló. - Hay algunas cosas que debo contarte antes de morir. - El príncipe se acercó esperanzado al dosel, al igual que el escriba de la corte, pluma en mano.

- Hijo mío, - graznó el rey, - te entrego el mandato de Karak-Ungor, - dijo cuando comenzó a resonar un incómodo murmullo entre los criados del rey, - y te dejo mi hacha de guerra, junto con la espada con la hoja grabada en forma de dragón... -

- ¿Y el martillo no? - interrumpió el Príncipe, un poco malhumorado.

- Contrólate o no obtendrás el hacha. -

- Perdón. -

- Eso está mejor. Con esta hacha te entrego también un deber. Hace años, juré que no descansaría hasta erradicar la plaga del Caos de nuestra pueblo, y que los Enanos del Caos dejasen de existir. Te paso ese juramento. También te hago entrega de mi juramento de exterminar a los Goblins y su asquerosa raza. Formarás una banda de guerra de entre la flor y la nata de nuestra raza, y partirás hacia la destrucción de esos dos enemigos. No descansarás hasta que hayas completado tu tarea, no regresarás a Karak-Ungor, el cual será gobernado en tu ausencia por mi Canciller, Grom el Sabio... -

El rey fue interrumpido en ese momento por el suspiro colectivo de sus criados, algunos de los cuales comenzaron a estrecharse las manos de manera abierta. Sus modales se calmaron ante la severa mirada del rey, quien continuó con su discurso funerario mientras el escriba escribía furiosamente. - Seréis llamados la Compañía del Dragón, - continuó. - Toma por estandarte un poste tallado de dragón del lecho de muerte de tu padre... -

¡¡¡CRRRAACK!!!

- ¡No ahora! - farfulló el rey, desde debajo del dosel caído de la cama. - Oh, ¿de qué sirve? - Y con eso, se murió.
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