jueves, 14 de noviembre de 2013

The night of the Doctor

El Octavo Doctor, muchos años después


Hasta mañana no tenía pensado publicar nada, pero esto tiene que saberse: mini-capítulo de Doctor Who, de casi 7 minutos de duración, del OCTAVO DOCTOR, Paul McGann, para ponernos los dientes aún más largos antes del especial del 50 aniversario... ¡Agradecédselo a mi amigo Trosef Butterflanks, que me lo mostró esta tarde! Os dejo con el episodio.


¡Ya está aquí el número 3 del Goblin Panzudo!



Los compañeros de Fanhammer ya han sacado el número 3 de su estupendo fanzine El Goblin Panzudo. Cincuenta y cuatro páginas repletas de relatos, artículos, excelentes ilustraciones y un informe de batalla de 40K del récord de Apocalipsis. También (y esto va para los amantes de los skaven, incluyendo al Niño Borracho) hay un interesante artículo sobre las hembras skaven. ¿A qué estáis esperando? Podéis descargarlo ya de la página de Fanhammer.

FANHAMMER - GOBLIN PANZUDO Nº 3


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Commander: Karrthus, Tirano de Jund

¡Lo he vuelto a hacer! ¡Una baraja nueva! Si es que no puedo resistir la tentación: veo un comandante interesante y empiezo a pensar en cartas... Y esta vez, me puse a pensar en cartas y salió Karrthus xD (sí, ya lo sé, es un chiste malísimo :P).

Hace ya casi un año, cuando Bairrin vino a nuestras mazmorras (¡ah, qué tiempos cuando teníamos nuestras mazmorras!) nos trajo unos comandantes oversized (cartas grandes, vamos xD), y al final hemos probado casi todos como comandantes, con mayor o menor acierto. Por ejemplo, el tenaz general enano Trosef Butterflanks probó a Brion Stoutarm (Brian Estulton, como lo llamábamos...), y arrojaba a Malignus o al Avatar de Serra, el muy malandrín. También probó a Bruna, Light of Alabaster, con poco tino... y a la cien veces maldita Avacyn, Angel of Hope. El Abogado Samoano no dudó y cogió a Zur el Encantador (¡qué encanto!...), el Niño Borracho a Kaalia of the Vast (que podéis ver aquí), y Ertai cogió a Sigarda, anfitriona de las garzas (¿quién pone los nombres?) y se hizo una baraja de encantadoras. Yo me apropié rápidamente de la Reina de los Fragmentados, aunque uso al Sliver Overlord de Comandante. Y quedaban por ahí Grimgrim Corpse-born (que no lo veo muy allá para usarlo de comandante) y Karrthus, Tirano de Jund. ¡Ese sería el elegido! ¡Karrthus y unos cuantos dragonazos enormes! ¡Tiene tres colores, y de los buenos, nada de azul o blanco! ¡Vamos allá!

Es enorme, vuela y tiene haste. ¿Qué mas se puede pedir? Bueno, sí, Hexproof... 


Comandante: Karrthus, Tirano de Jund

¡Es una maravilla! Por el módico coste de 7 manás tenemos un bicharraco 7/7 vuela prisa que mata de tres golpes. Como bonus, nos da Haste a todos nuestros dragones, y hace que el oponente se lo piense muy mucho antes de poner un dragón en el campo de batalla. Una mala bestia.

Dragones:
1x Balefire Dragon
1x Stormbreath Dragon
1x Hellkite Tyrant
1x Utvara Hellkite
1x Flameblast Dragon
1x Kokusho, the Evening Star
1x Prossh, Skyraider of Kher
1x Bladewing the Risen
1x Hellkite Overlord

¡Toma bicharraco! ¡Y se baja!


Como podéis ver, no son muchos: los justos para que salga uno, o dos. He procurado que reúnan unas cuantas habilidades interesantes (en general no he incluido aquellos con Haste, que ya se lo da Karrthus). Bichos enormes con Haste... ¿Qué más se puede pedir?

¿Y cómo bajo esos bicharracos? pues con esto:
1x Harrow
1x Cultivate
1x Kodama's Reach
1x Farseek
1x Skyshroud Claim
1x Llanowar Elves
1x Bloom Tender
1x Quirion Elves
1x Birds of Paradise
1x Wood Elves
1x Mana Reflection
1x Sol Ring
1x Darksteel Ingot
1x Fellwar Stone
1x Mana Vault

Este encantamiento que tanto ha dado que hablar...


Una buena selección de bichitos de maná, hechizos que ponen tierras y artefactos. La idea es no atascarse nunca de maná, y parece que la baraja lo consigue. El comandante vale 7, y los dragones oscilan entre 5 y 8, así que hay que tener mucho maná.

Removal:
1x Dreadbore
1x Diabolic Edict
1x Abrupt Decay
1x Terminate
1x Naturalize
1x Hero's Downfall
1x Putrefy
1x Chainer's Edict
1x Go for the Throat
1x Krosan Grip
1x Hull's Breach
1x Sundering Vitae
1x Decimate
1x Comet Storm
1x Chaos Warp
1x Damnation
1x All is Dust
1x Toxic Deluge
1x Savage Twister
1x Lavalanche
1x Starstorm
1x Decree of Pain

¡Morid, bichillos basura, morid! xDD


Aquí no me he quedado corto: una buena cantidad de hechizos que destruyen permanentes, bien variados: no queremos que las barajas muy rápidas nos maten antes de poder bajar a los dragones, así que una buena Damnation o el maravilloso y nuevo Toxic Deluge nos pueden solucionar la papeleta.

Cosas para robar y buscar:
1x Sylvan Library
1x Staff of Nin
1x Phyrexian Arena
1x Harmonize
1x Necropotence
1x Demonic Tutor
1x Vampiric Tutor
1x Diabolic Tutor
1x Imperial Seal

¡No puede faltar! ¡Da igual los tres manás negros!


Tutores para buscarse algo de robar (o algo de removal si fuese necesario), y cartas para robar, fundamentalmente los clásicos encantamientos negros que todos adoramos.

¡Latigazos!:
1x Mind Twist
1x Rakdos's Return
1x Monomania

¡El clásico, y el mejor hasta el momento!


No he podido resistirme, y he incluido tres cartas para quitarle la mano al oponente. Muy importante: cuando echéis una, tenéis que imitar el sonido del restallar de un látigo xD

Otras cosas:
1x Stranglehold
1x Aggravated Assault
1x Shunt
1x Fork
1x Wild Ricochet
1x Yawgmoth's Will
1x Regrowth
1x Praetor's Counsel
1x Not of this World

Las cartas que llevan escrita la palabra "Yawgmoth" siempre son buenas... xD


Aquí tengo un cajón de sastre donde incluyo algunas cartas que me gustan: ninguna baraja con rojo está completa sin algunos copiadores, y hay clásicos, como la Voluntad del Inefable, que hay que incluir sí o sí.

Tierras:
1x Command Tower
1x Taiga
1x Badlands
1x Bayou
1x Stomping Grounds
1x Blood Crypt
1x Overgrowth Tomb
1x Dragonskull Summit
1x Rootbound Crag
1x Woodland Cemetery
1x Bloodstained Mire
1x Wooded Foothills
1x Verdant Catacombs
1x Strip Mine
1x Urborg, Tomb of Yawgmoth
7x Forest
5x Mountain
5x Swamp

¡Una montaña de Unglued!


Ninguna sorpresa: cientos de euros en maná (si fuesen de verdad, claro: no estoy tan loco como para gastarme unos mil euros en tierras xD).

Pues esta es la baraja: aún está en rodaje, pero está dando buenos resultados. No sé por qué, pero los bicharracos enormes con Haste impresionan... xD ¿Qué os parece?

martes, 12 de noviembre de 2013

Iniciativa Guerra en Color



El domingo, el compañero Bairrin publicó una entrada con una curiosa iniciativa: Guerra en Color. Se trata de una forma de presionarnos a nosotros mismos para que pintemos nuestros ejércitos/bandas/equipos/lo que sea, y que dejen de verse por las mesas de juego los colores grises del metal y el plástico, el amarillento de la resina y el blanco y negro de los espray  (sí, espray, como podéis ver aquí) de imprimación. ¡Y por Gorko y Morko que me apuntaré a esta iniciativa!

Mi caótica mesa de pintura... Si, ya se que no debería usar la propia mesa como
paleta de pintura, pero es  que está tan cerca... xD


Bien cierto es que, entre mi grupo de juego habitual, soy de los que más se dedican a pintar, y de los que más importancia da a jugar con las miniaturas pintadas. Por ejemplo, tengo una unidad de guerreros del Caos de Slaanesh con alabardas (modelo Juan Pablo II) que no utilizo porque todavía están a medio pintar (y, mientras tanto, el pobre Sigvald sigue sin pisar los campos de batalla). En el último torneo de Warhammer al que fui (podéis ver aquí las fotos) iba un poco descontento por el hecho de llevar uno de mis tres carros de lobos goblin sin pintar, así como los pastores de garrapatos (al menos los garrapatos estaban pintados, aunque con las peanas sin terminar...), y me encontré con cientos de miniaturas sin pintar entre mis rivales...

De modo que me uno gustoso a la iniciativa de Guerra en Color, a ver si me meto presión a mí mismo para seguir pintando goblins. Quizá sea el empujón que necesitaba: la semana pasada estuve pintando, y he vuelto a hacer un parón, así que sacaré los pinceles y volveré a la carga: tengo una unidad de goblins con garrotes y redes a medias que espero utilizar pronto...

Os dejo con unas fotos que he sacado aprovechando la cámara del Niño Borracho...

Un clon de Shaggot que no salió muy bien, y que espero que pronto y con ayuda de piezas
sueltas y masilla verde, se convierta en Kholek

Los veinte Kazadorez de garrapatoz que ya tengo pintados...

...y los diez que aún esperan a ser terminados. Espero formar una unidad curiosa con 30,
aunque probablemente sean pocos, y tenga que pintar más.

¡25 garrapatoz terminadoz! Ya sólo me quedan los pastores...

Y el Kaudillo goblin de Avatars of War, regalo de Elric. ¡Muchas gracias!

lunes, 11 de noviembre de 2013

Misión para el sirviente (y 3)


Ante ella se alzaba en la penumbra lo que una vez fuera un gran templo. Su tejado acampanado estaba todavía intacto. Sus muros eran los mismos de siempre, dejando al descubierto lugares que aún insinuaban la antigua grandeza del templo. Ojos de Tinta no se detuvo a preguntarse quién había sido adorado en ese lugar cientos de años antes de que el Takenuma se lo tragara. En cambio, examinó el terreno para darle un enfoque y así elegir un lugar apropiado por el cual entrar en la estructura.

Ojos de Tinta hizo una pausa para asegurar su máscara negra, símbolo de su profesión, alrededor de su boca y su nariz. Llevaba escaso atuendo a parte de la máscara, ya que Ojos de Tinta le daba mucho más uso a las armas que a la modestia.

Caminaba en silencio a través de la niebla, dando círculos alrededor del templo profanado. Sobre ella, una ventana del segundo piso estaba abierta y oscura como la cuenca vacía de un ojo. Flexionó sus piernas y saltó hasta conseguir trepar por la ventana vacía. No apareció ningún guardia. No sonó ninguna alarma.

El recibidor que se encontraba ante ella estaba sumido en una profunda oscuridad. Ojos de Tinta se movió lentamente, con sus armas en las manos y su espalda apoyada en las paredes de piedra del templo.

Se detuvo, escuchando. Un suave ronquido resonó desde el interior de una habitación cercana. Ojos de Tinta se movió en la oscuridad en dirección al ruido, ansiosa por cumplimentar su misión.



Con una palabra susurrada, apareció ante Ojos de Tinta un orbe de luz rojiza. Emitía pulsos similares a un corazón moribundo, que iluminaban la estancia. A medida que Ojos de Tinta se movía, el orbe lo hacía frente a ella iluminando su camino. Su maestría en el ninjitsu no se debía solamente a sus meditaciones en Takenuma.

Casi por casualidad, Ojos de Tinta entró en la habitación tras el orbe. En el resplandor carmesí yacía una figura sobre un colchón de paja, envuelta en una manta andrajosa. En otro sentido la habitación estaba vacía, a excepción de unos oscuros símbolos que cubrían las paredes, formando un crudo mosaico. Aquellas no eran las escrituras de los habitantes originales del templo. De hecho, parecían primitivas en comparación a la maestría que demostraba la cantería de los muros del templo. Ojos de Tinta rascó el borde de las paredes con su tanto, haciendo que la sangre seca con la que estaban escritos los símbolos se desconchara y cayese al suelo. Cualquiera que fuese el poder mágico de las marcas de sangre, hacía tiempo que había desaparecido.

Ojos de Tinta levantó su naginata levemente, haciendo que la hoja apuntase hacia abajo. Avanzó y apuntó con su arma al estómago de la figura que dormía.

Con una sacudida, Muzan se incorporó, abriendo su boca para gritar. Ojos de Tinta pasó su cuchillo por la garganta del ogro y la rebanó de un lado a otro.

Con el resplandor de la luz pulsante, Los ojos de Muzan parecían centrarse sobre Ojos de Tinta brevemente antes de morir.

La sangre de la herida se vertió sobre la manta y el colchón de paja. Ojos de Tinta empujó con el pie el cadáver hacia un lado y así vaciar del cuerpo la sangre que quedaba. Cuando comenzó a derramarse por el suelo, Arrojó sus armas a un lado y se arrodilló junto a su antiguo amo.

Ojos de Tinta posó las palmas de sus manos sobre la sangre caliente. Sobre el suelo dibujó con rapidez dos arcos, y volvió a posar sus manos en la sangre para hacer una serie de líneas que cortaban con los arcos. La sangre continuaba fluyendo del cadáver de Muzan, y Ojos de Tinta garabateó su silueta en un amplio círculo en el suelo alrededor del ogro.

Tras varios minutos, el orbe de luz roja se movió sobre el cuerpo de Muzan. El orbe comenzó a crecer. Con cada pulsación, la luz se expandía. Pronto se hizo tan grande como su calavera, luego el doble, y después se hizo del tamaño del torso de Muzan. La luz se expandió, hacia arriba y abajo, hasta formar una pira que consumía el cadáver de Muzan. Ojos de Tinta se inclinó con los brazos extendidos sobre ella, y esperó.

No esperó mucho.

- Bien, - dijo una voz como la de cien cigarras.

Ojos de Tinta miró hacia arriba.

La luz colgaba ahora sobre el cuerpo de Muzan como una cortina con reflejos de sangre. Tras la cortina, Ojos de Tinta pudo ver una enorme figura. La figura parecía encontrarse a cierta distancia, permitiendo que lo viese por completo. Tenía forma humana por lo menos en la cabeza y en el torso, a pesar de que tenía un par de cuernos tan anchos como sus hombros. Sus brazos y piernas eran como los de un esqueleto distorsionado, con articulaciones nudosas y carente de cualquier músculo discernible. Cada brazo terminaba en una masa de tentáculos que se retorcían como serpientes.

Sin embargo, lo que Ojos de Tinta pudo apreciar con mayor facilidad fueron los ojos de oni. Tres globos rojos perfectos la miraban fijamente.

- Estoy más que satisfecho con tu traición, - entonó el demonio. - Levántate, mi sirviente. -

Ojos de Tinta se levantó.

- Me has traído más sangre, pero aún necesito más, y requeriré más después. Muzan era débil. Intentó ocultarte de mis ojos. Sin embargo, he podido reconocer al verdadero sirviente que me ha estado alimentando todos estos años. Tú recibirás las recompensas por tus fieles actos, mi sirviente, y un poder que se encuentra más allá de todo cuanto has descubierto sola en el Pantano Takenuma. -

- ¿Tú lo conoces? ¿Cómo...? - empezó a decir Ojos de Tinta.

-Silencio. Conozco tus meditaciones, sí, y se lo que te han brindado. Haz mi voluntad, y todo cuanto has conocido serán minucias. Que mis dones sean el recuerdo para ti de la necesidad de servirme bien, y deja que el cuerpo de Muzan sea un recordatorio del precio del fracaso. -

Ojos de Tinta se puso rígida en el momento en que un rayo de luz roja la golpeó. Durante un momento, gritó a causa de un dolor como nunca antes había sentido. Su sangre parecía hervir bajo su piel, y sus ojos parecían salirse de sus órbitas. Todos sus músculos se sentían como si los fueran a separar de los huesos. El dolor desapareció tan rápido como había venido, dejando el tormento en la memoria. Ojos de Tinta intentó recuperar el aliento mientras estaba tendida en el suelo.



- Levanta. Levántate Ojos de Tinta, sirviente de Kuro, Levanta, Ojos de Tinta, la Profanadora. -

Ojos de Tinta se levantó.

El poder se escapaba por sus ojos en forma de niebla rojiza. Su cuerpo se sintió más fuerte. Tras sus meditaciones siempre se había sentido renovada, aunque nada podía compararse a cómo se sentía ahora. sus antiguas habilidades parecían de risa en comparación. Sus extremidades hormigueaban con ansias de matar.

Ojos de Tinta se detuvo, e inclinó la cabeza hacia un lado. De pronto, una conciencia diferente la golpeó. Observó el brillante portal y extendió su poder.

El dedo de Muzan tembló.

El cuerpo del ogro comenzó a agitarse en medio de la paja, bañado por la luz roja. Muzan se puso de pie, desnudo a excepción de la sangrienta herida de su estómago. Su cabeza se ladeó por el corte en el cuello que le dejó el cuchillo de Ojos de Tinta.

-¿Cuál...? - dijo el ogro con voz ronca. Su mirada vacía se posó sobre la nezumi que tenía ante el. - ¿Cuál es su voluntad, amo? -

Entonces, el oni se rió tras su cortina, con un sonido que ahogaba todos los demás.

Ojos de Tinta observaba a su nuevo sirviente, permaneciendo de pie frente a su nuevo maestro. El ogro parecía esperar pacientemente. La risa de Kuro llenó sus oídos.

Aunque aún llevaba la máscara, Ojos de Tinta sonrió sin poder recordar otra ocasión en la que hubiese sonreído de la misma manera.

- Vamos, - dijo poniendo en movimiento el cuerpo del ogro. - Tenemos mucho que hacer, dulzura. -

domingo, 10 de noviembre de 2013

Misión para el sirviente (2)


Una vez un poeta se refirió al Pantano Takenuma como el Ladrón de la Aurora. La luz del sol no se había posado sobre su oscuro suelo desde que los Kami trajeran su ira sobre el mundo, hace casi veinte años. Ahora, sin importar la hora del día que fuese, El extenso pantano de bambúes brillaba con tono gris en el perpetuo crepusculo.

Ojos de Tinta fue abriéndose paso a través del fino bambú plagado de musgo. La bruma se enroscaba entre sus piernas a medida que avanzaba chapoteando en las aguas poco profundas. Ella conocía aquella zona del Takenuma y sabía esquivar sus trampas más mortales. Rodeó los sumideros, lechos de escarabajos carnívoros y tumbas encantadas con la facilidad con la que atravesaría un campo de lirios.

Hacía poco tiempo que había caído la noche, y su presa aún no se había dormido. El Gran Amo recibiría su sangre esta noche, pero para ello aún faltaban unas horas. Ojos de Tinta se abrió paso hasta la sección del bambú con su tanto de filo largo, quedando más cerca de aquello que buscaba.

De pie, en niebla y loco abierto, Ojos de Tinta desató el amarre de la naginata de su espalda. Plantó en el suelo la culata del arma y luego clavó la hoja del tanto junto a ella. Ojos de Tinta tomó aire profundamente, cerró los ojos y se estiró.

Lentamente, comenzó a escuchar la melodía del Takenuma. Ranas que croaban. Insectos que cantaban. La llamada de alguna que otra ave nocturna, repentina y obsesiva. Estos fueron los primeros sonidos para Ojos de Tinta, los sonidos de la naturaleza, aunque fueron desvaneciéndose lentamente a medida que los iban reemplazando otros sonidos extraños en el ruido de fondo.

Ojos de Tinta escuchó los gemidos en sus voces; kami de los perdidos y muertos humanos que vagabundeaban entre los bambúes, alzados para ahogar los sonidos del pantano. Estaba segura de que no se trataba de que los hubiera escuchado, sino que se alzaron una vez decidió centrarse en ellos. Algunas de sus palabras eran ininteligibles, pero Ojos de Tinta sentía las emociones que emanaban sus fantasmagóricos gemidos; venganza, o tristeza, o a veces nada más que pérdida o penosa confusión.



A medida que se concentraba, incluso los lamentos de los fantasmas se desvanecieron. Entonces se incorporó una tercera melodía, completamente antinatural, aparte del mundo y sin ser parte de el. GRitos de animales torturados, incomprensibles farfullas de mil voces que hablaban al mismo tiempo, y los burbujeantes balbuceos de alguien que se ahogaba en las arenas movedizas que rodeaban a Ojos de Tinta. Ojos de tinta sintió que aquellos eran los inquietantes murmullos de los kami que hicieron de Takenuma su hogar; ellos eran el motivo de su meditación.

Los ruidos oscuros de los kami se arremolinaban alrededor de Ojos de Tinta en las corrientes y remolinos. Al principio no era más que un murmullo. El murmullo se convirtió en un tumulto que tiraba de su mente. El tumulto creció hasta la cacofonía, gritando en sus oídos, amenazando con desgarrar su cordura en pedazos. Ojos de Tinta se preparó contra la embestida del antinatural sonido, usando su alma para encontrar lo que andaba buscando. Después de varios momentos frenéticos, lo había encontrado; un silencioso y plácido ojo de la tormenta en la ira de los kami. La cacofonía se mantuvo girando, golpeando la esfera ahogada de silencio que tenía a su alrededor, pero Ojos de Tinta se mantuvo centrada en el silencio. En aquel silencio yacía el conocimiento que buscaba.

Mientras tocaba la esfera de silencio con su mente, se rindió a las fuerzas invisibles y el cuerpo de Ojos de Tinta comenzó a moverse. Su pierna izquierda se deslizó sobre el mullido barro, perturbando a los merodeadores nocturnos bajo ella. Su otro pie se deslizó hacia delante. Su peso corporal se movió. Sus brazos comenzaron a moverse en seguida, al compás de la cabeza y la cola. Sola en la oscuridad del Takenuma, Ojos de Tinta bailaba como si tuviese unos invisibles cordeles de marioneta sujetos a su burbuja de meditación.

Bailó durante horas en aquel silencio, guiada desde el más allá. Ojos de Tinta se creía el ninja más habilidoso de los nezumi, pese a que no hubiese sido entrenada por un sensei mortal. Cuando pudo afrontarlo, habiendo regresado a su claridad, se encontró en el lugar donde podía abandonarse al entrenamiento. Hace años, los sonidos de los fantasmas y los kami que solo Ojos de Tinta podía escuchar le habían ofrecido poco a la mente de aquella niña torturada. De algún modo, suponía un alivio el poder escucharlos, aunque el alivio fuese pequeño. No pasó mucho tiempo antes de que Ojos de tinta se encontrara a sí misma buscando algo de confort en medio de aquel balbuceo antinatural, buscando algún patrón en medio del canto de los Kami.



La primera vez que encontró el bolsillo de silencio, el lugar de su mente que no se hallaba acosado por las voces de más allá del velo, Ojos de Tinta comenzó a cambiar. Se volvió notablemente más rápida y fuerte tras esas meditaciones, más habilidosa con sus armas. Sus habilidades ya habían superado todo aquello que pudiera haber aprendido a aquella edad de un centenar de maestros. Aquellas habilidades no habían preservado su cordura, pero si su supervivencia. Ojos de Tinta había sido enviada por Muzan y su oscuro amo a incontables misiones sangrientas, y nunca les había fallado. Muzan nunca preguntó la manera en que su dulzura tenía éxito. Conque tuviera éxito le era suficiente.

Ojos de Tinta ralentizó sus movimientos hasta detenerse. Los sonidos de los kami se desvanecieron como si hubiesen caído a un profundo pozo. Durante un momento, las voces de los fantasmas las reemplazaron, incluso aquellas habían menguado rápidamente. En poco tiempo se quedó rodeada solamente por el sonido de las ranas, insectos, los pájaros nocturnos y el pesado sonido de su pesada respiración. Como siempre había sido verdad tras las lecciones del subconsciente, se encontró con la naginata en una mano y el tanto en la otra. En los bordes del claro en un amplio círculo, el bambú podrido había sido segado casi hasta el suelo.

Ojos de Tinta se puso erguida. A pesar de la extraña luminiscencia del pantano, la luna era claramente visible sobre su cabeza, un pálido disco blanco. Era medianoche, o bastante cerca, y era tiempo de empezar a moverse.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Misión para el sirviente (1)


- Vaya cosa más linda, - graznó Muzan. Cerraba su grueso pulgar y dedo índice en torno a la barbilla de Ojos de Tinta. La mano de cuatro dedos del ogro podría aplastar su cráneo con facilidad, un pensamiento que parecía pasar brevemente por sus ojos, antes de traer su rostro hacia si mismo. Su fétido aliento a carne, sangre y vino erizó el pelaje de Ojos de Tinta. - Tan linda, y tan cruel. -

Ojos de Tinta le miraba, sin pestañear.

- Ah, cómo osas burlarte de mi, - continuó Muzan. - Te encontré sola en el pantano, arrojada al mismo por tus propias ratas. Viniste a mi hambrienta y helada; ahora estás bien alimentada de carroña, caliente de realizar tareas, nunca más sola. Hubieras muerto sin mi, pequeña rata. - El ogro se rió con malicia.

- ¿Aún no me amas por ello? - El dolor en la barbilla de Ojos de Tinta se hizo más intenso. El ogro acercó su curtido rostro, ocupando toda su visión con su pelaje de un tono púrpura grisáceo. - Te he convertido en lo que eres ahora, y no veo signo alguno de gratitud. No eres más que una infeliz, mi dulzura Nezumi, una ingrata, sin amor, cruel desdichada.-

Con un movimiento de su brazo, arrojó a Ojos de Tinta hacia la oscuridad. se golpeó la espalda contra las rocas, luego la cabeza, y finalmente se desplomó en el frío suelo. Consiguió levantarse sobre sus rodillas mientras se tambaleaba.



- Soy lo que usted me ha hecho, amo. -

- ¡Bah! - espetó Muzan. Le lanzó a ella una silla con sorprendente rapidez. La silla hubiese aplastado su esbelta forma, pero Ojos de Tinta rodó hacia un lado y la esquivó. La madera se hizo astillas contra la roca, partiéndose en pedazos. Antes de que pudiera ponerse en pie, la enorme figura del ogro se aproximaba hacia ella con los puños apretados. Muzan era inmenso, rebosante de protuberancias musculares y óseas, y su rugido era ensordecedor. - ¡Mira! ¡Has arruinado mi silla favorita! -

Muzan cerró los dedos sobre su garganta. La levantó y la alzó hasta dejarla colgando sobre el suelo. Una vez más, el apestoso aliento del ogro se posaba como una nube alrededor de su cara.

- ¡Arreglarás la silla! - ordenó.

- Por supuesto - sollozó Ojos de Tinta, debido a la falta de aire en sus pulmones. - Lo arreglaré, como siempre hago, Amo. - La visión de Ojos de Tinta comenzaba a oscurecerse.

- A eso llamo yo una buena chica. - dijo Muzan, tras lo cual la soltó. - Tan dulce, tan tierna. -

Ojos de Tinta carraspeó para aclararse la garganta, jadeando mientras intentaba tomar aire. El ogro le había dado la espalda y se dirigía hacia las sombras tambaleándose y arrastrando los pies. La oscuridad le consumió. Ojos de Tinta le escuchó trastear con una bota de vino, intentando llenar alguna jarra rota. Su voz resonó de manera inquietante en las rocas.

- El Amo requiere más sangre. Habla de una banda nezumi acampada cerca. -

Ojos de Tinta se sentó erguida. Sus ojos negros brillaron al reflejarse en ellos la escasa luz de la habitación. - ¿Una banda Nezumi? - preguntó. - ¿Estás seguro de que es lo que ha dicho? -

- Seguro, seguro. El Amo fue bastante claro. Te gustaría saber si se trata de tu preciada banda Okiba, ¿eh? ¿Quién puede saberlo? Todas las ratas son iguales: patéticas y lloricas. Pregúntame a qué familia de ranas pertenecen y te daré la misma respuesta. ¿Quién puede saberlo, quién puede saberlo? - Ojos de Tinta le oyó dar un largo trago, y luego exhaló profundamente. Su voz llegaba desde la habitación a través de las sombras. - Todo lo que tienes que saber es quién lidera a las ratas, dulzura. Encuentra a la rata más gorda, córtale su diminuto cuello de rata y tráeme su sangre de ratita. -

Ojos de Tinta hizo una reverencia. - Como desees, Amo. -

- Como mi amo desee, - la corrigió Muzan, tras lo cual eructó. - Pero arregla la silla antes de irte, mi cosita bonita. -
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