lunes, 12 de agosto de 2013

HAS MUERTO

Empezamos la semana con un artículo traído directamente de los despachos de nuestro Abogado Samoano. Él nos explica cómo...



Hola a todos, soy el Abogado Samoano y la razón de esta entrada es hablaros del Dark Souls ( ps3 y xbox 360), el afamado juego de From Software y continuación de Demon´s Souls ( ps3). Por si aún no lo conoceis Dark Souls es un juego de acción-hardcore con bastantes tintes de rol, hecho a la antigua, es decir, no apto para principantes en este inmenso mundo del ocio digital. Y es que en Dark Souls, al igual que con su predecesor, la frase que mas escuchareis será la que da título a esta entrada, ya que en este juego la muerte aguarda tras cada esquina. Cualquier enemigo por débil o simple que parezca puede acabar con  tu vida (y si se te juntan dos palmas fijo).  La mecánica del juego es simple y los controles son sencillos, sin embargo en este juego no vale eso de aporrear botones a lo Devil May Cry para dar espadazos a diestro y siniestro, tampoco matarás enemigos de 10 en 10 ni te pasarás en juego en 8 horas, pero lo que si te garantizo es que morirás mucho y que cada vez que lo hagas tendrás que empezar desde el último punto de guardado (en forma de hogueras que pueden estar cerca de donde has muerto o puede estar donde cristo perdió el mechero) con el consiguiente riesgo y casi certeza de que volverás a morir varias veces antes de alcanzar la siguiente hoguera.



Si tras leer lo anterior aún no se te han quitado las ganas de probarlo deberías seguir leyendo, y es que si algo tiene Dark Souls es la capacidad de absorber al jugador. Las primeras horas son algo confusas ya que tras elegir al personaje y enseñarte a jugar en un pequeño tutorial (en el que probablemente mueras, juajuajuaaa) te sueltan en la zona principal del mapa y no te dicen ni que camino tomar ni como cumplir tu misión ni nada de nada, asi que básicamente tienes que buscarte la vida e ir por el camino por el que mueras menos. Esto le da un plus de dificultad al juego, sin embargo, no os desaniméis, el juego es altamente gratificante cuando pasas estos primeros compases de juego ya que la cantidad de objetos, magias y equipamiento que obtienes te motiva a seguir avanzando. El mapa del juego es bastante grande y hay varias zonas secretas, pero secretas de verdad. Además no faltan los grandes jefazos de zona que pueden fulminarnos de medio ataque, y no es un decir.



Con todo lo dicho hasta ahora creo que os podéis hacer una idea del juego. Como habréis apreciado nada se ha dicho aquí de la historia, y es que ésta es prácticamente inexistente, solo en ciertos puntos se habla algo de la historia del mundo en que nos movemos, es un juego lento debido a la cantidad de veces que moriremos, sin embargo, cada paso que demos, cada hoguera en la que nos sentemos a descansar o cada objeto que recojamos nos hará sentir que todo el sufrimiento a merecido la pena, de verdad. Es un juego altamente gratificante y envolvente que hay que probar para saber a ciencia cierta lo que tenemos delante.
Dark souls es una obra maestra en el mundo del videojuego que no dejará de sorprendernos, así que, armaos de paciencia y no la diñéis en el intento.

viernes, 9 de agosto de 2013

Aventuras por el Viejo Mundo (capítulo tres)


Tercera Entrada
Un sin parar hacia Nuln


Bien entrada la mañana nos pusimos en marcha hacia la aldea vecina de Nuln. Podíamos incluso haber llegado a Nuln ese mismo día si hubiésemos salido al amanecer, pero todos los miembros de la caravana necesitábamos un buen descanso tras resistir el asedio de los hombres bestia. Muchos hombres habían sufrido heridas y algunos murieron. Los heridos recibieron la poca atención que sus compañeros supimos prestarles. Al llegar a la aldea conocimos en persona a Hans, el cochero jefe que dirigía la caravana hacia Nuln. Íbamos a quedarnos dos días en la aldea para que los heridos pudiesen descansar, de modo que buscamos alojamiento en una posada. Hans había quedado muy impresionado por nuestra actuación en el asedio y nos propuso un trabajo para ganarnos unas monedas. El trabajo consistía en llevar unos cajones que trajo la caravana consigo a un punto en las afueras de la aldea, y de paso, imponer presencia en el caso de que el cliente no tuviera intenciones de pagar. Grimnioz y yo aceptamos el trato, mientras que Heinrich se mostró reacio y decidió quedarse en la posada. Puesto que se trataba de un trabajo que requería discreción, Grimnioz dejó a regañadientes su nuevo estandarte en la habitación con Heinrich.

Nos reunimos con Hans en el lugar donde estaba la caravana. Tenía los cajones listos para ser transportados, ocultos bajo unas telas. Por fortuna no eran muy grandes y el punto de encuentro resultó estar muy cerca. Llegamos a la última casa en la zona exterior del pueblo y nos abrieron el pórtico metros antes de que llegásemos. Entramos y avanzamos hasta llegar a un patio interior abierto, en el que nos esperaban dos hombres ataviados con capuchas y tres bestias de carga con alforjas, que no aparentaban muy buena salud. Había muchas moscas revoloteando sobre las bestias pero también sobre los encapuchados.

Noté que Hans tenía cara de preocupación, como si algo de lo que había en la escena no encajase en su cabeza. Posó el cajón cuidadosamente en el suelo y se dirigió hacia uno de ellos. Mientras Grimnioz y yo esperamos a que Hans regresara y nos contase lo que estaba pasando. No pudimos oír una palabra de lo que decía el encapuchado. Solo pude
entender palabras sueltas de Hans, algo acerca de no ir más lejos, que no era lo acordado. Poco después de que Hans mostrase sus desacuerdos, el encapuchado descubrió su rostro, lleno de pústulas y gusanos que se movian por su cabeza y caían al suelo. Tras revelarse como una monstruosidad enferma, lanzó un verdoso vómito sobre Hans, que comenzó a gritar de dolor mientras aquella viscosa sustancia deshacía su carne. El otro encapuchado desenvainó una espada en el momento en el que Grimnioz lanzó el cajón hacia el asesino de Hans. Por desgracia erró el lanzamiento. Cuando el cajón tocó el suelo estalló en una bola de fuego verdoso que creó una columna de humo con forma de hongo. En vista de lo ocurrido, posé el cajón con cuidado en el suelo tras de mi, preparé mi arco y me dispuse a disparar al asesino de Hans mientras Grimnioz mantenía ocupado a su otro adversario.

Entonces no lo sabíamos, pero en ese momento Heinrich se hallaba en la posada, concentrado en sus lecturas. Estando allí, no supo muy bien cual fue la razón de su acto, pero apartó la vista de su libro de hechizos del Colegio de la Luz y miró hacia la ventana. Lo hizo un instante y reparó por poco en una columna de humo verde asomaba al final del pueblo. Reaccionó cuando pensó en lo que creyó haber visto, y un segundo vistazo más detenido confirmó que sus ojos no le habían engañado. Recogió sus pertrechos y fue corriendo hacia el lugar en que nos encontrábamos.

Parecía que tanto el hechicero como su guardaespaldas eran seguidores del dios del caos Nurgle. Sus caras infestas reflejaban que se habían vendido al dios de la podredumbre y la corrupción. Grimnioz golpeó con el martillo a su oponente mientras yo disparaba flechas al hechicero. Nuestros adversarios eran más duros de lo que nos imaginamos por su enfermiza apariencia. Los golpes de Grimnioz no dañaban tanto a su oponente, que vomitaba de forma incansable. Por mi parte, diría incluso que alguna de mis flechas salió rebotada del cuerpo del hechicero. Este me lanzaba proyectiles mágicos uno tras otro. Grimnioz recurría a su escudo para evitar los golpes, pero uno de ellos fue tan certero que hizo que cayera al suelo y soltó su martillo. Yo veía la situación perdida, cuando Heinrich apareció.



No pudo ser en mejor momento, pues el hechicero había entrado en un estado de parálisis mientras reunía las fuerzas mágicas. Heinrich castigaba con sus hechizos al asesino de Hans mientras yo sacaba mi hacha y retenía al otro guerrero. Conseguimos vencerles a duras penas. Heinrich utilizó sus poderes para curar al enano cuanto pudo. Una vez estuvimos todos en pie registramos los dos cajones que no habían explotado. En ellos había numerosos frascos con ingredientes que según Heinrich estarían destinados a hacer pociones mágicas. Cogió varios frascos de lo que consideró ingredientes prohibidos, mientras yo observaba atónito cómo el enano iracundo propinaba golpes con su martillo a las mulas hasta amputarles las cabezas. No conforme con eso apartó a Heinrich de su tarea para coger los cajones restantes al fuego alquímico, provocando otras dos explosiones. Tras este suceso hasta el enano cambió de carácter y decidimos salir corriendo del lugar antes de que los curiosos decidieran acercarse.

No habíamos corrido tanto ni tan rápido antes en nuestras vidas. Apenas dos horas más tarde de salir de la aldea pudimos divisar la ciudad de Nuln. Relajamos el paso para no llegar jadeando a la ciudad. Durante ese rato pude agradecerle a Heinrich que apareciese para ayudarnos ante aquellos fanáticos del caos. Por otro lado, Grimnioz solamente se dirigió a Heinrich para recriminarle que hubiese olvidado su estandarte en la posada.

jueves, 8 de agosto de 2013

Un aniversario atemporal


Hoy soy yo quien presenta a un colaborador, y es que desde que se fue el Gran Nigromante todos subimos peldaños en esta inusual escalera. Os dejo con uno de nuestros generales más destacados, que tiene algo que contarnos.


Buenas gente, en este día aparezco por aquí como humilde servidor de la Rata Cornuda (pese a ser el gran Trosef  Butterflanks señor Enano de las montañas de la Sabiduría Fraccionada.) Y es que el oro es el oro…

El motivo de mi entrada es hablar de una serie británica que recientemente me ha enganchado y no me ha soltado. Se trata de  Doctor Who que este 23 de Noviembre precisamente cumple su 50 aniversario. La serie se empezó a emitir un 23 de Noviembre de 1963 y se emitió hasta 1989 tras lo que hubo un gran parón en el que sí que salieron varios especiales y una película. En 2005 la serie comenzó a emitirse de nuevo con más presupuesto y Russel T. Davies a la cabeza del proyecto. Desde entonces su audiencia no ha hecho más que crecer y el 50 aniversario se ha convertido en un acontecimiento muy esperado por todos los Whovians (término del tipo “trekkie” que hace referencia a los fans acérrimos de la serie).La serie sigue en emisión a día de hoy y ya van por la 7 temporada de la “nueva” serie. Pero basta ya de verborrea técnica, hablemos de El Doctor y todos sus “mundos”.

El Doctor es un alienígena de la especie “Time Lord” (Señor del Tiempo) que tras ver como todo su mundo desaparecía junto a su planeta frente a sus ojos decide usar su T.A.R.D.I.S.(Time And Relative Dimension In Space) para viajar a través del espacio y del tiempo y vivir una vida que no le deje mucho tiempo para pensar en el pasado y lo que conlleva. Así que El Doctor siempre se las arregla para encontrar, conocer a algún humano lo suficientemente loco para querer viajar con él y es que si tú tuvieses la oportunidad, ¿No la aprovecharías? Viajar a la Luna para ver el final de la Tierra 5.000 años en el futuro, ver  un mundo conformado de Diamantes, ir al “final” del Universo, todo esto es posible si corres de la mano del Doctor, y es que su fisionomía con dos corazones parece impulsarle a correr continuamente, ¿O es que está huyendo de algo?.



Las Comapanions que El Doctor ha tenido durante la serie “nueva”.

Doctor Who es una serie de ciencia ficción de culto en el que el argumento siempre sorprende y en el que Russel T. Davies y luego Steven Moffat juegan con tu mente y te hacen odiar y amar a sus personajes. Además el Companion (compañero/a humano que siempre le acompaña) hace que el espectador se identifique y a la hora de la verdad la serie suele hablar de temas muy humanos disfrazándolo de un tema de ciencia ficción).

¿Y cómo una serie ha durado tantos años sin que la trama se resienta? Pues bien, poniendo a diferentes actores como intérpretes del Doctor a lo largo de ésta. Para ello se han valido de la Regeneración y es que cuando el Doctor está cerca de la muerte puede regenerarse y así evitarla…Pero todo tiene un precio y al regenerarse éste, su personalidad y su físico cambian (sus recuerdos permanecen intactos). Hasta la fecha ha habido 11 Doctores y el actual Doctor (el gran Matt Smith y mi favorito) ha decidido abandonar la serie cuando acabe el especial del 23 de Noviembre. Este pasado día 4 se anunció en un especial de la BBC (canal que emite la serie) al nuevo Doctor que será Peter Capaldi quién ya tuvo un “pinito” en un episodio de la serie llamado “Los fuegos de Pompeya”.



En definitiva, es una serie magnífica para quién le guste el género de la ciencia ficción y para quién no… también.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Commander: Kaalia de la Vastedad


Hoy voy a hablaros de una de mis barajas que no deja indiferente a nadie. La commander es Kaalia de la Vastedad, y aunque resulta bastante evidente cómo funciona, siempre está bien puntualizar ciertas cosas.



En principio es un comandante un tanto lento de castear (curva de maná cuatro). He visto que se puede llegar a bajar en un segundo turno con una mano inicial adecuada, incluyendo artefactos de maná seleccionados para dicho propósito. Sin embargo, después de bajarla apenas quedan cartas en la mano, y por consiguiente, menores son las posibilidades de bajar de la mano un pino enorme. Además, Commander es un formato que puede permitir tomarte tu tiempo, y facilita que puedan "desmontarte el chiringuito" con una rapidez asombrosa. Es por estos motivos que se trata de una baraja amigable, pese a ser competente.

Criaturas:

1 x Adarkar Valkyrie
1 x Akroma, Angel of Fury
1 x Akroma, Angel of Wrath
1 x Angel of Despair
1 x Aurelia, the Warleader
1 x Baneslayer Angel
1 x Gisela, Blade of Goldnight
1 x Linvala, Keeper of Silence
1 x Reya Dawnbringer
1 x Bloodgift Demon
1 x Lord of the Void
1 x Ob Nixilis, the Fallen
1 x Rune-Scarred Demon
1 x Balefire Dragon
1 x Bladewing the Risen
1 x Bogardan Hellkite
1 x Dragon Mage
1 x Hellkite Charger
1 x Zodiac Dragon



El Maestro de Crueldades el el bicho-combo de la baraja. Para aquellos que no se hubiesen percatado, la habilidad de la criatura sitúa en uno la vida total del oponente antes de la asignación de daño, con lo que llega Kaalia y mata. Y por si alguien se pregunta "¿y cómo es que no mete a Avacyn?", es por la regla de la casa que pusimos antes de las últimas correcciones sobre leyendas. No incluimos en nuestras barajas los comandantes de otras barajas.

Artefactos:

1 x Chromatic Lantern
1 x Darksteel Ingot
1 x Howling Mine
1 x Lightning Greaves
1 x Mana Vault
1 x Sol Ring
1 x Staff of Nin
1 x Swiftfoot Boots
1 x Thran Dynamo



La Linterna Cromática es un artefacto que resulta casi vital en una baraja de tres o más colores. Evita las atascadas de maná, al menos en un principio.

Encantamientos:

1 x Animate Dead
1 x Debtors' Knell
1 x Land Tax
1 x Moat
1 x Nevermore
1 x Phyrexian Arena
1 x Seal of Cleansing
1 x True Conviction



Instantáneos:

1 x Diabolic Edict
1 x Disenchant
1 x Enlightened Tutor
1 x Fault Line
1 x Mortify
1 x Orim's Thunder
1 x Path to Exile
1 x Return to Dust
1 x Swords to Plowshares
1 x Terminate
1 x Unmake
1 x Vampiric Tutor



Conjuros:

1 x Blasphemous Act
1 x Damnation
1 x Day of Judjement
1 x Death Grasp
1 x Death or Glory
1 x Demonic Tutor
1 x Diabolic Tutor
1 x Fireball
1 x Imperial Seal
1 x Kitar's Wrath
1 x Mind Twist
1 x Resurrection
1 x Rout
1 x Phyrexian Rebirth
1 x Vindicate
1 x Wheel of Fortune
1 x Wrath of God



El removal masivo de criaturas resulta bastante necesario contra barajas rápidas. Por otro lado un tutor a tiempo nos permite buscar la salvajada de criatura que queramos y bajarlo atacando con el commander. Si se alarga la partida, seguro que un Death or Glory viene de perlas.

Tierras:

5 x Mountain
5 x Plain
4 x Swamp
1 x Graven Crains
1 x Rugged Prairie
1 x Fetid Heath
1 x Command Tower
1 x Bloodstained Mire
1 x Marsh Flats
1 x Arid Mesa
1 x Urborg, Tomb of Yawgmoth
1 x Dragonskull Summit
1 x Clifftop Retreat
1 x Isolated Chapel
1 x Blood Crypt
1 x Godless Shrine
1 x Sacred Foundry
1 x Strip Mine
1 x Wasteland
1 x Badlands
1 x Plateau
1 x Scrubland

Quizás a la baraja le sobre removal masivo de criaturas y le falte algún bicho. Al tratarse de una baraja auto-play le he buscado las tuercas para que resista el mayor número de embates posibles. de este modo nos aseguramos bastante de poder bajar las criaturas pagando su coste si nos matan numerosas veces al commander. ¿Qué os parece?

martes, 6 de agosto de 2013

Aventuras por el Viejo Mundo (capítulo dos)


Segunda Entrada
Historias personales


A la mañana del día siguiente de nuestro desafortunado encuentro con el nigromante Heinrich Kemmler, llegamos a las puertas de una pequeña ciudadela. Uno de los guardias nos cobró por entrar y le pedí que me indicara donde podía encontrar un templo de Shallya. Esperaba que la diosa que había salvado a mi madre cuando unas fiebres estuvieron a punto de arrebatarle la vida se mostrara piadosa también conmigo y aliviara el malestar que me acompaña desde el templo sigmarita. Acordé con mis compañeros una taberna como punto de encuentro y acudí al templo con la esperanza de aliviar mis sufrimientos. Una vez allí el sacerdote del templo me procuró un tratamiento que más bien fue una tortura. Llenó mi cuerpo de cortes e incluso llegó a darme unas sanguijuelas para que me las aplicase en los días sucesivos. Apenas tuve tiempo de alejarme unos pasos del templo cuando las fuerzas terminaron de abandonarme y me desmayé.



Lo siguiente que recuerdo fue la cara de Frida, una chica algo rolliza y aún más trastornada. Aseguraba que le había propuesto matrimonio cuando me sacó inconsciente de las calles. Cuando recobré las fuerzas intenté salir del lugar. El padre de Frida intentó detenerme y dijo algo acerca de que no era el primero en intentar abandonar a su demente hija. Debido a mi estado se repitió el mismo suceso que al salir del templo de Shallya, solo que esta vez desperté en la misma posada que pacté con mis camaradas como punto de encuentro. Por fin todo estaba en su sitio, excepto mi pellejo de monedas y una de mis botas.

Tras haber pasado el resto del día y la noche en cama, decidí recurrir a los servicios de un médico. Realmente, el examen del médico fue mucho más llevadero que el de aquel sacerdote con aires de sanador. Sus observaciones y consejos resultaron muchísimo más eficaces. Salí de la consulta y tras comer un estofado sin la carne seca de las
raciones me sentía mucho mejor. Estos hechos me dieron que pensar. ¿Acaso mi madre se salvó por una mezcla de suerte y pura fuerza de voluntad?

Mientras estuve ausente, mis compañeros habían acordado con unos hombres que podríamos acompañarlos en una caravana que se dirigía a Nuln, a cambio de realizar labores de escolta. Estuve de acuerdo con mis compañeros, pues aunque las caravanas son propensas a recibir más ataques que un pequeño grupo de viajeros, el éxito de estos
ataques suele ser mucho menor.

Durante el viaje tuvimos tiempo de entablar conversación con algunos de los guardas. Nos contaron que se realizarían un total de diez paradas, la mitad programadas hacia el mediodía y la otra mitad en pequeños asentamientos y aldeas a lo largo del camino durante las horas de noche. Pese a que la gente no mostraba signos de temor, los veteranos nos advirtieron de que se habían avistado pequeñas avanzadas de los llamados Hombres-Bestia del Caos últimamente.

Los rumores estaban fundados. Fuimos atacados por tres pequeños grupos de gors al poco tiempo de llegar al primero de los asentamientos. Tuvimos el tiempo suficiente para tomar una posición ventajosa. Los arqueros y ballesteros causamos un buen número de bajas. Heinrich tuvo una buena ocasión para practicar sus hechizos sobre las bestias, haciéndolas caer de uno en uno. Grimnioz y los lanceros resistieron el embate de las bestias e hicieron huir al resto. Pocos hombres fueron heridos y el entusiasmo de los viajeros estuvo más alto que antes.

Al día siguiente, volvimos a hacer un descanso a la hora de comer en una refugio del camino, situado a frente a un bosque. me adentré en el bosque con la intención de cazar algún animal que añadir al puchero, pero descubrí a dos de aquellos hombres bestia armados y vigilantes. Conseguí volver sin que me viesen y puse sobre aviso a los hombres, que rápidamente organizaron una avanzada liderada por Grimnioz para librarnos de ellos antes de que pudieran causarnos problemas. Cuando nos adentramos en el bosque los hombres-bestia se habían reagrupado. Sin embargo seguían sin ser muy numerosos. Lanzamos un ataque por sorpresa desde la distancia y herimos a un par de bestias. Alertadas por nuestro ataque, las bestias cargaron contra nosotros. Durante la refriega se oyó un rugido que ensordeció el ruido del metal chocando entre si. Grimnioz recibió un golpe en la mano por parte de uno de los últimos gors que quedaban en pie y tuvo que dejar caer su martillo. Acabamos con las bestias a duras penas, pero decidimos escondernos en el refugio con el resto de viajeros para evitar llamar más la atención. Grimnioz vio herido su orgullo enano y decidío regresar a por su martillo de guerra. Obviamente, ninguno de los hombres iba a arriesgar su vida por recuperar el arma del enano, y menos aún desconociendo los peligros que todavía moraban en ese bosque. Esperamos en el refugio el regreso de nuestro compañero. Algunos aclamaban la valía del enano. Otros murmuraban acerca de su insensatez y el fatal destino que le aguardaba en la espesura del bosque.

Tiempo después se oyeron pasos, seguidos de unos ligeros golpes en la puerta. Nuestra sorpresa no pudo ser mayor cuando, al abrir la puerta, vimos que Grimnioz había regresado portando en una de sus manos su preciado martillo con manchas de sangre, y en la otra la cabeza de una de aquellas enormes criaturas, mezcla de hombre y toro. El enano fue vitoreado por los hombres y tratado a cuerpo de rey durante la comida. Grimnioz relataba su heroica hazaña mientras el resto de viajeros bebían sus palabras.

El siguiente escrito está sacado directamente de las palabras de Grimnioz, donde me cuenta en confianza el verdadero relato de su lucha con el minotauro.

“Verás compañero. He de confesarte que no acabé con la enorme bestia en un elaborado combate, frente a frente. No fue una hazaña tan heroica; al menos, no tanto como la versión que les he relatado a tus congéneres. No es que quiera hacerme el héroe delante de ellos, ¿eh?, pero no me negarás que es bueno que tengan la moral alta, por si sufrimos nuevos ataques. Cuando salí del refugio, me encaminé, al sitio en que tuvo lugar la anterior refriega. Ya veía los cuerpos, de los hombres-bestia que derrotamos, cuando apareció de entre los árboles el enorme minotauro con su enorme hacha. Fui tan rápido como pude hacia el martillo, mientras escuchaba los pasos y bramidos de la criatura acercándose hacia mi. Estaba a punto de alcanzarme, cuando logré recuperar mi martillo sin detener mi avance. Esquivé a la bestia tras un tronco y logré atacarla por sorpresa, y aunque la bestia erró su primer ataque logró propinarme un segundo. La enfurecida bestia agarró su hacha con firmeza, y logró asestarme un tremendo golpe, que hizo que saliera volando de espaldas hasta caer al suelo. Vi cómo el minotauro se preparó para rematarme, pero me negué a morir de esa forma. arrastré mi cuerpo en el último instante y el minotauro falló el golpe con una torpeza insólita. El hacha impactó en el suelo con tal fuerza que el minotauro dio una vuelta en el aire sobre sí mismo, cayendo de espaldas. Me levanté y, partir de ese momento, me limite a machacar la cabeza de la bestia a placer, a martillazo limpio cuando me quise dar cuenta, le había decapitado a martillazos. Mírala otra vez. Bonito trofeo, ¿eh? Me haré un estandarte con ella.”



El tercer día de la travesía estuvo bastante relajado. Grimnioz fabricó un estandarte con el trofeo del día anterior mientras se recuperaba de sus heridas. El resto de nosotros dedicamos la mayor parte del viaje a prepararnos para la última jornada, la cual era vaticinada como la peor del trayecto. El único incidente ocurrió durante mi guardia. Descubrí un hombre-bestia que vigilaba nuestro asentamiento, pero una flecha de aviso bastó para que el hombre-bestia nos dejase tranquilos. Durante la travesía en nuestro cuarto día de viaje se respiraba una calma poco tranquilizadora. No estaba seguro si se debía a que estábamos en las proximidades de una aldea, pero no había señales de vida animal ni de otros viajeros. Llegamos a un caserón que hacía las veces de refugio y fuerte. Aunque el sitio tenía aspecto de sólido y
adecuado para alojar personas se podía percibir el olor a ganado en el ambiente. Eran altas horas de la noche cuando el vigía dio la voz de alarma: varios grupos de hombres-bestia se aproximaban. Nos habíamos organizado en grupos y repartimos las armas. Vi cómo varios hombres aseguraban el portón de la entrada. Otros cogían ballestas y se dirigían a los huecos del muro. Heinrich se encaminó en solitario hacia uno de los balcones de la casa, mientras Grimnioz se situaba al frente de la formación de lanceros. Yo me reuní con el resto de arqueros y nos dirigimos hacia la más elevada del caserón, donde se hallaba el vigía.

Al llegar pude observar la aterradora escena. Un pequeño batallón de hombres-bestia rugía de ansia ante mis ojos. Aún se hallaban a cierta distancia del asentamiento y debíamos aprovecharlo si queríamos sobrevivir. Tres formaciones de gors que contaban con el apoyo de tres enormes minotauros en la retaguardia. Flechas y virotes volaron hacia nuestros aberrantes oponentes antes de que pudieran iniciar su marcha. Tuvimos tiempo de lanzar dos oleadas de flechas contra los hombres-bestia antes de que llegaran a los muros. Grimnioz y sus compañeros supieron aprovechar su ventajosa posición y entre todos conseguimos reducir el número de atacantes. Heinrich aprovechó ese tiempo para lanzar sus hechizos contra los minotauros, que decidieron avanzar cuando la segunda unidad de gors llegó a la entrada. Cuando una de las formaciones de hombres bestia fue aniquilada, la tercera unidad al completo ocupó su lugar. Heinrich seguía atacando a los minotauros con la esperanza de poder librarnos de alguno de ellos antes de que llegasen a las puertas. Mis compañeros arqueros y yo desviamos nuestra atención a los gors que intentaban abrir brecha en la entrada y continuamos abatiendo bestias.

Varios ataques de los ballesteros combinados con los proyectiles mágicos de Heinrich lograron acabar con uno de los minotauros. Los gors que se apostaban en la entrada habían sufrido ya muchas bajas, pero fue entonces cuando los dos minotauros restantes acudieron hacia la puerta con la intención de echarla abajo. La puerta había resistido de forma increíble la embestida de los gors, pero la fuerza de los minotauros comenzaba a hacer mella. Por fortuna la puerta resistió el tiempo suficiente para que Grimnioz y el resto hiciesen disminuir el número de gors. Además, otro de los minotauros había caído bajo la poderosa magia de Heinrich, y para cuando consiguieron derribar la puerta se encontraban en inferioridad numérica. Las bestias terminaron por salir huyendo del lugar en estampida, mientras el minotauro que quedaba en pie bramaba de cólera. Lo habíamos conseguido. Habíamos sobrevivido.

lunes, 5 de agosto de 2013

Aventuras por el Viejo Mundo (presentación y capítulo uno)

Un caluroso "how" a todos. Hoy os presento el primer capítulo de Aventuras por el Viejo Mundo, además de una pequeña presentación sobre mi personaje. Vuelvo a recordar que fue mi personaje quien relató todos los acontecimientos del grupo desde su punto de vista, por lo que en ocasiones deberéis sacar vuestras propias conclusiones sobre lo que sucedió realmente. A la hora de jugar a rol considero importante darle un buen trasfondo al personaje, pues este simple hecho hace que el jugador reaccione y tome decisiones como lo haría su personaje de manera natural. 

Sin más dilación, os dejo con nuestras Aventuras por el Viejo Mundo.



Acerca de mi ...

Todo primer encuentro merece una presentación, de modo que hago saber a cualquiera que lea estas crónicas sobre nuestras aventuras que mi nombre es Ernesto Ponce de León. Nací en Argigil, una pequeña aldea estaliana al oeste de Bilbali. Tengo diecisiete años y nací el treinta y dos de Pflugzeit de 2475 D.S. para ser exacto. 

Procedo de una típica familia de campesinos. Mi padre se llama Eufrasio y es agricultor. Lo ha sido siempre y lo será hasta el fin de sus días, al igual que mi hermano mayor Emmanuel. Ambos tienen un buen corazón, pero son harto tercos. En concreto Emmanuel, con el que sostuve una enorme discusión los días previos a mi partida. No le 
culpo por defender su idea de que ir a conocer el mundo en busca de aventuras era “más fácil” que quedarse a labrar los campos y cuidar del ganado. Supongo que es lo que pensaría cualquiera que no hubiese llegado hasta la cima de las montañas Céfiro ni visto la inmensidad del mar del oeste. 

Por otro lado están mi madre María Elena y mi hermana pequeña Mariel. Se dedican al cuidado de las tareas del hogar, algo que tampoco dista mucho de lo habitual en las mujeres de la región. Madre es algo cotilla, pero tierna y llena de alegría. Dice que soy la cosa más bonita del mundo; el mundo, sin embargo, opina que solo acertó en lo de "cosa". Solo espero que Mariel aprenda a valerse por sí misma. Es una chiquilla con caracter, y espero que no lo pierda como le ocurrió a madre. A veces me esconde el carcaj o llena mis botas de hollín, pero procuro no ser duro con ella; la pobre chiquilla se aburre ya que apenas hay otros niños cerca con los que jugar. 

Sin embargo yo tuve la oportunidad de salir a las montañas a aprender el arte de la caza de manos del maestro Jérôme De Bray. Este sabio bretoniano emigró a Estalia, atraído según el por el buen clima y las buenas pitanzas. Aceptó adiestrarme, pues vio en mi un chico capaz. Una vez nos habíamos tomado confianza, me hizo una confesión. Tras acabarse una jarra de vino tileano, me reveló que de algún modo fue aquejado de una deformidad en el interior de la boca. Este desgraciado infortunio hacía que no pudiera soportar los alimentos de su región natal. Yo, que también había echado unos tragos, le hice saber que tampoco conocía a nadie al que le apasionara la cocina bretoniana, tras lo cual me dio una colleja. Esto llegó a convertirse en un problema para Jérôme. Cuando sus compañeros de caza le descubrieron en la despensa frascos con especias y sal de Catai y otros lugares exóticos, lo acusaron de pertenecer a un culto de un extraño dios de los placeres y fue condenado al exilio. Le faltó poco para que lo quemasen por brujo cuando descubrieron en su poder un libro de recetas tileanas. Sin embargo pude aprender muchas cosas de este extraño bretoniano, entre ellas el Reikspiel que tanto facilitaría mis viajes. 

Tal vez alguien se pregunte, ¿qué llevó a este joven a probar fortuna en los peligrosos reinos que desconocía? La respuesta son las injusticias personales. Meses antes de mi partida, algunos nobles comenzaron a comprar en secreto terrenos situados al pie de las montañas del norte. Este hecho fue menospreciado por los habitantes de la zona, que seguían ocupados en sus quehaceres. A fin de cuentas, ¿qué nos importaba que los nobles gastasen su oro en adquirir esos terrenos a orillas de la calzada Cantabrio, en los que solo había matorrales y algún que otro goblin? 

Ninguno de nosotros pudimos darnos cuenta hasta que fue demasiado tarde. Los Botinesti de Potes y los Amanciortiguera de Sahaún, junto con otras familias nobles, consiguieron apropiarse de unas pequeña franja de terreno que utilizaron a modo de frontera, bloqueando el acceso a las cordilleras Céfiro y Feroz. Esto obligaba a los cazadores a pagar los abusivos peajes de aduana y caza. Como aliciente, también permitía a sus propietarios acabar con cualquier persona a la que descubrieran en las montañas, siempre que no hubiesen abonado religiosamente sus injustos impuestos. 

En consecuencia, un sentimiento de impotencia y de rabia se apoderó de mí. No quería abandonar el oficio de cazador que tanto esfuerzo me había costado adquirir, pero tampoco podía ejercer en mi tierra. Opté por la única opción que no acabaría conmigo y con mi familia ardiendo en una hoguera: viajar y conocer mundo para ganarme la vida. Gracias a la ayuda de Monsieur De Bray, que me puso en contacto con Piero Enzo, me fue arreglado un puesto en una compañía de mercenarios. Nunca había formado parte de una “expedición” de este tipo, pero uno no se siente tan vulnerable cuando cerca de una treintena de hombres y algún que otro enano dicen estar de tu lado. Escribo estas palabras antes de acostarme a la luz de una hoguera. Aquí empieza mi viaje y mañana será un gran día... 



Primera Entrada 
Encuentro inesperado 


Solo podía distinguir a mi alrededor la imagen de las Montañas Grises fundiéndose con el horizonte. La noche se cernía poco a poco sobre nuestras cabezas, y Morrslieb se alzaba, inmensa con su verdoso resplandor, proporcionando a las laderas de las montañas unos tonos y sombras de extraña naturaleza. El chisporrotear de la hoguera hacía notar que los ramajes aún estaban húmedos. El viento fundía los sonidos que provocaba al chocar con los ramajes de los árboles en una especie de sinfonía de chasquidos y silbidos de hojas. Todas estas distracciones no parecían hacer mella en mis compañeros, que seguían enfrascados en sus pensamientos. 

Mientras conseguía dar caza a un par de conejos y recogía unas manzanas para la cena los recuerdos se amontonaban en mi cabeza: los nobles que consiguieron negarnos a los cazadores de mi región el acceso a los terrenos de caza mediante injustas leyes y burocracia, la tristeza de mi madre y las reprimendas de mi hermano mayor cuando les conté mi decisión de partir en busca de un futuro más emocionante, el momento en el que me uní a la partida de mercenarios en la que conocí a mis actuales compañeros y la traición que sufrimos por parte de aquel hombre que nos contrató para luego emboscarnos con sus propios lacayos... 

La escena que encontré a mi regreso en el improvisado campamento no había cambiado mucho en relación a la que dejé al llegar de mi expedición de caza. El enano, Grimnioz Bronson, limpiaba con un trapo empapado en aceite las manchas de su martillo de batalla que había usado recientemente. Mientras, el recién iniciado hechicero Heinrich Ritcher, miraba fijamente el débil fuego de la hoguera, que nunca llegó a apagarse aunque la madera estaba un tanto húmeda por las lluvias de Antebrujo. Ambos parecían reflexionar acerca de los acontecimientos que nos habían llevado a salir huyendo de Parravón. Es cierto que es muy difícil averiguar qué sendas toman los pensamientos del mago, y en cuanto a la expresión del enano... efectivamente no era muy diferente a la de cualquier otro día en que no hubiese pasado en una taberna por lo menos un par de horas. 

Ignoro si fue el olor del guiso que se calentaba, o que el hecho de estar acercándonos a la Noche de los Difuntos propiciase que ocurrieran sucesos extraños, pero algo atrajo los pasos de aquel anciano hasta nosotros. Hacía llamarse como nuestro compañero mago, pero parecía carecer de todo recuerdo anterior a los años que afirmaba haber vagabundeado por estas montañas. Realmente parecía haber pasado numerosas penurias pues su semblante dejaba mucho que desear. Estaba escuálido y las partes que dejaba al descubierto un harapiento manto que en otro tiempo había sido azul. Aceptó de buena gana el caldo que compartimos con él. Sus recuerdos comenzaban a fluir lentamente durante la conversación que mantuvimos entonces. Hacía alusiones acerca de un extraño vino de las bodegas de Qua-Arnaan y también hablaba sobre una losa partida, todo ello en medio de innumerables lagunas temporales, en las que se quedaba absorto mirando la luna. 

El breve período de tiempo que el anciano compartió a nuestro lado durante nuestra travesía por las montañas estuvo plagado de extraños sucesos. Nos vimos obligados a atravesar un río y, cuando quisimos darnos cuenta el anciano había desaparecido de nuestra vista. Sorprendentemente, el enclenque hombre ya se encontraba en la otra orilla, completamente seco. A ratos, se quedaba atontado mirando hacia Morrslieb mientras sus ropajes se agitaban en una ausencia total de viento. 

El camino parecía carente de toda vida. Desconozco cuánto tiempo anduvimos hasta que me percaté de la ausencia de insectos en el camino. La noche era cerrada cuando encontramos las ruinas de lo que nos pareció un antiguo templo en honor a Sigmar. La plenitud que Morrslieb mostraba hacía sospechar a Heinrich que nos encontrábamos en la Noche de los Difuntos. En apenas unos instantes, las nubes se arremolinaron sobre nosotros, dando lugar a una repentina lluvia negruzca. La sensatez dictaba en aquel momento que debíamos refugiarnos. Casi tuve que arrastrar al anciano Heinrich al interior del templo, ya que sufrió otro de sus repentinos colapsos. Repetía “Darr” continuamente. 

El templo sigmarita no presentaba mejor aspecto en su interior. Mis compañeros hallaron en el suelo un portón metálico oculto por escombros en el que había inscritas runas enanas y decidieron explorarlo. Tras la entrada se hallaba una cámara mejor conservada, muy ornamentada con grabados de escenas bélicas que hacían referencia a alguna antigua alianza de hombres y enanos contra el Caos. Nos resguardamos allí de la creciente tormenta, mientras los rayos iluminaban la sala por la entrada del techo. Cuando el ojo de la tormenta se situó sobre el templo un rayo cayó e impactó en la pared, partiendo la losa y fundiendo el metal que se encontraba detrás de esta. El suceso pareció revitalizar la mente del famélico anciano, que sin pensárselo dos veces se adentró en el hueco de la pared. 

Al seguir al viejo Heinrich nos situamos en una enorme cámara dividida por un barranco. Este nos separaba de una plataforma con tres enormes puertas, y como único medio para llegar un aparato que Grimnioz reconoció como manufactura de su pueblo. Tras recomponer las poleas con un trozo de cuerda nos dirigimos al otro extremo de la 
sala. En los portones había huecos del tamaño de manos humanas y enanas, y una advertencia en idioma enano. La puerta central presentaba un aspecto distinto a las otras; Heinrich reconoció las marcas de la puerta como signos del dios Khorne. 

Nos arriesgamos a abrir la puerta de la izquierda. Mientras yo intentaba que el cada vez más intrigante anciano no volviera a desaparecer, Heinrich y Grimnioz pusieron sus manos en las marcas y el portón comenzó a abrirse de par en par. El suelo de la habitación estaba repleto de ropajes y armaduras, junto con los huesos y otros restos de sus antiguos portadores. Grimnioz examinó los dibujos de las paredes y descubrió que el templo hacía honor a la antigua alianza entre los pueblos de los hombres y los enanos. También encontró escenas de la derrota de un poderoso guerrero del Caos bajo la lanza de Grimbul Yelmodehierro. Hallaron también un pequeño saco con monedas antiquísimas y una placa de gromril con un dibujo en el que aparecían el dios hombre Sigmar y Grimbul Yelmodehierro juntos, aparte de un yelmo para el enano y un escudo que, según Heinrich, rezumaba algo de magia. Salieron de la cámara y ésta vez fuimos Grimnioz y yo quienes nos arriesgamos a posar nuestras manos en el portón de la derecha, mientras nuestro compañero cuidaba de su tocayo. Las compuertas volvieron a abrirse por arte de magia.

En aquella sala no había más que algo similar a un ataúd de piedra y una inscripción sobre esta, ilegible debido a unas corrientes de aire. Intenté ahogarlas con mi capa de lana el tiempo suficiente para poder leer la inscripción. No debí hacerlo, y Grimnioz no logró darse cuenta de lo que iba a hacer a tiempo de detenerme. La capa estalló en una bola de fuego y un ser de los avernos apareció de entre las cenizas durante el tiempo suficiente para que me susurrara su nombre, el cual prefiero no recordar. Ese nombre rechinó en mi cabeza, me paralizó y sentí como afectaba todo mi ser. Era como si mi alma se retorciera, luchando por escapar de su envoltura de carne y hueso. Grimnioz pedía la ayuda de Heinrich mientras observaba cómo me retorcía a causa de los dolores que sufría en cuerpo y mente. Heinrich acudió en mi auxilio, lanzándome un hechizo para tratar de detener el mal que atosigaba mi mente. El hechizo surtió efecto, al menos en parte. Cuando estuve más calmado vi el rostro del mago, y como la expresión de su cara cambió de repente. Algo terrible estaba a punto de suceder.
 
Oímos un estruendo y el golpear de montones de pedruscos en el suelo. Me levanté como pude y corrimos hacia la sala principal, para descubrir que la enorme puerta central había sido hecha pedazos... desde el interior. Frente a ésta se encontraba el anciano con un aspecto completamente distinto. Su mirada ya no estaba perdida, su nueva sonrisa le daba a su rostro una apariencia siniestra y sus raídos ropajes habían recobrado su tono azul original. Hacia él se acercaba una figura esquelética enorme que llevaba una siniestra armadura completa, mellada por las innumerables batallas sufridas y un hacha de doble filo ornamentada con varias runas de aspecto maléfico. El anciano había recobrado su apellido, junto con el resto de sus recuerdos. Se trataba de un nombre que mi compañero mago había aprendido a tener cuidado de no pronunciar demasiado alto. Él era Heinrich Kemmler, Patriarca de los Condenados, y Krell era el nombre por el cual respondía su aterrador guardaespaldas, muerto y vivo a la vez. Nos agradeció lo que habíamos hecho por él dejándonos con vida, pues parecía convencido de que sus renovadas capacidades lograrían hacernos sus esclavos tarde o temprano. 



Desaparecieron del lugar con alguna clase de ardid mágico mientras trataba de reponerme. El lugar comenzaba a mostrarse peligroso, pues el hechizo que hubiera usado el nigromante para resucitar a su esquelético lugarteniente había hecho que los huesos de los difuntos comenzasen a moverse. Nos apresuramos a salir de aquel maldito templo. Por fortuna las poleas del artefacto elevador aguantaron el peso de los tres. Cuando salimos a la superficie del templo, la lluvia había cesado y nos pusimos rápidamente a localizar la dirección en la que se encontraba de la aldea más cercana. Las palabras entre nosotros caían con cuentagotas mientras tratábamos de sobreponernos a los acontecimientos que habíamos vivido. Continuamos avanzando por el camino cargando con el peso de la responsabilidad que nos tocaba sobre los hombros. 

viernes, 2 de agosto de 2013

Cambio de dirección


¡Sí-sí! ¡Por fin ese condenado-maldito nigromante ha desaparecido para que la Gran Cornuda pueda reclamar su dominio sobre todo el Pico Tullido! ¡El reinado de terror de Nagash ha terminado, y una nueva era de renovado terror comienza! ¡Yo, el gran Skritt Susurroagudo, señor supremo del inmensamente poderoso Clan Restik, administraré las ricas minas de la piedra divina como así lo designe la Gran Cornuda! ¡Inclinaos y ofrecedme vuestra cerviz como signo de humilde servidumbre y respeto! ¡El olor de vuestro almizcle del miedo es el más dulce de los aromas!



Mis saludos una vez más a los lectores de la Biblioteca. Para quienes no me conozcan, soy el Niño Borracho, el escriba skaven del Gran Nigromante. Por suerte o por desgracia, el nigromante ha caído hecho pedazos por la Espada Cruel empuñada por el Rey Alcadizaar y no volverá hasta dentro de mil ciento once años... lo cual se traduce en que seré yo quien se encargue de la Biblioteca durante el mes de agosto. En vista de las circunstancias, mi primera medida será duplicar el sueldo al encargado de administrar la tesorería, el cual recibirá dicho pago en diferido. Y si me equivoco al confiar en dicha persona es culpa suya, no pienso dimitir; lo lamentaré y no volverá a ocurrir. ¿Noos parece? Fin de la cita.

Durante este mes voy a presentaros una pequeña historia a la que con cierto desdén y cariño he titulado Aventuras por el Viejo Mundo. Se trata de la crónica de una partida de Warhammer Rol a la que jugamos hace ya tiempo, plasmada como si fuese el diario de las vivencias de mi personaje, un tirador estaliano poco agraciado físicamente. En su día hablamos sobre la posibilidad de incluir nuestros personajes como opción de regimiento mercenario para los ejércitos. Pero claro... ¿qué es un héroe sin un trasfondo? Parafraseando a nuestro amigo Ragnor mientras hablaba del Tamurkhan, "paja, paja, dibujitos, más paja... ¡aquí están las reglas, te voy a aplastar!". Seguro que captáis la ironía impresa en sus palabras. Cualquier Matt Ward de la vida puede crear de la nada un personaje burrísimo que acabe yendo de veraneo eterno a masacrar demonios a la disformidad. Nosotros, que somos más humildes, nos vemos obligados a darle un trasfondo a las cosas y a dar a nuestros trabajos una cierta credibilidad.

Por otro lado tampoco vais a estar a salvo de que un día me pegue la locura y me ponga a hablar de lo que se me ocurra. También haré un repaso de los mazos de Commander de los que aún no os he hablado (Kaalia, Ezuri, Ruric Thar). Tal vez incluso haga alguna entrada musical y desvele lo que les ocurrió a Angelo Manguiaterra y a Gerrold Drougan Jr., ¿o acaso los seguidores de la Música de Batalla pensabais que estaban muertos?

Todo esto y más sorpresas aquí. ¡A cuidarse!
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