viernes, 6 de marzo de 2015

Internet destruye infancias: Pippi Langstrumpf (¡Jesús!)


Llevo ya tres meses aprendiendo alemán por las mañanas en los cursos del paro, y tengo que reconocer que experimentar algo en tus propias carnes hace que se derriben muchos mitos. ¿Sabíais por ejemplo que no solamente disponen de "kas", "erres" y "jotas" en su abecedario? ¿Y que incluso tienen sentido del humor? ¡En serio! Vale que no son de esa clase de gente a la que le hace gracia un balonazo en la entrepierna, pero tengo no uno, ni dos, ni tres, sino estos tres documentos que lo demuestran. Y fue entre las bromas y otros comentarios que surgen entre los compañeros, que me recordaron la existencia de aquella pequeña pelirroja hija de un pirata, que era más valiente que un camión, más bestia que dos trailers y que tenía una visión del mundo de lo más lisérgica. Para que no os entre la tentación de volver a veros un episodio con el consecuente riesgo de sufrir terrores nocturnos voy a sacrificarme por el equipo y ya os desgrano yo los mejores momentos de su primera aparición en la pequeña pantalla.


0:33 - No ha pasado ni un minuto cuando he encontrado dos detalles dignos de mención. En primer lugar, los padres de Tommy y Annika tienen el pelo negro como el azabache, que contrasta con ese rubio de los hermanos que hasta hace daño a los ojos. Por otro lado, lo primero que puede verse de Annika en la pequeña pantalla es un gran plano de sus bragas mientras se desliza (por no decir "mientras derrapa quemando neumático") por la barandilla de su casa. Esto no hace sino demostrarnos lo liberales que son los alemanes en todos los aspectos. Supongo.

1:48 - La casa de Villa Kunterbunt venía a ser algo como si Punky Brewster y Agatha Ruiz de la Prada hubieran unido sus fuerzas. No hay más comentarios al respecto.

2:19 - Tommy observa el escaparate de dulces mientras se relame, pero la expresión de su rostro está llena de furia, como si cada día mientras va a la escuela repasara una y otra vez algún tipo de plan para atracar la tienda y llevarse un botín con el que poder morir de diabetes.

3:09 - Aparecen cuatro personajes secundarios; dos policías que van en un coche de los años treinta (a su vez montado en un remolque, que a mi no me engañan), seguido de los dos maleantes del pueblo, que están escapándose de la prisión con dos sierras que habrían dejado guardadas en el camastro la última vez que se escaparon; a los policías no les interesa hacer ninguna clase de registro de celda ni reparación en los barrotes, puesto que dependen de la presencia de maleantes en las calles para justificar su salario.

3:46 - Aparece otro personaje secundario más que había olvidado por completo; una chiflada que canta canciones de monjas y que se encarga por decreto del alcalde de hacer de canguro de los niños en el parque. Algo va muy mal en este pueblo, aunque no se exactamente el qué. Con esto que voy a decir igual me tachan de sexista, pero si se cambiara el vestido de señorita Rottenmeier por algo más normal quizás no la tratarían como una loca y se rompiera algún tipo de círculo vicioso.

4:20 - Nuestra protagonista surge finalmente atravesando un arco de piedra, silbando su propia melodía de inicio y avanzando a lomos de su caballo con lunares, el Pequeño Tío. Nuevamente el cuadro me hace pensar en Agatha Ruiz de la Prada y Punky Brewster haciéndo una tormenta de ideas con Cindy Lauper mientras se agarran de la mano y chillan como histéricas.

10:00 - Tras un inocente allanamiento de morada en el cual los niños se adentraron en aquella casa que parecía sacada de la película de Trainspotting pero en tonos pastel, descubrimos que a Pippi se le sube la sangre al cerebro por dormir con los pies en la almohada, lo que le impulsa a contar mentiras sobre los egipcios a los dos desconocidos que la acaban de despertar en su casa... ¿hay algo de todo esto que no parezca una locura?

10:30 - Mientras los niños saltan por las mesas, se cuelgan de las lámparas y trepan por las paredes, Tommy se hace plenamente consciente mientras sonríe como un perturbado de lo mucho que siempre había deseado conocer a alguien a quien no le importara una mierda si le desguazan la casa en la que vive. No lo dice con estas mismas palabras, pero casi.

15:27 - A la loca metomentodo de las canciones siniestras también le pica el gusanillo de pasar hasta la cocina, y dado que la propietaria es una nihilista de tomo y lomo, pues no hay problema alguno. Lo único que le preocupa es que no le dejen hacer lo que le da la gana, y es en esos momentos cuando su mono-ardilla-amarillo para que la orine encima mientras los niños se regodean duchándose en monedas de oro con las que podrían comprar el pueblo entero. Solo le faltaba decírselo con un Rap.

15:45 - Tras semejante humillación, la chiflada en cuestión sale de la casa esperando volver con los policías corruptos como refuerzos, a los cuales se les ha reventado el motor de la tartana esa que debieron haber jubilado hace treinta años.

17:55 - Tras examinar un arcón que probablemente hubiera robado a un mago cutre, dada la cantidad de globos, serpentinas y flores que salían de sus cajones, Pipi le hace entrega a Tommy de una daga enjoyada. Nuevamente la cara de alegría de Tommy parece reflejar la personalidad del duendecillo que vive en su cabeza y que le dice que empiece a matar a la gente de su barrio cuanto antes.

25:13 - Tras cantar una canción al más puro estilo "del barco de Chanquete no nos moverán", Pipi hace uso de su libertad de expresión al decir su opinión sobre los policías. Después, hace uso de su fuerza sobrenatural para lanzarles por los suelos. Tras esto, hace uso de su ingenio para atrapar a los policías en el tejado de su casa (no le hizo falta mucho) y los hace humillarse para dejarlos bajar. Por último, mientras uno de ellos sale huyendo de manera cobarde, el otro queda horrorizado al ver a Pipi levantando al Pequeño Tío sobre su cabeza. ¡Sí, es Pippilotta Viktualia Rogaldina Shokominzza Långstrump, y ha venido a partir cráneos!

La moraleja de todo esto es que... no, por favor, no hay moraleja que valga en toda esta historia. Señora Astrid Lindgren, no he leído los relatos que escribió, pero si me está leyendo (sé positivamente que no) quiero que sepa que la versión televisiva de su personaje es un prototipo de antihéroe anarco-capitalista que empuja a los niños hacia la rebeldía, la mitomanía y al caos generalizado y sin sentido. Si al menos tuviera un sentido... pero ni eso.

martes, 3 de marzo de 2015

Ladrones de guante blanco

Tengo el pequeño honor de publicar la primera entrada de este cuarto año de biblioteca; y lo hago hablando además en nombre de Yibrael y de mi mismo; y con un tipo de entrada novedoso para mi (redifusión y opinión); pero por desgracia debo hacerlo con una nota amarga. Como muchos sabéis, los miembros de la Biblioteca sentimos una gran admiración por Endakil, autor del blog Diario de un Friki. El objeto de esta entrada no es otro que el de difundir el robo y el desprecio que ha sufrido nuestro compañero de armas. Podéis saber lo sucedido en esta entrada de su blog.

Lo apreciamos en lo personal y lo respetamos en lo intelectual, pues no sólo ha sido propulsor de innumerables iniciativas que promueven la expansión y el disfrute de esta (me atrevería a llamarla) subcultura, sino que tras muchas charlas y debates con él no deja de sorprendernos con sus argumentos y experiencia. Es por estas razones que este caso en particular nos afecta y nos inquieta especialmente, pues nos parece una injusticia tremenda el abuso del que ha sido objeto por parte de una empresa que a toda luz está, no tiene escrúpulo alguno.


Ahora voy a hablar por mi mismo, pues tampoco es que quiera que Yibrael parezca responsable de mis palabras. A mi juicio, esto que le ha ocurrido a Endakil es un robo en toda regla. Peor aún. No es que le  hayan entrado en su casa y le hayan robado los muebles o incluso las miniaturas; objetos al fin y al cabo reemplazables. Lo que ha ocurrido es que le han robado el fruto de su esfuerzo, le han robado una idea. Aún más, ahora no podría vender legalmente aquello que él ha creado pues se encontraría legalmente vulnerable. Si hay una cosa que no comparto, aunque respeto, es su decisión de no batallar por recuperar lo que es suyo (eso haría yo, claro está, en el supuesto de que pudiera pagarme el abogado y las tasas para iniciar los procesos legales que durarían meses). Aunque bien mirado, unas reglas que te han llevado un par de días escribirlas me parece un preció más que razonable por el privilegio de poder desguazar y denunciar, tanto pública como verbalmente, a una panda de desgraciados y sanguijuelas cuya mezquindad y avaricia les impulsa a aprovecharse de un individuo que tiene más genio y creatividad que todos ellos juntos. Lo se, en ocasiones soy un poco visceral pero es que me han tocado la fibra sensible.

Siempre he defendido y defenderé que quien realiza un trabajo merece que le paguen por ello. También defiendo el libre intercambio de ideas y archivos entre los usuarios de Internet, ese gran Tocomocho virtual de la información en el que (supuestamente) nadie sale estafado. Parecen dos conceptos incompatibles dado que se supone que poca gente sube material a la red; pero no lo son tanto si tenemos en cuenta toda la información personal que nosotros mismos vertemos, de manera consciente o no, en forma de artículos, visitas a páginas o simples "me gusta esto" y que se usan en montones de estudios de mercado con los que crear patrones de conducta de consumo y otra serie de atrocidades que van en contra de la libertad de pensamiento. La información que para una persona no vale nada, es oro para otra. ¿Acaso no mereceríamos los internautas que se nos remunerara, ya puestos, por utilizar Facebook? En un mundo idílico, tal vez.

Si he desarrollado tanto esta paranoia es para intentar justificarme al decir que, desde una simple tuerca hasta los planos de un avión supersónico, todo aquello que concibe el ser humano es riqueza, algo creado en beneficio de la misma. Es por eso que usurpar la riqueza que alguien ha generado con el fruto de su esfuerzo me parece uno de los peores crímenes que puedan cometerse, tanto ética como legalmente hablando. Es por todos estos motivos que denunciamos esta injusticia. Si bien es más que posible que las cosas se queden tal cual están dado que esta clase de gentuza se aprovecha de la ausencia de ganas de la gente por revolver mierda estancada, lo más que podemos hacer es denunciar públicamente a estos individuos, solidarizarnos con nuestro compañero y desearle mejor suerte en el futuro. Te lo mereces.

sábado, 28 de febrero de 2015

Ya han pasado cuatro años...

Pues sí, ya han pasado cuatro años aquí en la Biblioteca. Cuatro años que han pasado más bien rápido. Cuatro años bastante buenos, con sus altibajos. Y es que hoy es el cuarto aniversario de la Biblioteca. ¡Descorchemos el champán! :)




En estos cuatro años han pasado muchas cosas. ¡Muchas, de verdad! Más de mil entradas lo atestiguan. Pero no quiero ponerme a recordar lo que ya hicimos: para eso está el archivo. Quiero aprovechar para agradecer desde aquí a todos los que hacéis posible la Biblioteca que sigáis ahí. Muchas gracias al Niño Borracho, a Ragnor y a Elric, al Abogado Samoano, a Trosef Butterflanks y a Ertai, la "cábala" del nigromante. Y muchas gracias a todos los que leéis el blog, comentáis y me animáis a seguir.Y, para celebrar este cuarto aniversario, os dejo con esta imagen del Gran Nigromante in person... :P





viernes, 27 de febrero de 2015

Nakai el Vagabundo, kroxigor del Primer desove

Hacía ya mucho tiempo que no readaptaba un personaje especial, y voy a hacerlo inaugurando la sección de los hombres lagarto. Los reptiles de Lustria han tenido numerosos personajes especiales en sus cuatro libros de ejército, y prácticamente todos ellos han repetido en el último libro de ejército. Pero hay uno que ha sido pasado por alto, un personaje bastante interesante: Nakai el Vagabundo.



Aunque Nakai nunca ha tenido reglas en ninguno de los libros de ejército de los hombres lagarto, ha sido mencionado en estos numerosas veces. Nakai es un kroxigor anciano, quizá un avatar del mismo Quetzl, si debemos hacer caso a los relatos de los chamanes eslizones. Algunas fuentes lo citan como un kroxigor albino.

Nakai estuvo presente en las guerras contra el Caos tras la caída del portal de los ancestrales, y ha vuelto a aparecer en otras ocasiones en la historia de los hombres lagarto (por ejemplo, ayudando a Tehenuhain contra la invasión skaven). Se cree que es inmortal.

Os dejo con una adaptación para la octava edición de este personaje:

NAKAI EL VAGABUNDO

El anciano Króxigor conocido como Nakai el Errabundo es una criatura sagrada y reverenciada. Los chamanes eslizón dicen que se trata de uno de los espíritus de la selva encarnado y que aparece en la jungla en tiempos de necesidad. El nudoso
Króxigor ha aparecido en muchos lugares distintos del continente de Lustria a lo largo de los siglos, normalmente horas antes de que una batalla fuera a tener lugar y en las inmediaciones del lugar donde ésta se iba a producir. La aparición de Nakai alerta a los templos más aislados que corren algún peligro.


Se cree que Nakai fue desovado en Tlanxla en tiempos de los primeros desoves. Las escamas de su cuerpo son muchísimo más duras que las de los Kroxigores de desoves posteriores, y su cuerpo está lleno de cicatrices. Ha sobrevivido a heridas atroces que habrían acabado en un instante con cualquier otra criatura. Cuando aparece, los chamanes eslizón lo tratan con gran deferencia y adornan su cuerpo con ropas ceremoniales. Además, antes de entrar en batalla también renueva sus placas de oro y las inscripciones que tiene por todo su cuerpo.
 

Puedes incluir a Nakai en vagabundo en un ejército de hombres lagarto. Su coste en puntos deberá deducirse del porcentaje destinado a héroes.




M
HA
HP
F
R
H
I
A
L
Nakai
7
5
0
5
5
3
2
4
9

Coste en puntos: 185


Tipo de tropa: Infantería monstruosa

Equipo: Machete de Tepoc y armadura ligera

Reglas especiales: Sangre fría, Anfibio, Tozudez, Piel escamosa (4+)

Espíritu de la jungla: Nakai no pertenece del todo al mundo real, y evita la cercanía de seres vivos. Nakai no puede unirse a unidades ni ser el general del ejército. Adicionalmente, Nakai causa Terror.

Bendición de Sotek: Nakai ha sobrevivido a heridas que hubiesen matado a cualquier otra criatura, y por eso los eslizones creen que está bendecido por Sotek. Nakai posee la regla especial Regeneración (4+).

Objetos mágicos
Machete de Tepoc

Nakai lucha con un gigantesco machete adornado con oro en el que brilla la runa de Tepoc. Cuando es blandida por los poderosos músculos del Kroxigor, pocas criaturas pueden sobrevivir a sus letales golpes.
Arma a dos manos. Cada herida causará no una sino dos heridas.




jueves, 26 de febrero de 2015

Katapulta lanzarredez


La semana pasada os mostré, ya terminado, mi arañodón goblin (Aracnarock para los puristas :P), y comenté que me iba a hacer una catapulta con las piezas sobrantes. Pues bien: ya lo he hecho. Y ha sido mucho más sencillo de lo que pensaba: tan sólo he tenido que usar los bits sobrantes de la araña, hilo, cordel y un par de goblins sobrantes que tenía por la caja de restos.



 He utilizado la escenografía para la peana del arañodón como base para la catapulta, pegando el brazo del lanzarredes sobre ella. Todo ese amasijo amarillo es hilo, endurecido con cianocrilato.


 La dotación consiste en un  solitario goblin silvano con la madeja de telarañas (no se nota mucho si va un goblin de menos sobre el arañodón :P), y los dos tripulantes del Lanzagoblins, que vienen en una postura muy buena para estos menesteres. Utilicé un cordel un poco más grueso para hacer la cuerda que va desde la catapulta hasta los goblins que tiran de ella.



¡Y este es el resultado final! Fácil, sencillo y aprovechando piezas. Un a catapulta adicional para mi ejército goblin, con lo que ya sumo nueve piezas de artillería, listas para bombardear dezde loz zieloz a ezoz moleztoz orejaz pikudaz... :P


martes, 24 de febrero de 2015

Guardián del Honor (Capítulo 7, 2/2)


Capítulo 7
Oscuros secretos (segunda parte)

IR A CAPÍTULO 7 (1/2) / Continuará...


Sangre. Sangre sin fin. El campo de batalla estaba empapado de ella, una isla de polvo teñida de carmesí. Estandartes rasgados ondeaban ante una brisa irregular que apestaba a cobre y el humo de las ciudades en llamas cubría los cuerpos arruinados por la carnicería. El aire rancio estaba colmado de gritos sordos de súplica y el entrechocar del metal y el aire caliente lo arrastraba al interior de un remolino y susurraba... muerte...

Malbeth despertó empapado en sudor. Se levantó con rapidez, como si el lecho en el que yacía fuese una cama de pinchos y hubiese sentido el primer pinchazo. su mente se encontraba nadando entre visiones que iban y venían; una guerra contra criaturas que no eran de este mundo, gritando de terror y un dios de manos sangrientas exultante en la masacre. En su memoria le hablaba de metal y fuego, y el hedor del humo persistía de manera imposible en el olfato de Malbeth.

El frío de la roca enana que penetraba incluso en el acolchado suelo de su tienda lo atrajo de vuelta. A su cuerpo se aferraban unas sábanas empapadas, y Malbeth las apartó como si se tratasen de las cadenas que lo aferraban a ese sueño. El siempre presente martilleo sordo y resonante de las forjas enanas que trabajaban día y noche le recordó de nuevo el campo de batalla mientras Malbeth se perdía una vez más en recuerdos que quería olvidar.

Una humeante espada de ruina ensartada en un yunque negro. Demonios de fauces hambrientas, postrados ante un terrorífico altar. El mundo acababa en derramamiento de sangre y oscuridad.

Malbeth sacudió la cabeza las ensoñaciones que le provocaban fiebre, mientras miraba de reojo como una víbora. No eran sus recuerdos. Se trataba de la Isla Marchita y el lugar de descanso final de la espada de Khaine, el más maldito de todos los artefactos, clavada en el yunque negro por Aenarion el Defensor, el primer Rey Fénix, y posiblemente el más grande y el más trágico de todos ellos. Tras empuñar la espada, había abrazado a Khaine por completo. Al convertirse en un dios cercano, había salvado a la raza de los Altos Elfos, pero al mismo tiempo, sus acciones los habían condenado.

Malbeth se puso de pie, disfrutando de la frescura de su cuerpo desnudo mientras el sudor se evaporaba y lo refrescaba, y caminó hacia el santuario dedicado a la diosa Lileath. Era un monumento sencillo, una estatua situada sobre un estrado elevado, colocado de manera inofensiva en una de las antecámaras de la tienda. El corazón le latía con más fuerza mientras contemplaba la efigie de plata, a la vez que estiraba los brazos con las palmas hacia arriba en señal de aceptación.

Malbeth levantó la efigie de su pedestal de plata con gemas engarzadas y la colocó con reverencia a su lado. Después, con ambas manos desencajó un disco del propio pedestal, revelando un pequeño compartimento que albergaba un pequeño cofre de madera en su interior. Sacó el cofre, lo colocó en el suelo y luego se sentó enfrente de piernas cruzadas. Estaba cerrado, pero Malbeth llevaba la llave colgada en el cuello - una pequeña runa dorada, elthrai, enganchada a una cadena. Significa "esperanza", pero como tantas otras cosas en élfico tiene un contra-significado que podría interpretarse como "condenación".

Mientras abría el cofre, a Malbeth volvió a invadirle ese sentimiento de rabia, el ansia por matar, aunque de forma cási catártica, de su sueño. La verosimilitud del campo de batalla todavía era fuerte. Había dieciseis viales en su interior, no más largos que un dedo que contenían un líquido verde pálido y lechoso. Con mano temblorosa, Malbeth sacó uno de ellos, lo descorchó y lo bebió con suavidad. Un riachuelo de fluido espeso se escurrió por sus labios y Malbeth se lo limpió con el dorso de la mano. Relajó su respiración y la agitación de su corazón, el deseo de violencia disminuyó y Malbeth comenzó a sentirse mejor.

Algo se había roto en su interior el día que Elethya murió. Se encontró en la soledad de la furia y la muerte, abrazando la voluntad de Khaine. Todos los Asur guardaban estos rasgos consagrados por el Dios de la Mano Sangrienta. Muerte, odio, guerra y destrucción; todas parte de la psique élfica, como la impasibilidad, la tozudez y la búsqueda de más oro lo son de los enanos. Pero habían sido templados, por la paz, el amor y el orden - la filosofía élfica de que un elemento no puede existir sin su opuesto. Malbeth no poseía el mismo equilibrio que la mayoría de elfos de Ulthuan. En su mente, el estaba maldito, y el derramamiento de sangre y el saqueo en su juventud, apenas justificables y unas manchas eternas en su alma.

Malbeth devolvió el cofre a su escondite y reconstruyó su santuario. Se puso de rodillas y rezó con fervor a Lileath para que lo perdonara. Brotaron lágrimas de sus ojos cuando finalizó. Se puso de pie con cansancio y se puso una bata y unas botas cómodas antes de deslizarse fuera de su tienda sin hacer ruido.

Afuera, Korhvale era el único que seguía despierto. Estaba examinando de manera furtiva algo que se había reflejado en el tímido brillo de las misteriosas linternas y no se percató de que Malbeth había salido en silencio.
Malbeth pensaba que aquella noche no iba a encontrar más descanso, mientras salía del Salón de Belgrad hacia el asentamiento.

***

Los gestos y giros de la escritura élfica eran aplicados con el mayor cuidado y atención. A Korhvale le supuso un gran dolor el ser exacto y claro en cada detalle. la tinta húmeda brillaba con el relumbrar de la lámpara, los pigmentos reaccionaban con la aceitosa luminiscencia que colmaba el Salón de Belgrad. Las brillantes runas le recordaban a la luz de sus ojos y entonces dio lugar a que recordara sus labios, a su brillante cascada de pelo dorado.

Había amado a Arthelas desde el momento en que la conoció. Un encuentro casual con el Príncipe Ithalred mientras estaba cazando águilas en las Montañas Annuli al norte de Cracia había llevado a Korhvale a su servicio como guía, y con el tiempo, a guardaespaldas. Fue entonces cuando conoció a Arthelas, fue entonces cuando su corazón se perdió.

Korhvale no tenía el ingenio o el encanto de Lethralmir, ni la inteligencia de Malbeth; se trataba de un alma intensa y melancólica, pero debajo de eso había un artista que deseaba ser libre. Mientras estaba sentado sobre una butaca de madera blanca, rascaba con una pluma de águila una hoja de pergamino, una de las muchas que había llenado mientras crecía su oda hacia Arthelas. Se trataba de un trabajo en progreso, necesitado de mucha revisión. No se atrevía a expresar sus sentimientos en alto; hacerlo sería revelar lo inadecuado de su lengua y su falta de elocuencia y encanto. Sentía que solo por escrito podía expresar la profundidad de sus emociones. Una vez acabara, solo le restaría tener el valor necesario para enseñárselo a ella...

Los finos roces del cuero contra la piedra llamaron la atención del León Blanco, que dejó de escribir de inmediato y guardó las hojas de pergamino en una mochila cercana. Se puso en pie, oteando la oscuridad ante cualquier presencia.

Un enano, el capitán de la guardia real si la memoria de Korhvale no le fallaba, apareció en el Salón de Belgrad, sujetando una linterna.

- Hacendo guardia hasta tarde, ¿eh? - dijo Morek, adentrándose en la luz.

Korhvale se percató inmediatamente del hacha que llevaba anudada al cinto.

- Yo no duermo, - respondió en Khazalid, formando las palabras con crudeza.

- Debe ser agotador, - replicó Morek mientras miraba hacia la cámara de manera ociosa. La expresión del enano se endureció al observar las tiendas, la decoración élfica y la consecuente obliteración de cualquier signo de cultura enana.

- Solo necesito meditar, - respondió Korhvale. Morek refunfuñó en voz baja, antes de decir, - todo está bien entonces. -

- Todo está bien. -

- Todo está bien, - repitió el enano, pero como si se dijera esas palabras a sí mismo y con un aire de especulación.

El silencio cayó, mientras el elfo y el enano se encontraban el uno frente al otro de manera incómoda. Tras un momento,  Morek bajó la mirada y se dio la vuelta hacia fuera de la estancia, con la linterna cimbreando levemente mientras se marchaba.

Tras caminar a través de los túneles, pasando galerías, cocinas y almacenes, los pasos de Malbeth lo condujeron a una enorme cámara abovedada. La habitación brillaba con la luz de estrellas, que se reflejaba desde el mundo superior. Los diferentes cañones de luz eran desviados a través de una serie de espejos que hacían converger la luz hacia ese lugar, bañándolo en plata. El efecto era maravilloso, con los diamantes engastados en torno a las seis paredes de la habitación brillando como los cuerpos celestes cuya luz refractaban; líneas de oro brillaban con liquidez y había runas grabadas que brillaban de poder.

A pesar de todo, lo más impresionante era una monolítica estatua que dominaba el centro de la cámara hexagonal. Se trataba de una mujer enana, tallada en la piedra. estaba ataviada con ropajes sencillos; sus manos reposaban con serenidad sobre su cuerpo, su rostro era benevolente y sabio, aunque poseía un sentido de fortaleza sin edad.

Tras estudiarla, Malbeth concluyó que se trataba de Valaya, uno de los dioses ancestrales de los enanos, con aspecto de madre y maestra. Las gravitas invertidas en el templo, en la estatua en sí resultaban humillantes. Malbeth sintió finalmente la paz reinante, y le susurró una bendición a la efigie de su benefactor.

- Los elgi tenéis el sueño ligero - se quejó una voz tras el, interrumpiendo sus pensamientos.

Malbeth se giró y vio a Morek, uno de los capitanes reales, mirándolo con severidad.

- ¿O simplemente "meditabas"? - dijo mientras se acercaba a la misma estatua.

Malbeth lo observó perplejo, y decidió ignorar el comentario. -Elgi... - dijo finalmente. - He oído esa palabra muchas veces. ¿Qué significa? - preguntó con un buen Khazalid.

Si Morek apreció el gesto no dio muestra de ello.

- Tiene dos significados; "elfo" es uno de ellos, - respondió.

Malbeth siguió la mirada del enano hacia la estatua.

- Valaya, - dijo cambiando de tema pero confirmando la sospecha inicial de Malbeth. - Es la esposa de Grungni, diosa del Corazón y el Hogar, uno de nuestros mayores ancestros. - Su actitud se relajó un poco, como si el poder de la diosa estuviera afectando al pugnaz enano incluso a través de su mera presencia en el templo.

- Grungni enseñó a los dawi el modo de dar al metal forma de arma, cómo luchar cuando las tierras están anegadas de oscuridad, antes de que llegaran los elfos. - Morek casi estuvo a punto de escupir una última palabra, pero la influencia de Valaya se hizo presente durante un fugaz instante. - Es un lugar sagrado, - añadió, endureciendo sus palabras para no dejar duda alguna de su allanamiento.

- No era mi intención ofender, - se excusó Malbeth. Morek gruñó de nuevo y se dio la vuelta. - Dijiste que "elgi" tenía dos significados, - dijo el embajador. - ¿Cuál es el otro? -

Morek lo observó brevemente, con el ceño fruncido. - Débil. -

El enano salió con paso tranquilo, esperando que Malbeth lo siguiera. El elfo no era el único que daba un paseo en secreto aquella noche, otros más familiarizados con los innumerables pasadizos secretos y salones antiguos cubiertos de polvo de Karak Ungor se movían con clandestinidad entre las sombras.

- Te imploro, Reina Brunvilda, que lo reconsideréis, - suplicó Grikk, quien sujetaba una linterna en una mano y su hacha de Rompehierros en la otra.

- Si el rey se enterara de esto, le diré que lo hice aquí a mi manera, - respondió Brunvilda, devolviendo su mirada a los enanos con armaduras mientras Grikk los conducía a través de las catacumbas de la bodega.

- En efecto, mi reina, y entonces me afeitará la barba por permitir que vaya a la Carretera Gris sola. -

Algunos enanos parecían poco complacidos, pensó Brunvilda mientras continuaba su camino. Estas bóvedas, como se las conocía, rara vez eran atravesadas. Parecía como si el polvo se hubiese depositado durante eones formando una penetrante pátina que lo cubría todo, y de ahí el nombre que le dieron los rompehierros; la Carretera Gris. Cada rincón, cada estatua en ruinas, cada tumba y relicario destrozados estaban cubiertos por un velo grisáceo.

Conocido también como Asentamiento Ahondado, Karak Ungor era el más profundo de todos los reinos de Karaz Ankor. Aquí, en los niveles habitables más bajos era como si el tiempo se ralentizara, como un hombre en brea. Aquí abajo, solos los fantasmas y sus susurros frecuentaban aquellos solitarios corredores.

Aunque estaban muy por debajo de las salas de los clanes y los aposentos del Rey, Brunvilda se estremecía cada vez que escuchaba el sonido metálico que producían las botas chapadas de Grikk. El eco resultaba casi grosero, como si el silencio se sintiera ofendido por la perturbación. También la oscuridad, que retrocedía a regañadientes ante la luz de la linterna como si le ofendiera su presencia. Había sensibilidad en aquellas paredes. Los enanos vivieron allí hacía tiempo, miles de años atrás. Ellos habían minado la roca y construido sublimes cámaras Hasta que se agotaron los minerales, y continuaron. Sólo había persistido el recuerdo. Era un mal presentimiento... y Bagrik también lo sabía. Era una de las razones por las cuales fue encarcelado aquí, pero era algo que Brunvilda también estaba dispuesta a soportar.

Una figura fuera de filas pasó de manera fugaz al fondo del largo y oscuro corredor. Olía a amarga humedad, lo que hacia que le picara la nariz a Brunvilda.

- Permanezca a mi lado, mi Reina, - dijo Grikk, bajando el volumen a medida que giraba su cabeza lentamente para otear el camino frente a ellos. - Uno de los portones caídos hacia Ungdrin Ankor está cerca, - le dijo en susurros.

El camino subterráneo, la carretera bajo la tierra que conectaba todos los asentamientos enanos en las Montañas del Fin del Mundo, estaba dividida por una serie de portones; portales custodiados y patrullados por Rompehierros. Aunque se consideran seguros, algunos de los portones han caído. Las oscuras criaturas que vivían bajo la tierra y que competían con los enanos por la dominación de los reinos subterráneos los habían destruido. Dichos portones se quedaban solos en ocasiones,  en lugar de retomarlas, los mineros enanos las despachaban mediante derrumbes controlados. No todos los portones permanecían cerrados, y Grikk siempre fue consciente de los que no lo estaban.

Brunvilda apretó el paso mientras observaba a izquierda y derecha las columnas derribadas que revelaba la luz de la linterna a su paso, junto con restos óseos y trozos de mecha quemada. Ella permanecía muy cerca de Grikk, con su atención tan fija a su alrededor que cuando el enano se detuvo, ella chocó contra él. Grikk la disculpó profusamente, con sus ojos llenos de vergüenza bajo su casco de gromril. Ella lo dejó pasar con buen humor, confesando que fue culpa suya mientras alisaba sus ropajes e intentaba animar al desolado enano.

- Aquí estamos, mi Reina, - dijo finalmente Grikk, una vez acabó de disculparse.

- Gracias, Grikk. Puedo realizar el resto del viaje yo misma, - dijo ella.

- ¡Pero mi Reina!, - comenzó a protestar.

- Capitán, esto no es una petición. Estaré bien a partir de aquí. Debes regresar a tus quehaceres. Si el Rey descubre que te has ausentado, sabrá que algo va mal. Ya me he arriesgado a sufrir su rabia una vez hoy; que no haya una segunda. - Brunvilda posó su mano sobre su hombrera. - Vuestra preocupación es conmovedora, de verdad, - le dijo con sinceridad, - pero debes dejarme ahora, Grikk.-

el capitán de los rompehierros obedeció a regañadientes, marchándose por donde había venido. Brunvilda estuvo observándolo todo el camino hasta que desapareció tras una esquina. Satisfecha al verse cumplida su petición, comprobó la bolsa de su hombro y entonces tomó aire para avanzar a toda prisa con la linterna hacia su destino.

Otro rompehierros saludó a Brunvilda en cuanto fue alcanzado por el resplandor de su linterna. Estaba firme frente a una robusta puerta de roble rematada en hierro y con bisagras que llevaban la figura de Grimnir. El enano pareció asombrado cuando reconoció a la reina aproximándose junto al brillo.

- ¡Reina Brunvilda! - dijo casi dejando caer su linterna. - Se supone que no debe estar aquí. -

- Lo sé, rompehierro, - respondió. - Ahora ábreme paso. -

- No.. puedo, mi Reina. El Rey lo ha prohibido, - respondió el enano con nerviosismo.

- Bagrik no está aquí, pero yo si, y como tu Reina te exijo que me dejes pasar, - dijo con tono firme.

Miraba con severidad al enano y encontró una grieta en su determinación, y dio un paso adelante.

- No puedo, mi señora. Mi deber es vigilar esta puerta. Nadie puede entrar sin el permiso del Rey, lo he jurado. - A pesar de sus protestas, el enano reculó medio paso ante el avance de Brunvilda.

- Incluso así, déjame pasar, - reafirmó con calma. - Tengo aquí comida que se va a desperdiciar. -

El enano se detuvo, con un dilema que le hizo enmudecerse.

- Déjame pasar y nunca llegará a oídos del Rey. Tienes mi palabra, - dijo mientras daba otro paso al frente. - Soy la Reina de Karak Ungor, - dijo mientras el rompehierros mantenía su silencio, - y no se me va a negar nada en mi propio hogar. -

El rompehierros vaciló mientras luchaba entre las órdenes de su Rey y los deseos de su Reina.

- Ya ha sido alimentado, - dijo finalmente.

Fue una mala elección de palabras que el enano lamentó al instante.

- Es mi hijo de quien estás hablando, - espetó Brunvilda.

- Por supuesto, mi Reina, yo no quería... yo solamente... no puedo permitirle pasar, - respondió finalmente con un tono de súplica en sus palabras. Sin embargo, no cedió.

- ¿Me consideras débil, rompehierros? - dijo Brunvilda pasado un momento.

- Mi Reina, yo solamente... -

- Te lo preguntaré otra vez, - dijo la Reina, cortando sus palabras. - ¿Me consideras una Reina débil? -

- No, - respondió con humildad, - por supuesto que no. -

- Entonces imaginarás que no me voy a ir de aquí sin ver a mi hijo. -

La Reina Brunvilda llegó hasta que su barbilla casi tocaba al guerrero con armadura. A pesar de tener sus buenos quince centímetros más de altura, el rompehierros parecía empequeñecer ante su formidable presencia.

- Déjame pasar. Ahora, - dijo firmemente.

El rompehierros solo pudo sostener la mirada por un momento, tras lo que asintió con rapidez y se volvió hacia la puerta que estaba tras él. Usando una gruesa llave de bronce que llevaba atada a su cuello con una fina cadena, abrió la puerta con un sonoro chasquido metálico.

El olor a sudor y carne vieja asaltó a la vez a Brunvilda. Competían con el hedor del agua estancada y el hidromiel pasado. Entró, no sin antes echarle una mirada mordaz al rompehierros, tras lo que cerró la puerta.

Al frente había una pequeña cámara toscamente tallada, con antorchas fijas a intervalos sobre paredes que poco hacían por reflejar la luz y aliviar la penumbra. No había estatuas aquí, ni restos de antiguos de antiguos héroes o días pasados. Era húmedo y estéril. La única característica de la habitación era un agujero en el centro de la estancia, como un pozo crudo. Su propósito era evidente, pese a que Bagrik y los rompehierros dijeran lo contrario; era una cárcel.

Brunvilda se contuvo, tratando de dominar sus emociones a la vez que avanzaba soportando el hedor que emanaba del agujero. Se arrodilló con la intención de escudriñar mejor en la profundidad del pozo. Una tenue luz iluminaba la celda desde algún punto bajo el piso superior. Una oscuta figura ataviada con unas botas enanas raídas y ropas harapientas destacó bajo el haz de luz al borde de las sombras.

- Lothvar... - dijo Brunvilda de manera engatusadora. - Lothvar, te he traído comida. -

La sombra avanzó lentamente, como si por un momento reconociera la voz que lo estaba hablando. Era un enano, o por lo menos una retorcida parodia de uno. La barba le brotaba por parches de la cara y sus ojos eran de un rosa albino. Su deformada boca hacía una línea quebrada en sus rasgos. Tenía la nariz aplastada, una de sus fosas nasales era grotescamente grande pero logró detectar el aroma de la comida en el aire. A medida que Lothvar arrastraba sus pies hacia la luz atraído por el aroma, Brunvilda observó la mano seca y retorcida que mantenía cerca de su cuerpo. Su piel era pálida como el alabastro, y a pesar de que la luz era débil, soportarla le causaba un claro malestar.

- Madre... -

El sonido de la voz de su hijo casi le parte el corazón, y tuvo que girarse. La Reina trató de recomponerse, aplastando la súbita oleada de culpa que sentía ante el maltrato de Lothvar, incluso de su mera existencia. Ansiaba liberarlo de aquel lugar, pero le había jurado a su Rey que no lo haría, y aquellas palabras estaban forjadas en hierro.

Había un cesto colocado junto a la apertura de la celda. Brunvilda lo tomó y lo colgó de una polea suspendida sobre el pozo, tras lo que puso la bolsa en su interior y la descendió con suavidad. En su interior aún había restos del anterior festín, pero Lothvar los devoró con rapidez mientras Brunvilda sentía una punzada de angustia fresca mientras lo observaba.

- ¿Y padre, está ahí contigo? - preguntó con tono esperanzador. La entonación de la criatura, pues no hay otro apelativo más adecuado, era tosca y pesada. Formaba sus palabras con lentitud, como si luchase por aferrarse a ellas, con un insinuante zumbido que denotaba fuertemente la enfermedad que debilitaba su mente, así como su cuerpo.

Lothvar era el hijo primogénito de Brunvilda y se suponía que la llegada del heredero de Bagrik sería una ocasión de regocijo en Karak Ungor. Pero Lothvar se desarrolló de manera enfermiza y sus desfiguraciones de nacimiento no hacían otra cosa que empeorar a medida que se hacía mayor. Sin embargo, y a pesar de todo, Brunvilda lo amaba y le suplicó a Bagrik que no lo expulsara, de modo que no encontrara una muerte en soledad en las montañas. Tan solo un puñado de enanos conocían la existencia de Lothvar; los capitanes del Rey, Morek y Grikk, y un selecto grupo de rompehierros que protegían la celda de Lothvar de cualquier interferencia. El resto de los habitantes del hogar, aquellos que lo recordaban, creían que Lothvar había muerto durante el parto. Una gran vergüenza se echaría sobre los hombros de Bagrik si se descubriera la supervivencia de su primogénito. La misericordia guió la mano del rey aquel día, pero el resentimiento de aquella decisión aún le perduraba..

- No, hijo mío. Tu padre está reunido con los elgi. Pero me pidió que te dijera que te quiere, - mintió Brunvilda.

- ¿Los elgi están aquí?, - preguntó Lothvar, mientras movía la boca esforzándose por comprender.- Me enfrentaré a ellos junto a mi padre, - dijo finalmente con el pecho hinchado.

Brunvilda sonrió en lágrimas, amparada en la oscuridad que la rodeaba.

- No, Lothvar, - dijo, - los elgi son nuestros amigos. aprenderemos mucho los unos de los otros. -

Lothvar la miró con la mirada vacía.

- Le haré sentir orgulloso, - dijo él.

 - Sí, - susurró Brunvilda con la voz rota. - Estaría tan orgulloso. - Su rostro bajó y por un momento no pudo mirarle por temor a que su determinación le fallara completamente.

- ¿Madre? - preguntó Lothvar. - Madre, ¿estás llorando? -

- No, Lothvar, - dijo tras una larga pausa. - Estoy bien. - Se giró sobre su hombro, llamando, - Rompehierros.

- ¡Rompehierros! - repitió con urgencia, cuando vio que no obtenía respuesta.

Hubo un chasquido metálico que denotaba el abrir de la puerta, tras lo que se escuchó el sonido de las bisagras y apareció el guardia.

- ¿Está todo en orden, mi Reina?, - preguntó mientras blandía su hacha esperando que Brunvilda no se encontrase en peligro mortal.

- ¡Baja ese arma! - espetó.

El rompehierros guardó el arma con celeridad.

- Deseo bajar a ver a mi hijo, - le dijo.

La postura del rompehierros cambió, ahora erguido y firme pero era la voz de otro quien hablaba más allá de la puerta.

- No puedo permitirlo. -

- ¡Yo soy tu Reina!, - insistió, con lágrimas en los ojos. - ¿Quién eres? Exijo saber la identidad de quien se atreve a desobedecerme.

- Creo que será mejor que regreséis a vuestros aposentos, mi señora, - dijo Morek mientras se adentraba bajo la luz de las antorchas. - Espéranos afuera, - le dijo en un tono más bajo al rompehierros.

Una vez quedaron solos, Morek caminó hacia Brunvilda, arriesgando una mirada furtiva al interior de la celda antes de apartar la mirada rápidamente.

- ¿Acaso es tan repelente, Morek? - dijo con calma, de modo que Lothvar no pudiera oírla.

- El es tu hijo, eso es todo, - respondió con claridad el capitán de la guardia real.

- Creía que la diplomacia era el terreno de Kandor, - dijo Brunvilda con una sonrisa triste.

Morek hincó una rodilla y le tendió su mano. - Vamos, mi Reina, - dijo en voz baja, - ya se ha demorado aquí lo suficiente. -

La mirada desafiante de Brunvilda se había evaporado. Tomó la mano de Morek con gratitud, y el capitán de la guardia real la ayudó a ponerse en pie.

- ¿Te marchas ya, madre? - preguntó Lothvar, con desaprobación en su voz y con el sentimiento de abandono evidente en su deformada y penosa expresión.

- Regresaré pronto, mi amor, - respondió Brunvilda. - No pasará mucho tiempo hasta la próxima vez, - dijo, forzándose a sí misma para marcharse. Morek la condujo con suavidad fuera de la habitación, y el rompehierros que guardaba la puerta la cerró con llave a su paso.

Brunvilda mantuvo la cabeza alta cuando se adentró en la oscuridad del pasillo, junto a la silueta acerada de Morek en dirección a los aposentos reales. Sólo cuando el capitán se hubo marchado, cuando estuvo sola y despojada de sus ropajes reales, cuando se convirtió en una simple madre y esposa y no una reina, sólo en aquella oscuridad lloró. Y la oscuridad escondía muchos secretos.


N. del T. Dedicado a Cris Matias, quien con sus ganas de leer e insistencia lograron que sacara unos minutos de donde no los hay para terminar este capítulo. ¡Muchas gracias, espero no hacerte esperar tanto para el siguiente! :-)

lunes, 23 de febrero de 2015

La sociedad de los goblins (y 4)

(Última parte de esta entrada. Podéis ver aquí la primera parte, la segunda y la tercera.)



Los Goblins Nocturnos

De entre todas las diferentes tribus goblin, la de los goblin nocturnos es sin duda la más prolífica, y probablemente la considerada más extraña por los otros goblins. Nadie sabe en qué momento exacto los goblins empezaron a transladarse bajo tierra, pero con el paso del tiempo, el ambiente carente de luz solar, la humedad y la extraña dieta de hongos empezaron a cambiar a esos goblins osados que habían elegido vivir en el subsuelo. La luz del sol quemaba su piel, que se había vuelto más fina. Y quizá fuese la dieta de hongos, o el crecimiento anómalo de las esporas pielesverdes, pero los goblins nocturnos no sólo se hicieron distintos del resto: también empezaron a organizarse de forma distinta.

Las tribus de Goblins nocturnos infestan todo el área de las montañas del Fin del Mundo, y pueden encontrarse guaridas de estos pequeños pielesverdes casi en cualquier lugar en el que haya montañas o cuevas. Las tribus utilizan grandes cavernas naturales, o se organizan en equipos de trabajo para ampliar las ya existentes. Es muy común que los goblins nocturnos se establezcan en refugios enanos abandonados, o incluso que traten de expulsar a los enanos de sus hogares para instalarse ellos. Los siglos de guerra ininterrumpida entre los enanos y los goblins nocturnos ha creado un odio visceral e irreconciliable entre ambas razas.

 Cuando se dice que, de entre todas las razas de los pielesverdes, los goblins nocturnos son la más civilizada (teniendo en cuenta que, aunque sean más civilizados, siguen siendo pielesverdes), es porque estos, seguramente a imitación de sus enemigos enanos, han establecido una división del trabajo. En las tribus de goblins nocturnos, unos cultivan hongos, otros hacen cerveza, otros crían y entrenan a los garrapatos, otros capturan trolls, otros exploran... El Kaudillo de cada tribu es el que decide la distribución de todo lo producido entre la tribu (aunque siempre se queda la mejor parte), y si mantiene contentos a un buen número de goblins, se asegurará un largo reinado.

"Zomoz loz mejorez, y lo zabemoz. Graziaz a ke kada uno ze enkarga de una koza, loz genioz komo yo podemoz dedikarnoz a inventar kozaz. Kozaz ke molan, por zupuezto."
FUGGITT, "INGENIERO" GOBLIN NOCTURNO



Los Garrapatos cavernícolas son una especie de hongos sintientes que mora en las cavernas de casi todo el mundo, bestias feroces y terribles que sólo los goblins nocturnos se atreven a capturar, e incluso criarlos y llevarlos a la batalla (y comérselos: los garrapatos asados son una delicia). Los goblins nocturnos han desarrollado un sistema de caza tosco, aunque efectivo: utilizan instrumentos musicales chirriantes y molestos (el tipo de música que gusta a los goblins) para hacerlos salir de sus agujeros, y arrojan redes sobre ellos. Una vez inmovilizados, utilizan un instrumento de precisión llamado "garrote", con el que golpean a los garrapatos enredados hasta dejarlos inconscientes. Una terapia continua con el susodicho instrumento de precisión (el "garrote"), apoyada por un refuerzo en forma de Pinchagarrapatoz (un enorme pincho de metal en el extremo de un palo largo) acaba domando a la feroz bestia hasta cierto punto, lo que permite llevarlos a la batalla. Por supuesto, los garrapatos más tercos que se resisten al "tratamiento" son los que acaban asados y en las escudillas de la tribu.

Los hongos son una de las principales fuentes de alimento y riqueza de las tribus goblin nocturnas.  Además de una gran variedad de hongos comestibles (Pan de montaña, Nízkaloz, Ojoz de Gorko, Bolazrojaz...), los goblins nocturnos también cultivan el Hongo Enchuzador, con el que elaboran la potente cerveza de hongos. Los chamanes de la tribu tienen la exclusividad en la recolección de los Hongoz Zombreroloko y las Zetaz Mágikaz, dos tipos de hongo que no pueden cultivarse (han de ser recolectados de las cuevas), y cualquier goblin nocturno sabe que arrancar una de esas setas es una blasfemia terrible a los ojos de Gorko, Morko y la Luna Malvada (aunke igual en eze momento no eztaban mirando...).

Los Hongoz Zombreroloko son administrados a goblins específicos antes de una batalla, y son considerados guerreros sagrados (la palabra goblin es "Fanátiko"), a los cuales se les da un arma bendecida por el chamán (una bola de hierro atada a una cadena) y se les libera frente al enemigo. Laz mayoría no sobreviven, pero el chamán les promete un lugar junto a Gorko y Morko en el Gran Verde (casualmente, estos "guerreros sagrados" suelen ser elegidos entre los goblins que han molestado al chamán...).

Las Zetaz Mágikaz son sólo para consumo exclusivo de los chamanes, y les permiten entrar en un trance y acceder al Gran Verde, fuente de toda magia Waaaagh! Su consumo en exceso puede ser peligroso, y a algunos chamanes les ha estallado la cabeza, pero tras consumir Zetaz Mágikaz, un chamán goblin nocturno puede, realmente, blandir el poder de Gorko y Morko.... y de la Luna Malvada.



"Laz Zetaz Mágikaz zon lo mejor ke hay en ezte mundo. Un buen puñado de ellaz, y uno ya eztá zentado entre Gorko y Morko, kon la Luna Malvada brillando enzima... Klaro, ke zentarze entre Gorko y Morko tiene zuz peligroz, porke zon enormez y te pueden aplaztar kazi zin darze kuenta. Ezto ez zólo para loz valientez."
ODDGIT, CHAMÁN GOBLIN NOCTURNO

No se puede hablar de las tribus de los goblins nocturnos sin hablar de la Luna Malvada. El ídolo tribal de estos pequeños pielesverdes guarda muchas similitudes con la Gran Loba o la Araña, un patrón protector (curiosamente siempre femenino) específico de esas tribus. La Luna Malvada brilla siempre en el cielo, aunque no se vea desde dentro de las cuevas. Es un mensaje: la Luna Malvada te vigila, aunque tú no la veas a ella. Comparado con el culto a la Araña o a la Gran Loba, los chamanes de la Luna Malvada son más opresivos que sus contrapartidas, y trabajan en estrecha colaboración con los Grandes jefes y el Kaudillo para mantener a cada miembro de la tribu en su sitio. La Luna Malvada es la que mantiene unida la sociedad de los goblins nocturnos.



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