Tras muchas horas de trabajo, por fin tengo lista mi primera unidad de Enanos del Caos. Como dije en otros post, se tratan de las miniaturas del batallón de Mantic. Aún me quedan unos detallitos, como hacerle un estandarte al portaestandarte y pegar césped, pero tenía ya ganas de enseñárosla. ^^
He de resaltar varias cosas que me han ido ocurriendo a medida que los pintaba. En primer lugar, he de lanzar una pequeña queja al viento acerca de la definición de ciertas partes de las miniaturas. Es al pintar cuando se va añadiendo cierta definición a las miniaturas, pues en algunos casos no se sabe muy bien dónde acaba el cinturón, dónde empieza la cota de malla y dónde se unen estas con algún bolsillo o con la pierna misma. Pero es lo que tiene haber comprado la primera gama de miniaturas de una empresa que como quien dice, acababa de nacer y ofrecía un producto relativamente barato.
Por otro lado, se unieron mi escaso sentido del ridículo estético con lo ridículo de algunos de los bits que servían para conversionar los enanos genéricos en enanos del Caos. El enano con "máscara" de cerdo es una prueba de ello.
Otra de las cosas que me ocurrieron mientras pintaba la unidad fue el detalle que tuvo Yibrael de indicarme que tenían poco color rojo, el indicativo de la pertenencia a los poderes ruinosos. Es por esto por lo que túnicas, pantalones y otros detalles acabaron en el susodicho color. Y la verdad es que es todo un acierto, en mi opinión.
Y para terminar, aunque no forme parte de la unidad, he aquí al enano que va a decorar la peana del Verminlord; un enano al que le salen de las tripas una rata al más puro estilo Alien. ¿Un guiño al Temido Decimotercer Hechizo? :P
lunes, 15 de junio de 2015
Guerra en color: Enanos del Caos (Mantic)
jueves, 11 de junio de 2015
Guerra en color: Ratchitt (Isla de Sangre)
Llevo uno días como loco con los pinceles y ya tengo mi primera unidad de Enanos del Caos a punto de caramelo, pero entre tanto pintar tropa he ido terminando otras miniaturas y progresando en otras. Hoy vengo a presentaros a Ratchitt, el último de los personajes Skaven que aparecieron en la novela "La Isla de Sangre".
La historia se desarrolla desde varios puntos de vista, pero en cuanto al bando Skaven, en la Isla de Sangre Ratchitt demuestra ser más protagonista que ningún otro y el carisma de los hombres-rata herederos de Thanquol brilla en este personaje (pues no todos los Skavens son como el susodicho vidente-gris).
La miniatura tiene muchos detalles que en realidad le sobran, pero esto se debe a que la miniatura pueda ser utilizada como ingeniero-brujo genérico. Es por eso que en su día me animé a dedicarle un avance de su trasfondo y unas reglas para la octava edición.
Ahhh, por fin están los tres reunidos. ^^
La historia se desarrolla desde varios puntos de vista, pero en cuanto al bando Skaven, en la Isla de Sangre Ratchitt demuestra ser más protagonista que ningún otro y el carisma de los hombres-rata herederos de Thanquol brilla en este personaje (pues no todos los Skavens son como el susodicho vidente-gris).
La miniatura tiene muchos detalles que en realidad le sobran, pero esto se debe a que la miniatura pueda ser utilizada como ingeniero-brujo genérico. Es por eso que en su día me animé a dedicarle un avance de su trasfondo y unas reglas para la octava edición.
Ahhh, por fin están los tres reunidos. ^^
miércoles, 10 de junio de 2015
Leyendas Warhammer: El Cambiante (The Changeling)
"Por supuesto que conozco a esa criatura. Y no puedo evitar enfurecerme cuando recuerdo la jugarreta a la que me sometió. Se me apareció con la forma de un anciano chamán desdentado de los Hung, y me habló de la pócima de la restauración. Tan sólo un sorbo de aquel maravilloso brebaje restauraría mi dañado cuerpo, borrando todos los estragos del fuego de Asuryan. Caí en su juego, y dediqué tres largas décadas a reunir los extraños ingredientes del bebedizo. Pero fue un engaño, una cruel broma: las quemaduras desaparecieron, pero sufrí una terrible metamorfosis: mis músculos se ensancharon, y mi piel se tornó verdosa. ¡Me había transfigurado en un sucio orco! Otras tres décadas pasé encerrado en la torre más alta de Naggarond hasta que, con la ayuda de mi cábala de hechiceras, logré deshacer el embrujo. Juré venganza contra el Cambiante, pero cuanto más pasa el tiempo, más inútil veo mantener ese viejo agravio: esa criatura no puede ser capturada..."
MALEKITH, EL REY BRUJO
¿Cómo olvidar tamaño deshonor? ¿Cómo perdonar esa cruel y malintencionada travesura? Los actos de los seres del Caos son inescrutables. Aún no sé cómo lo logró, pero consiguió entrar en la Cámara Interior del templo de Sigmar, pasando por encima de todas las protecciones sagradas contra las viles aberraciones del Caos. Y aprovechó mi descanso para teñir mis bigotes de color rosado, y dibujar la blasfema runa de su ruinoso patrón en mi cabeza, con unos extraños tintes que tardaron nueve meses enteros en perder el color. Durante nueve meses tuve que cubrir mi cabeza para evitar el escarnio, pero de poco sirvió: Ar-Ulric lo descubrió, y serví de mofa durante todo ese tiempo en el Consejo Imperial..."
GRAN TEOGONISTA VOLKMAR EL DESPIADADO
"¡La criatura se atrevió a tomar la forma de la misma Reina Eterna! ¡Y ninguna de las guardias mágicas que Alarielle había conjurado sobre mí pudieron advertirme del engaño! Me avergüenzo de todos los blasfemos actos que la criatura me forzó a realizar en la arboleda sagrada de Avelorn. Alarielle me perdonó, puesto que conocía al demonio y el alcance y poder de sus engaños, pero durante el resto de mi vida me sentiré sucio..."
TYRION, PALADÍN DE LA REINA ETERNA
"La criatura se deleita en torturarme: en al menos nueve ocasiones he despertado en mi trono, viendo una figura humana que blandía una tosca espada de piedra bruja, o un reluciente martillo forjado por los enanos. Durante un instante, la aparición levanta su arma hacia mí, para después soltar una siniestra carcajada y desaparecer en un estallido de llamas rosas y azules. Huyendo antes de que pueda capturarlo y torturarlo por su osadía. Pero ya llegará el momento..."
NAGASH, EL GRAN NIGROMANTE
"¡La criatura robó la misma Corona del Dragón de Karaz-a-Karak y la sustituyó por una burda réplica de madera! ¡Delante de las mismas narices de mi guardia real! Por suerte, no pudo llevarla muy lejos, y la encontramos en un pozo cercano. Al anotar el agravio en el Dammaz-Kron, descubrí que todos los anteriores reyes de Karaz-a-Karak habían sufrido, en algún momento, bromas por parte de este demonio. Y ninguno de aquellos agravios había sido tachado jamás. Algún día..."
ALTO REY THORGRIM
"Sólo son bromas. Crueles y siniestras, pero bromas al fin y al cabo. El demonio actúa así: su diabólico patrón le ha otorgado la habilidad de adquirir cualquier forma, y la criatura usa su poder para gastar pesadas bromas. Pero su propia naturaleza hace que, aparentemente, sus actos no tengan más trascendencia que algún enfado o algún ridículo espantoso. Parece guiado únicamente por el desorden y la incertidumbre. Parece..."
TECLIS DE LA TORRE BLANCA
"Zí, ez un tipo ke kambia de forma y gazta bromaz. Bromaz pezadaz. A loz chikoz de la peña de Hub loz mojó kon eztiérkol de gruntílope mientaz dormían: entonzez loz garrapatoz akudieron atraídoz por el olor, y ze zamparon a muchoz. Le kambió a Gribbit el chamán zuz zetaz mágikaz por zetaz "kagalera", y eztuvo kuatro díaz zin poder zalir de laz letrinaz. Por ezo le robé el hacha a Skuffit y ezkondí a Thagi Az: zabía ke vendría. Y ze llevó el hacha de Skuffit. Pero yo le afané uno de zuz pergaminoz zin ke ze dieze kuenta. Kizá algún día aprenda a leer lo ke pone: de momento me lo kedo komo trofeo."
SKIGGIT, EL GOBLIN NEGRO
viernes, 5 de junio de 2015
Guerra en color: Colaespina (Isla de Sangre)
Poco a poco voy inundando la estantería de mi casa con miniaturas pintadas, y aunque estoy dando caña con los Enanos del Caos, también voy terminando miniaturas. En esta ocasión le ha tocado el turno a Colaespina, la figura de metal Skaven que salió a la par que la caja de Isla de Sangre.
Llevo ya una buena tanda de personajes acabados, ¡pero es que me quedan más aún! De todos modos hay que pintar tropa, pero a medida que voy avanzando me permito un capricho. Pero... ¿quién es Colaespina?
SPOILER: Colaespina era el lugarteniente de Padrealimaña, el señor de la guerra del Clan Klaw. Colaespina traicionó a Padrealimaña, llevándose consigo la mitad del clan, y puso a Padrealimaña (con ayuda del ingeniero-brujo Ratchitt) en dirección a la Isla de Sangre a fin de encontrar una poderosa reliquia de los elfos, con el fin de que le hicieran el trabajo sucio.
El espadón, al igual que la cola plagada de pústulas está un tanto exagerada, pero igualmente exageradas eran las descripciones al respecto en la novela. Al pintarla me ha quedado bastante uniforme; quiero decir que no destaca demasiado un color mucho más que otro, a excepción por supuesto de los detalles.
Ya solo me falta Ratchitt para tener pintados los tres personajes Skaven de la Isla de Sangre, pero tendrá que esperar a que pinte unos cuantos enanos más.
jueves, 4 de junio de 2015
Guerra en color: ¡Gobboz Zilvanoz!
Llevaba ya más de tres meses sin coger un pincel, y esta semana por fin me decidí de nuevo, viendo sobre mi mesa de pintura una unidad de jinetes de araña goblin silvanos imprimados y cogiendo polvo. Así que me puse manos a la obra, y pinté la unidad entera.
Una docena de jinetes, incluyendo una pequeña conversión de Gran jefe goblin silvano, que se sumarán al resto de mi hueste de gobboz de loz bozkez.
También aproveché todas las pequeñas arañas que venían con el arañón, y algunas más que tenía por mi caja de restos, y me monté tres peanas de enjambres de arañas.
¡Poco a poco! Tengo una tercera unidad de jinetes de araña por pintar, y también unas "copias de seguridad" de goblins silvanos antiguos que estoy esperando que me traiga Elric, para poder formar un pequeño ejército entero de goblins silvanos. ¡Espero mostraros pronto más avances en ese sentido!
martes, 2 de junio de 2015
Internet destruye infancias: Penélope Brewster
Va siendo hora de ir recordando en esta sección otra de esas series que por suerte o por desgracia (como casi siempre, desgracia) han aparecido en nuestros televisores en la época del "Tras Tres Tris, fin de semana". La historia de Punky Brewster tenía como peculiaridad que se trataba de una serie de humor en torno a una niña a la que había abandonado su madre... empezamos bien; reírse de una huérfana, y además que sufre daltonismo. ¡Vergüenza debería daros!
El elenco de personajes secundarios cumplía bastante bien la cremallera de paridad multicultural. Por el lado de los "norteafriqueños" teníamos al profesor "enrollao" y a la enfermera pobretona junto con su sobrina (sobrina que por cierto se llamaba igual que la actriz, supongo que para que la pobre pequeña no tuviera que recordar dos nombres). Decir del profesor y la sobrina que también eran huérfanos, para añadir más leña al fuego. En cuanto a los caucásicos tenemos al viejete fotógrafo y gruñón que hace las veces de padre de Punky, al red-neck del amigo que comía helados de cerdo y a la rica niña pija y repugnante que todo el mundo odiaba. Ah, y al perro Brandon, el mejor actor de todos ellos. Todo eran bromas estúpidas, melodramas y las risas en lata de la mayoría de las series del formato eeééénebecé (es que me gusta decirlo como Howard Stern en Partes Privadas).
Como ocurrió con el germen de esta sección, recordé que había un episodio que hablaba sobre drogas y gracias al youtuber David Multimedia, que se tomó su tiempo en subir la serie entera ignoro por qué oscuros motivos, podemos disfrutar de ello. ¿Queréis verlo? ¿Si? ¿No? Naaah, ya os lo cuento yo, que para eso habéis venido.
La cosa va de la siguiente manera; Henry, Betty, Cherry y Punky (daban ganas de arrancarse un trabalenguas) están en el salón abusando de la palabra "maravilloso" (la repiten 8 veces en veinte angustiosos segundos), tras lo que las niñas deciden ir a patinar a un prado de tierra con dos patines. Lo suyo es el riesgo, sin duda. "Sorpresivamente" aparecen en escena cuatro chicas proto-hipster riéndose como si se acabara el mundo. Son, desde luego, chicas guays del colegio, y son guays porque... pues porque visten como Audrey Hepburn en color y ya les han crecido los pechos. ¿He ofendido a alguien con la realidad? Bien. Además tienen un club, y como todo club es muy exclusivo... salvo que tengas una casa-árbol, en cuyo caso entras donde te de la gana.
Tras un par de sketches en los que podemos comprobar que la estupidez y la falta de personalidad es contagiosa y un rito de iniciación que incluía tener que beberse un vaso de ketchup, mostaza, huevo y bicarbonato, llegamos al asunto de las drogas. Todos sabemos que la gente toma drogas para estar bien y porque todo el mundo lo hace, son los únicos motivos. Y las "Chicles" (nombre del club) lo saben bien. Por eso, en cuanto ven que Cherry y Punky no tienen reparos en tragarse el mejunje hecho a partir de ketchup, mostaza, huevo y bicarbonato, no dudan en pasar al siguiente nivel y desparraman por el suelo toda la mandanga que llevaban en el bolso. ¿Canutos? ¿Anfetas? ¿Farlopa? ¡Qué más da, si todo es lo mismo! No le da reparo en reconocer que su hermano es su "dealer" y que van todo el día puestas hasta el ojete.
Es ahora, y no antes del batido de ketchup, mostaza, huevo y bicarbonato, que Cherry y Punky empiezan a tener dudas sobre sus nuevas amistades. Entonces Punky decide acudir a Mike, el profesor "enrrollao" que le explica con un baile a lo James Brown que solo debe decir "no" para sentirse bien. Es tan arrollador el sentimiento que genera repetir como un mantra las palabras "estoy bien", que incluso una de "Chicles" yonkis queda convencida y lo deja de golpe. Y todo gracias al poder de la amistad de una niña de nueve años.
Ya lo sabéis, gente; si alguien os ofrece alguna vez un batido hecho de ketchup, mostaza, huevo y bicarbonato, desconfiad... tal vez quieran regalaros drogas más tarde.
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viernes, 29 de mayo de 2015
Prisionero de Plagaskaven (relato clásico)
Lo último que recordaba era haberle rezado a Sigmar. Un terrorífico rostro animal gruñó, escuchó cómo una hoja golpeaba contra su yelmo, y su visión se desvaneció un segundo antes de que lo hiciera su mente. Y le rezó a Sigmar para no morir aquel día.
Durante un momento, cuando volvió en sí, agradeció a su dios el haberle escuchado. Después su visión se aclaró, y sintió el peso alrededor de su cuello y sus brazos, y supo que los dioses eran crueles e inconstantes. Estaba vivo, pero era un prisionero encadenado de los hombres rata.
Observó la estrecha celda de piedra en la que yacía, tratando de ver rostros en la oscuridad. ¿Estaba allí alguno de sus compañeros soldados? Un rostro amigo resultaría muy reconfortante. Pero sólo vio hombres ancianos que no conocía, y sus ojos le reflejaban de vuelta el mismo miedo. Pensó en Heinrich, su hermano, que había desaparecido la primavera pasada luchando contra los hombres rata. ¿Habría acabado en un lugar como aquel? Y si lo había hecho, ¿estaría todavía allí?
Esa esperanza le proporcionó coraje. Comenzó a levantarse, empujando su cuerpo hacia arriba contra los muros de piedra. Casi de inmediato, otro prisionero se estrelló contra él, aferrándolo con sus fríos y húmedos brazos. Miró hacia su rostro, con la esperanza de ver algo familiar, pero allí ni siquiera había ya un rastro de humanidad. Sus ojos iban de un lado a otro, ciegos e inyectados en sangre, y la marchita piel se aferraba a su cráneo como papel mojado. El lunático trató de hablar, pero su boca estaba llena de llagas, y hacía tiempo que un cuchillo embotado había cortado su lengua.
Apartó a un lado al retorcido prisionero, y se alzó de nuevo. Pudo ver un portón, y una luz más allá, y entonces, de repente, la luz desapareció. En lo alto de la oscuridad que la reemplazo, la luz silueteó dos orejas puntiagudas, y unos bigotes que se agitaban en una leve brisa. El hedor hizo que los ojos le picasen, y retrocedió. La puerta se abrió con un sonido metálico, y unas correosas garras atraparon sus cadenas y le sacaron fuera de la celda.
El mundo gira a su alrededor. Sintió cómo los guijarros de un rocoso camino golpeaban contra su espalda mientras le arrastraban. Por encima suyo se alzaba la cara de un acantilado, y más allá de él, una caverna de un tamaño imposible, llena de luz y de ruido, el sonido de un millar de forjas y un millar de astilleros, aunque no podía comprender cómo era posible encontrar tales cosas en la oscuridad de las profundidades. Ddejaron de arrastrarle, y se dio contra los demás prisioneros que habían sido arrastrados junto a él. Vio de nuevo al anciano loco, tratando aún de formar palabras, bramando hacia él urgente sonidos con su cascada garganta. ¿Tal vez una advertencia¿ ¿Un llanto terrible por lo que estaba por llegar? ¿Qué tortura le harían padecer? ¿Que necesitaría saber que él supiese?
Unas zarpas le agarraron, y lanzaron su cuerpo contra un asiento de madera. Unas púas clavaron los grilletes de sus muñecas contra la madera, dejándolo atrapado. Poco a poco, se dio cuenta de que se encontraba en algún tipo de galera de esclavos. Ante él se encontraba una manivela chapada en hierro, y el suelo se movió cuando lo pisó. No era una galera, pensó, sino una rueda de molino, para moler grano. Tenían la intención de utilizarlo como esclavo de trabajo. Bueno, eso podía aguantarlo. De niño había trabajado en un molino. Podía ser un trabajo brutal, pero durante la noche podría planear su huida. Era fuerte. Casi tan fuerte como su hermano. Encontraría otros como él. Escaparía. Sobreviviría.
Se escuchó otro rugido cuando empujaron al lunático a su lado. Retrocedió con horror cuando una vez más el loco lisiado agarró sus manos deslizando sobre ellas su piel fría como la muerte. Entonces lo vio. El viejo estaba poniendo sus manos juntas, una al lado de la otra, para que resultase obvio que los anillos que ambos llevaban en su dedo anular eran idénticos.
Alzó la vista cuando de repente se dio cuenta. Miró a los ojos de la criatura rota e inhumana en la que se había convertido su hermano en solo seis meses. Y se volvió loco.
Durante un momento, cuando volvió en sí, agradeció a su dios el haberle escuchado. Después su visión se aclaró, y sintió el peso alrededor de su cuello y sus brazos, y supo que los dioses eran crueles e inconstantes. Estaba vivo, pero era un prisionero encadenado de los hombres rata.
Observó la estrecha celda de piedra en la que yacía, tratando de ver rostros en la oscuridad. ¿Estaba allí alguno de sus compañeros soldados? Un rostro amigo resultaría muy reconfortante. Pero sólo vio hombres ancianos que no conocía, y sus ojos le reflejaban de vuelta el mismo miedo. Pensó en Heinrich, su hermano, que había desaparecido la primavera pasada luchando contra los hombres rata. ¿Habría acabado en un lugar como aquel? Y si lo había hecho, ¿estaría todavía allí?
Esa esperanza le proporcionó coraje. Comenzó a levantarse, empujando su cuerpo hacia arriba contra los muros de piedra. Casi de inmediato, otro prisionero se estrelló contra él, aferrándolo con sus fríos y húmedos brazos. Miró hacia su rostro, con la esperanza de ver algo familiar, pero allí ni siquiera había ya un rastro de humanidad. Sus ojos iban de un lado a otro, ciegos e inyectados en sangre, y la marchita piel se aferraba a su cráneo como papel mojado. El lunático trató de hablar, pero su boca estaba llena de llagas, y hacía tiempo que un cuchillo embotado había cortado su lengua.
Apartó a un lado al retorcido prisionero, y se alzó de nuevo. Pudo ver un portón, y una luz más allá, y entonces, de repente, la luz desapareció. En lo alto de la oscuridad que la reemplazo, la luz silueteó dos orejas puntiagudas, y unos bigotes que se agitaban en una leve brisa. El hedor hizo que los ojos le picasen, y retrocedió. La puerta se abrió con un sonido metálico, y unas correosas garras atraparon sus cadenas y le sacaron fuera de la celda.
El mundo gira a su alrededor. Sintió cómo los guijarros de un rocoso camino golpeaban contra su espalda mientras le arrastraban. Por encima suyo se alzaba la cara de un acantilado, y más allá de él, una caverna de un tamaño imposible, llena de luz y de ruido, el sonido de un millar de forjas y un millar de astilleros, aunque no podía comprender cómo era posible encontrar tales cosas en la oscuridad de las profundidades. Ddejaron de arrastrarle, y se dio contra los demás prisioneros que habían sido arrastrados junto a él. Vio de nuevo al anciano loco, tratando aún de formar palabras, bramando hacia él urgente sonidos con su cascada garganta. ¿Tal vez una advertencia¿ ¿Un llanto terrible por lo que estaba por llegar? ¿Qué tortura le harían padecer? ¿Que necesitaría saber que él supiese?
Unas zarpas le agarraron, y lanzaron su cuerpo contra un asiento de madera. Unas púas clavaron los grilletes de sus muñecas contra la madera, dejándolo atrapado. Poco a poco, se dio cuenta de que se encontraba en algún tipo de galera de esclavos. Ante él se encontraba una manivela chapada en hierro, y el suelo se movió cuando lo pisó. No era una galera, pensó, sino una rueda de molino, para moler grano. Tenían la intención de utilizarlo como esclavo de trabajo. Bueno, eso podía aguantarlo. De niño había trabajado en un molino. Podía ser un trabajo brutal, pero durante la noche podría planear su huida. Era fuerte. Casi tan fuerte como su hermano. Encontraría otros como él. Escaparía. Sobreviviría.
Se escuchó otro rugido cuando empujaron al lunático a su lado. Retrocedió con horror cuando una vez más el loco lisiado agarró sus manos deslizando sobre ellas su piel fría como la muerte. Entonces lo vio. El viejo estaba poniendo sus manos juntas, una al lado de la otra, para que resultase obvio que los anillos que ambos llevaban en su dedo anular eran idénticos.
Alzó la vista cuando de repente se dio cuenta. Miró a los ojos de la criatura rota e inhumana en la que se había convertido su hermano en solo seis meses. Y se volvió loco.
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